ENTREVISTA TEODORO LEÓN GROSS


TEODORO LEÓN GROSS

Teodoro León Gross nació en Málaga en 1966. Su hermano, Bernardino León Gross, es uno de los asesores del presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. En la actualidad es profesor de periodismo por la Universidad de Málaga, además de ser columnista habitual del Diario Sur de Málaga y de participar en otras publicaciones y conferencias sobre diversos temas.
Teodoro diseccionar en su columna diaria en el diario Sur diversos aspectos de la realidad malagueña y andaluza realizando una importante crítica a los políticos. En esta entrevista hablamos con él no sólo de política, también de sociedad, cultura o economía.


Utopía: En su columna semanal en el Diario Sur de Málaga azuza contra los políticos, crítica con la que se identifican muchos malagueños ¿Cree usted que el desencanto político un acto de inteligencia?
León Gross:
Yo creo que todo lo que sea estimular el sentido crítico y desarrollar el compromiso cívico me parece bien. La cultura democrática exige tener un cierto conocimiento de lo que sucede en el espacio público y participar intelectualmente en ese espacio de debate y discusión. En ese sentido evidentemente es una posición de inteligencia. Creo que la única manera de reivindicarse como ciudadano ante el sistema rector y ante la clase dirigente es mantener una posición de conocimiento, control y crítica ante lo que hacen.

Ut: Frente a un ideal meritocracia, en los partidos y en la política se impone el ascenso de los más dogmáticos y fieles al aparato del partido.
LG:
Si, hay diversos politólogos y sociólogos que han hablado del sistema de selección inversa. Es decir, el ascenso de los peores. Lo que Aristófanes llamaba “la oclocracia” o el gobierno de los más vulgares, de la chusma. Sin ánimo de ser peyorativo en un sentido social si que es verdad que hay una meritocracia inversa. Es decir, los méritos no son una garantía de prosperar en la vida pública. Y lo contrario, lo dogmático, lo demagógico, el servilismo, el carácter mercenario dentro de los partidos… se premia y, en ese sentido, evidentemente, hay un deterioro.
Ortega ya hablaba de la patología en España de estar gobernados no por los mejores. Frente al dominio que tienen en otras disciplinas o en otras áreas de la vida pública los mejores, es decir, los mejores médicos son los que terminan normalmente dirigiendo los servicios, o los mejores arquitectos los que hacen las mejores obras o los mejores escritores los que ganan los grandes premios. En política no ocurre así. La política en España tiene dificultad para atraer a personas distinguidas. Pero esto no ocurre solamente en España. La tendencia en otros países apunta en esta misma dirección. En Alemania por ejemplo se está observando que su poderosa meritocracia del siglo XX está desapareciendo.

Ut: ¿La política es entonces una profesión en la que se van ganando puntos por antigüedad y no por méritos propios?
L.G:
La antigüedad es un grado, la experiencia siempre ha tenido una alta consideración y con toda lógica. En ese sentido en la política como en cualquier otra cosa, una cierta cantidad de años se supone que han preparado mejor a alguien para ejercer competentemente su función o la tarea que le hayan encomendado. A mi lo que me parece es que en la política existe una tensión mal resuelta con la cuestión de los méritos. Es decir, la política funciona muy tácticamente para periodos muy cortos. Por ejemplo, ahora hemos visto como tocaba el protagonismo de personas muy jóvenes y además que fueran mujeres dentro de esos movimientos tácticos de marcaje que se hacen los partidos, de poner figuras, de apostar por determinados valores.

En el caso de Partido Popular con su portavoz parlamentaria o con su vicepresidente, en el caso del Partido Socialista con su secretaria de organización. Hemos visto como ese ha sido el giro que se ha dado. En muchos casos los veteranos se han quejado, en el caso del Partido Popular y del Partido Socialista de manera muy clara, en el sentido de que se estaba jubilando a algunos de sus mejores figuras para lanzar a personas que no han demostrado todavía nada. Eso forma parte del juego de la política y sobre todo del juego interno de los partidos.

Yo creo que la política no premia a los de más antigüedad. La política premia a lo que más conviene en cada momento. Y en ese sentido renuncia a veces a sus mejores senadores, es decir, a sus cabezas que han tenido un desarrollo mas largo, intelectualmente más fructífero y va premiando a aquello que en un momento determinado le interesa.

