DOPAJE Y CORRUPCIÓN
Siempre he
considerado que el ciclismo es el deporte más exigente que existe. Desde los
tiempos de Perico Delgado, Lemond o Fignon (una de las edades doradas del
ciclismo) al dominio de Indurain ante Chiapucci, Bugno, Ullrich o Pantani,
resultaba estremecedor ver como aquellos corredores se retorcían en el asfalto.
Era el deporte en estado puro hasta que la sombra del dopaje lo golpeó
salvajemente. Jesús Manzano, un humilde corredor del Kelme, destapó en una
entrevista las prácticas dopantes a las que tanto él como sus compañeros se
sometían para ser lo más competitivo posible en la carretera. La pasada semana,
durante su declaración en el juicio que se sigue por la operación Puerto, llegó
a asegurar que a aquel ritmo "se podía quedar uno muerto en la habitación
del hotel". Su testimonio fue clave para desarticular la presunta red que
dirigía el hasta hace unos años respetadísimo médico Eufemiano Fuentes.




