GOBIERNO, A GOBERNAR
Ya opino yo,
señor ministro; usted gobierne. Para opinar estamos los columnistas, los
tertulianos, quizá los intelectuales, los parlamentarios del montón, que están
para eso y se conforman con ser culiparlantes bien retribuidos, y, sobre todo,
está la buena gente en la barra de los cafés y en las sobremesas, que lo hace
gratis. Los ministros también, desde luego, si quieren, siempre que no se
olviden de gobernar.
Pero como la
democracia es un régimen de opinión, y a ellos les gusta el protagonismo, se
concentran en soltar trinos al aire, tan ufanos. Y así retrasan o paralizan la
adopción de medidas, que era lo suyo. Ejemplos abundan. ¡Cuánta saliva gastaron
con el apoyo a los emprendedores, oh…, pero han tardado un año y medio en
sacarles una ley, y muy cortita! Y ahí, al menos, salió. Gallardón, en cambio,
opinó contra el aborto eugenésico con espléndidos argumentos de pura humanidad,
y se lo aplaudimos unos, y se lo criticaron otros…, y aún estamos esperando
todos a que mueva ficha. La ley Wert a ver si la llegamos a ver.