Ut: En esa línea, después de los resultados electorales del PSOE en Málaga, ¿no hubiera sido necesaria una renovación más profunda en el partido?
L.G:
Yo entiendo que debía de haber sido más profunda. La alternativa que estaba organizada estaba poca organizada. A mi me parece que era interesante como alternativa de marcaje. Es decir, era un grupo con prestigio y con la capacidad de aglutinar diferentes corrientes que debía, podía y de hecho, en alguna medida ha logrado, obligar al sector dominante y oficialista a cambiar algunas cosas. No era una alternativa para ganar porque no me parecía un grupo cohesionado con un criterio bien unificado, con unas bases muy sólidas. Más bien me parecía que tenían esa virtud, la de ser un puzle de diferentes sensibilidades o de diferentes personas y corrientes que podían cumplir esa tarea.

En cuanto al sector oficialista yo creo que si se ha sentido en alguna manera marcado y se ha visto obligado a renovarse. Ha sido muy notoria la imagen final que han dado donde han desaparecido Salvador Pendón y Marisa Bustinduy y han incorporado a la ministra de fomento y al secretario general de la presidencia del gobierno, con la intención de decir ya no somos el clan de los catetos, somos otra cosa. De acuerdo, nos lo creemos, todo el mundo tiene derecho a disfrutar de cien días o de un periodo en el que demostrar que las cosas han cambiado.

La política se basa mucho en las fotos, en las imágenes, en los gestos, en los símbolos. Esa foto tuvo seguramente cierta pegada, tuvo una cierta eficacia, dio una imagen completamente diferente de los dirigentes del partido en Málaga, pero eso hay que demostrarlo.

Y yo tengo también mis dudas de que la transición de fondo sea tan rápida como la transición de las formas. En cualquier caso, el partido necesita en Málaga líderes mucho más atractivos en la costa y un discurso de mucha mayor modernidad y racionalidad, cosa que no tiene en muchos casos. Llama la atención que el Partido Popular les haya solapado incluso el discurso de la modernidad

Ut: Respecto al partido que gobierna en Málaga, también usted ha sido muy crítico con su gestión.
L.G:
Si y no. En algún momento yo entendía que De la Torre aportaba cosas que eran importantes para la ciudad. Después del periodo de Celia Villalobos que es una mujer con un talento político pero poco talento para otras cuestiones, yo creo que estaba bien que De la Torre impusiera seriedad, rigor, racionalidad, orden, en fin, que le devolviera dignidad institucional al Ayuntamiento. Es decir, que la casona del parque no pareciera la ventana de un corral de vecinos, sino que pareciera realmente el balcón donde los malagueños se miran y se ven representados en una persona. En ese sentido los elogios a De la Torre fueron justificados. Además creo que hasta las anteriores elecciones municipales el PSOE no ofrecía una alternativa que superara la oferta que hacia el Partido Popular.

Pero en efecto, también he sido muy crítico porque creo que el alcalde ha ido perdiendo fuerza. Yo encuentro que De la Torre es normal que ganase las anteriores elecciones, las de 2003. Me parece insólito que el PSOE no fuera capaz de crear una alternativa y derrotarle en el 2007. Notoriamente ha perdido dinamismo, credibilidad. Es una persona muy tradicional en muchos sentidos y en la Málaga esta tan dinámica de gran transformación hacen falta personas más innovadoras y con nuevas energías.

No es que al alcalde le falten energías pues una persona físicamente muy joven a pesar de su edad y se cuida muy bien. Pero es una persona que lleva desde los veintitantos años en la vida pública, que ha tenido muchos cargos, que ha cumplido ya su servicio público en ese sentido y que lo estamos viendo en el desarrollo PGOU ya no aporta valor añadido a esta ciudad. Y desde luego los dirigentes tienen que sumar algo mas, tiene que poner un plus personal al cargo en el que están y es en ese sentido hay que ser crítico con el alcalde.

Ut: ¿El gobierno municipal de Málaga es un gobierno personalista de De la Torre o un gobierno del PP?
L.G:
Creo que los gobiernos municipales son todos personalistas en alguna medida. El alcalde presidente es una figura que destaca, que es el que gana las elecciones o las pierde. Nadie vota una lista por quien vaya de sexto o de noveno, se vota por quién es el alcalde. Y luego los alcaldes hacen y deshacen con una enorme discrecionalidad. Es decir, que los alcaldes se les debe reconocer o se les debe cuestionar por lo que hayan hecho porque lo han hecho ellos.

En ese sentido, De la Torre es especialmente personalista por dos factores. Uno, porque no confía demasiado en los políticos y por lo tanto confía excesivamente en los funcionarios. No es una persona que tenga un clima de tensión, de debate político a su alrededor, que se someta todo al debate o a la discusión y a otras figuras de peso que sean capaces de modificar o de influir en la gestión, sino que yo creo que el alcalde solapa mucho a los concejales y se apoya demasiado en los funcionarios y eso lo personaliza mucho. Segundo, porque el alcalde es una persona muy obsesiva (no es tan negativo como descriptivo) por tener un control fuerte por todo lo que se hace en el Ayuntamiento. Vigila su competencia, pero vigila también la competencia de todos los demás concejales.

En ese sentido, también personaliza mucho porque está encima de todo y el si que deja su sello en casi todo lo que se hace. Siendo personalista cualquier gobierno municipal el de este alcalde me parece que es especialmente personalista.

Ut: ¿Dónde situamos a Izquierda Unida? Dos concejales en el ayuntamiento de Málaga y están enfrentados entre sí
L.G:
Parece que ese problema lo han resuelto. Tienen dos concejales y han prescindido de uno, como si tuvieran un único concejal. Es una persona con evidentes valores positivos, tienen un enorme conocimiento de la administración publica y es una persona muy trabajadora y eso en la oposición son valores importantes. Creo que está haciendo una labor positiva.

Lo que ocurre es que luego tiene todo el lastre característico de Izquierda Unida: un excesivo dogmatismo, una falta de adaptación del discurso a la realidad, mucha falta de racionalidad en algunos criterios, un tipo de demagogia muy mediocre… Es decir, la jerarquía de problemas, necesidades y de desafíos que tiene una ciudad en el siglo XXI, en Izquierda Unida, a veces parecen moverse por parámetros de pensamiento demasiado antiguos.

Ut: ¿Podrá el andalucismo convertirse alguna vez en fuerza política en Málaga o está condenado a su desaparición?
L.G:
Creo que no e incluso creo que perderá relieve como opción política. No creo que desaparezca al menos inmediatamente pero si progresivamente. En el andalucismo concurren al menos dos factores importantes. El primero es que desde la transición, sobre todo, por el error táctico-estratégico de no sumarse al referéndum de autonomía, el PSOE integró y metabolizó muy bien el discurso andalucista y eso provoca que el PA pierda identidad y singularidad. Y además el PSOE ha ido arreando, construyendo una maquinaria electoral poderosísima al respecto.

Un segundo factor es el transversal u horizontal, me refiero a que todos los partidos andaluces son andalucistas. PP, PSOE e IU tienen un discurso andalucista. Además, el andalucismo, incluso en el propio pensamiento de Blas Infante, es un discurso que tiene mucho que ver con la dignidad de un pueblo que estaba indudablemente humillado y que había sido desheredado por la historia de España y concurría un paisaje humano que exigía que cualquier persona con sensibilidad política y social pusiera el grito en el cielo como lo puso en muchos momentos Blas Infante.

Y en ese sentido, los últimos 30 años digamos que ha homologado a Andalucía con el conjunto de España, aunque siga siendo una comunidad menos desarrollada en casi todos los parámetros, pero con nivel de desarrollo suficiente para considerarse una región modesta de Europa. Andalucía tiene una administración estándar y una economía más o menos organizada.

Con todo esto lo que quiero señalar es que lo que movía al andalucismo clásico se ha mitigado mucho. Además, otro factor que mueve los movimientos regionalistas y nacionalistas de la primera mitad del S. XX es el nacionalismo y ese nacionalismo en Andalucía no tiene fuerza.

Aquí no se ha querido utilizar la singularidad del territorio y la historia como un hecho de confrontación y si como un hecho de suma e integración, de enriquecimiento. Y ahí, a diferencia de catalanes, vascos y, en menor medida, gallegos, aquí ese andalucismo de militancia beligerante no ha existido, con lo cual el Partido Andalucista perdía lo que da el combustible más competente para esa carrera en la que otros territorios si han ido muy lejos. La suma de esos factores hace que el Partido Andalucista tenga muy poco fundamento para resurgir y desarrollarse como fuerza.

Ut: La negativa de la Junta a la apertura de un tercer hospital en Málaga ha vuelto a provocar un enfrentamiento Sevilla – Málaga reavivando la creencia de que la Junta de Andalucía es un instrumento de Sevilla para impedir el desarrollo de Málaga (la Junta de Andalucía ha anunciado la intención de abrir un megahospital en la ciudad de Málaga en el mes de septiembre, fecha posterior a la realización de esta entrevista).
L.G:
La polémica, sinceramente, es una historia de torpezas y ventajismos más que esa cuestión de fondo. Es indudable que en Sevilla capital hay más camas y hospitales que en Málaga, pero también es un hecho que cuando acabe el proceso de centros de alta resolución de la Junta, en la provincia de Málaga habrá más camas que en la provincia de Sevilla. ¿Qué significa eso? Que la gente de los pueblos de Málaga no tendrá que desplazarse tanto hacia la capital para ser atendidos sino que podrán ser atendidos en centros más próximos. Y en ese sentido la Junta estará dando calidad de vida en Málaga en mayor medida que si hiciera un tercer hospital en la capital.

Creo que en esta historia hay varios problemas. El Ayuntamiento de Málaga, la Diputación y todos los partidos, incluido el PSOE de Málaga, le piden a la Junta que estudie la conveniencia del tercer hospital y la Junta responde que “no”, cuando lo lógico es decir “si el Ayuntamiento de Málaga me pide que estudie la conveniencia o no de un tercer hospital, yo le respondo que voy a estudiarlo y al cabo de x meses le digo: he hecho el estudio y no es necesario o aquí tiene usted mis conclusiones y verán porqué nosotros creemos que no hay que hacerlo”.

Ahora, ese no, ese desplante inicial, ese desprecio a los dirigentes de un territorio concreto fue un error táctico muy grande de la Consejera de Salud que provocó además la contra-estrategia que está desarrollando el PP que es bastante demagógica con toda esta historia de la recogida de firmas.

A estas alturas, y dejando claro que mis opiniones son provisionales porque están sometidas a mi aprendizaje sobre temas que no conozco en profundidad y sobre todo que son superficiales, yo diría que después de escuchar a todas las partes y de oír numerosos argumentos, me da la impresión de que el sector sanitario es el que tiene más claro esto. Málaga más que un tercer hospital necesitaría una gran ciudad hospitalaria o sanitaria. Lo que no puede estar es el Hospital Carlos Haya enviando pacientes a hacerse pruebas entre el Hospital Civil y el Materno, los enfermos que no pueden hacerse todas las pruebas en el mismo centro… hay insuficientes prestaciones y equipamientos en estos hospitales porque son hospitales con un tamaño muy limitado y en algunos casos muy antiguo.

Debería plantearse una gran ciudad sanitaria, posiblemente en torno al Hospital Clínico, aunque me da la impresión de que el Clínico también ha quedado ya muy rodeado y limitado en sus posibilidades de desarrollo, al igual que Carlos Haya. Es muy difícil, por lo tanto dar una solución, pero la solución que se dé tiene que ser la de dar una mayor solución, eficacia, racionalidad y un mejor servicio público porque la sanidad es un servicio fundamental para los malagueños. Y todo lo que estamos viendo con ese ventajismo de recogida de firmas, de llevarlo al Parlamento… me da la impresión de que tiene ya más que ver con la rentabilidad electoral que con el rigor en el desarrollo del asunto.

Ut: Cambiando de tercio, ¿Cómo valora el desarrollo de Málaga en los últimos años?
L.G:
Málaga es una de las ciudades que más ha crecido en la última década, naturalmente por la locomotora de la construcción. Málaga se ha beneficiado de estar en el eje de ese territorio y en una ciudad en la que los negocios subsidiarios de la construcción han tenido un gran desarrollo, además de los servicios. En general, podemos decir que ha habido un periodo de gran prosperidad económica.

¿Ha transformado ese crecimiento económico Málaga? En alguna medida si y, además, infraestructuralmente se está conociendo un periodo de gran dinamismo. También la figura de la Ministra de Fomento ha dado un gran impulso a unas iniciativas que se empezaron a tomar en la etapa del Partido Popular. El aeropuerto, tercero de la península, el AVE, los accesos en la intercomunicación de todo el sistema de transporte, la hiper-ronda… todo ello hace que Málaga aparezca ahora como una de las grandes referencias en el mapa cuando no lo había sido nunca hasta ahora.

Málaga, en cualquier caso, tiene dos grandes problemas. Uno es que es una ciudad grande y que no es capitalidad autonómica, ese es un plus que se pierde muy importante. Y segundo, la ciudad tampoco acaba de tener claro que es lo que quiere. Es decir, ¿qué es lo que ofrece?; ¿hacia donde debe dirigirse? Se habla mucho de ciudad tecnológica, capital cultural, el turismo urbano… pero no siempre me da la impresión de que los dirigentes de Málaga sepan realmente a que es lo que aspiran. Y creo que hay un problema añadido que es que la clase política malagueña está en un periodo de crisis.

En los años 80 y parte de los 90 los políticos malagueños eran políticos de gran peso en su partidos, en sus organizaciones y en las instituciones. Y, además, tenían una capacidad de interlocución fuerte y podían desarrollar proyectos sabiendo negociar con las otras instituciones y administraciones del Estado. Estamos ahora en un periodo con una clase política malagueña débil, con una interlocución blanda dentro de sus partidos. Una clase política débil y la pérdida del dinamismo económico que suponía la construcción nos van a dejar en un periodo de un paréntesis incierto.

Ut: ¿Cuáles son a su juicio los proyectos fundamentales que necesita hoy día Málaga?
L.G:
No lo sabría decir. Como observador me resulta fácil pensar en lo que creo que es bueno y malo. Creo que es bueno que no sólo se haga la hiper-ronda oeste, también la este; es importante que las infraestructuras sanitarias tengan una mayor cualificación; el puerto es importante que se convierta en la fachada marítima de Málaga; que la transformación de Calle Larios se expanda y se regenere el centro histórico que realmente tiene amplísimas zonas muy degradadas; me parece que el fallido gran vía circular de Málaga que forma parte del juego electoralista en los últimos comicios del 9M se vuelva a poner en práctica cambiando algunos aspectos; el metro…

Creo también que es enormemente importante para Málaga el embobedamiento del rio Guadalmedina, el crear un gran bulevar norte sur que permita una entrada y salida mucho más eficaz de Málaga, que permita una reestructuración de la movilidad interior de la ciudad, agilizándola y además, que le de una fisonomía mucho más atractiva como le va a dar el soterramiento de las vías en la otra gran cicatriz que hay en las ciudad que es la de las vías del tren… Creo que el alejamiento de los polígonos y la regeneración perimetral de Málaga son importantes también. Quiero decir con esto que todo está en la agenda, todo está en los planes estratégicos y en ese sentido los grandes proyectos están bastante claros.

Ut: Por ejemplo Málaga 2016 ¿Hacen los partidos políticos todo lo necesario para ello?
L.G:
Yo creo que no, porque intuyo que el Ayuntamiento, el alcalde y quienes gobiernan la ciudad no se lo creen y no están haciendo un gran proyecto. Y entonces cuando quien tiene que ofrecer el proyecto y tirar de toda la sociedad y del conjunto de instituciones y de partidos políticos te ofrece un proyecto averiado pocos se quieren subir a un proyecto en esas condiciones.

Y es normal que genere muchas críticas y pocas adhesiones. Hoy por hoy los proyectos de capitalidad cultural no se basan tanto en ciertos equipamientos, que es la obsesión del alcalde que cree que basta con crear media docena de museo aunque sean museos de medio pelo. Algunos son estupendos como el del museo Thyseen, otros no están mal como el de las gemas o el de los automóviles, pero nadie va a ninguna ciudad a ver museos de gemas ni de automóviles. Y ya museos menores como el del vino. Con eso no se hace una capitalidad cultural.

UT: El PSOE malagueño tampoco estuvo muy fino haciendo oídos sordos a los apoyos de Zapatero y Chaves a la candidatura como capitalidad cultural de Córdoba.
L.G:
Lo que ocurre es que el PSOE está fuera del proyecto de capitalidad cultural y todo lo que ocurre en una campaña electoral ningún partido político lo valora en términos institucionales o territoriales sino en términos de repercusión en las urnas. El PSOE se comportó indecorosamente, pero en una lógica electoral que a ellos les parecía la estrategia que les convenía para salvar votos. Y el PP pues lógicamente hizo lo que mejor repercusión electoral le iba a proporcionar. Creo que ese tipo de conflictos no son en los que hay que poner el foco para tratar de ver como evoluciona el proyecto de capitalidad.

El foco más bien hay que ponerlo en el hecho de que en efecto el gobierno central y autonómico apoyara a Córdoba que tiene una candidatura mucho más articulada, desarrollada, coherente y atractiva que la de Málaga y hay otras ciudades que están trabajando también con una gran determinación y que pueden hacer una oferta atractiva.

Me da la impresión de que Málaga no se ha parado, pero que el proyecto es mantener las constantes vitales de la capitalidad cultural para tener esa coartada permanentemente en funcionamiento, pero yo no creo que se hayan creado aquí ni las iniciativas, ni los equipos, ni las inversiones adecuadas para hacer un gran proyecto. La capitalidad cultural tiene hoy mucho que ver con una oferta de vida cultural atractiva y eso es exactamente lo que está faltando.

Ut: Pero si es cierto el apoyo del gobierno central y del autonómico a la candidatura de Córdoba.
L.G:
Por eso digo que hay que separarlo de las elecciones. Primero, el apoyo de la Junta de Andalucía y después del Gobierno Central, porque ten en cuenta que la consejera (Carmen Calvo) de la Junta de Andalucía fue luego la ministra de cultura del gobierno central que había sido la que abre el apoyo a Córdoba, con la boca pequeña naturalmente. Como ministra ese apoyo se mantiene y yo creo que hay una cierta aceptación de que el proyecto que apoyan las administraciones socialistas y el partido socialista es Córdoba. Pero habrá que ver como evoluciona Cáceres, qué ofrecen Segovia o Cuenca. En estos momentos Córdoba es la que tiene más recorrido y una idea más clara de que es lo que busca.

Ut: La crisis inmobiliaria va a ser la tumba o la oportunidad de Málaga para cambiar su modelo económico
L.G:
Las crisis, dicen algunos teóricos, son espacios muy creativos porque obligan a replantear las cosas y a buscar nuevas soluciones y a explorar salidas con las que conquistar nuevamente el futuro en un momento en el que el presente se viene abajo. En ese sentido, Málaga tiene ahora mismo el desafío de salir adelante buscando nuevas soluciones. Pero tampoco las soluciones se pueden improvisar de un día para otro. Supongo que el sector inmobiliario pasada la crisis volverá a tener una cierta importancia, no en los niveles anteriores pues en ese sentido se ha experimentado un ciclo histórico que ya agota mucho el modelo.

Progresivamente debe tender hacia una estructura económica más diversa y ahí la innovación debe ser un factor clave. Porque la mano de obra que ya es cara, la deslocalización es inevitable, las grandes economías emergentes se convierten en productores muy competentes y está claro que el viejo mundo debe liderar la innovación y Andalucía, siendo una región de desarrollo muy limitado con una economía primaria y poca cualificación humana y con el lastre de un fuerte desempleo, pertenece a ese mundo y las recetas, desde luego, deberán ser las mismas.

Ut: Respecto a los medios de comunicación malagueños ¿existe una guerra de los medios en Málaga?
L.G:
No, existen medios con afinidades, medios que se respetan y luego existen medios que no, que tienen algunos pleitos entre sí o que adoptan posiciones muy beligerantes hacia otros. Pero eso son las excepciones. En los ambientes capitalinos como en Sevilla o Madrid ocurre que hay una polarización política muy fuerte en los medios y por tanto las tensiones por ejemplo entre el Mundo y el País, o entre la COPE y la SER son fuertes. En cambio, llama la atención a los periodistas capitalinos cuando vienen a Málaga que en términos generales aquí hay una muy buena relación y una convivencia muy poca áspera.

Ut: En el mundo que estamos hoy día tiene sentido la utopía.
L.G:
La utopía siempre tiene algún sentido. Utopía tiene que tener mucha relación con lo que hemos dicho antes de la innovación, es decir, el creer concebir mundos mejores, no sé si mundos ideales, pero en cualquier caso mundos posibles mejores como señala Umberto Eco. Y el adoptar una posición militante para conquistar los sueños. Como decía la vieja consigna de mayo del 68 “seamos realistas, soñemos con lo imposible”. Ese es siempre un nutriente que estimula mucho la innovación, la creatividad, la imaginación, la inteligencia… El conformismo y el conservadurismo son siempre lastres que devalúan la capacidad de las sociedades de conquistar el futuro y las utopías son modelos intelectuales de referencia muy interesantes. Y por lo tanto ese concepto de utopía es absolutamente imprescindible.

4 comentarios:

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Teodoro forever

Francisco Gallardo Donaire dijo...

Solo te digo que cuentes el tiempo del anterior Edil y sus logros y depués del actual ,y como está Málaga,NADA MAS

Rafael Barranco dijo...

Gracias por tus artículos en el sur de Málaga... el periódico no es ya lo mismo. HASTA CUANDO QUIERAS VOLVER CON TUS ARTICULOS.. UN SALUDO DE LECTOR....