TODOS FUERON ASESINOS. PACO ESPINOSA.

Todos fueron asesinos. Artículo publicado en la revista www.larepublica.es
Aquellos que llevan mal todo lo relacionado con la memoria histórica se han visto obligados a reconocer el derecho de la gente a dar sepultura digna a sus familiares enterrados en fosas comunes. No hacerlo les hubiera dejado en muy mal lugar. Curiosamente, aunque no se diga, este reconocimiento generalizado a honrar a las víctimas del fascismo es fruto en exclusiva del movimiento pro memoria, que desde fines de los 90 y concretamente desde el año 2000 logró mostrar a la sociedad una realidad oculta y prohibida durante el franquismo y también a partir de la transición (las exhumaciones de entonces fueron hechas al margen del sistema cuando no en contra).

Sin embargo, los enemigos de la memoria, para justificar lo que no se hizo ni en la transición ni después por quienes tenían la obligación y el poder para hacerlo, se agarran a que esto es cosa de los nietos, que ignoran lo que fue el franquismo y la transición y que, por tanto, no pueden calibrar justamente lo que se hizo. Y como para esta gente todo es tan sencillo, no tienen reparo alguno ahora en responsabilizar al Gobierno de no dar solución a este asunto de los muertos y las fosas, que es, según ellos, para lo que se hizo la Ley de Memoria Histórica (LMH). De paso, aprovechan el debate para meter otras cuestiones de más calado relativas a la interpretación de nuestro pasado reciente. Sería el caso de Joaquín Leguina en su artículo “Enterrar a los muertos” (El País, 24/04/2010).
Para el político del PSOE son preocupantes “algunos mensajes de muy dudosa calidad” que se han ido colando en estos años. Así, critica la interpretación que se está dando de la Ley de Amnistía como vulgar apaño amnésico, que considera calumniosa “para quienes se pusieron de acuerdo en traer la democracia España y para ello prepararon una Constitución consensuada”. Todo por un objetivo: la reconciliación, dice Leguina. Porque para él hay algo que no admite discusión y que está en el origen de todo este asunto: “… en los dos bandos se practicó una enfurecida ‘limpieza étnica’”. Las palabras lo delatan. No parece caer Leguina en que bando, lo que se dice bando, sólo hubo uno, que fue el sublevado; la otra parte era el Gobierno legal de la República. Si designamos a ambos con la palabra bando estamos igualándolos y situando al Gobierno y a quienes le servían a la altura de las bandas de facciosos que dieron el golpe militar. Éstos, además, traían un plan que pusieron en práctica desde el primer día: no de limpieza étnica sino de exterminio político y social. Como en Chile, caso que el señor Leguina debe conocer bien, pero a lo grande (piénsese en cualquiera de esas provincias en las que el golpe triunfó y la “guerra civil” fue sólo represión: todas superan en muertos a Chile). Los golpistas sabían que iniciaban la cadena de violencia y que, en consecuencia, en el otro lado caerían muchos de los que supuestamente venían a salvar de las garras del marxismo, pero esto no sólo no les importaba sino que venía bien a sus propósitos.
Es vieja la práctica de negar afirmaciones que nadie ha mantenido para lanzar las propias. Mantiene Leguina que tan inexacto fue antes catalogar a unas víctimas de “mártires de la Cruzada” como ahora a otras de “héroes de la democracia y de la libertad”. Quizás Leguina no haya caído en la cuenta pero esto de poner en duda a los “héroes” ya lo vienen haciendo los Moas hace tiempo. Con ello muestra su absoluto desprecio por los que dieron su vida por la libertad y por las víctimas del fascismo. Sabiendo lo que fue el golpe y la reacción popular que lo hizo fracasar prácticamente en todo el país, salir además con el ejemplo de Agapito García Atadell entra en el terreno de la perversión moral. ¿Será acaso la historia de García Atadell la que nos lleve a no generalizar sobre los represaliados franquistas o la que nos mueva a equiparar la violencia en ambas zonas? García Atadell representa el terror desatado en zona republicana a consecuencia del golpe militar y del resquebrajamiento del Estado y sus instituciones; también marca las diferencias entre unos y otros: al contrario que los “García Atadell” de la zona franquista, éste tuvo que huir y fue el propio gobierno republicano el que posibilitó a los franquistas su captura.
Ni en Madrid ni en el resto del territorio que quedó en zona gubernamental hubo durante meses fuerzas y recursos para controlar enteramente la situación. Lo que hemos demostrado los historiadores es que, a pesar de esto, en gran parte del territorio primó el respeto a la vida por deseo de las autoridades republicanas y de los comités que se constituyeron por todas partes en representación del Frente Popular. Fueron miles de presos de derechas los que salvaron la vida en aquellas terribles circunstancias gracias a lo que quedó de la República.
Pero el golpe no triunfó en todo el país y lo que se planeaba como una marcha triunfal hacia la capital se convirtió en una marcha plagada de obstáculos que se prolongó durante casi cinco meses. Además había que limpiar el territorio. Para colmo Madrid consiguió heroicamente frenar al ejército de África en sus mismas puertas y el golpe devino en larga guerra. No encontrará el Sr. Leguina a historiador alguno que justifique el terror que asoló ciudades y pueblos de la zona gubernamental; mucho más fácil le será lo contrario, ya que, como bien debe saber, abundan los justificadores del terror que acompañó en todo momento a las columnas franquistas. Sin embargo, uno formaba parte del programa y el otro no. Los historiadores sabemos que para las víctimas de los rojos hubo mucha memoria histórica, pero, a pesar de ello, no hemos olvidado en nuestros trabajos ni uno de sus nombres.
Ahora bien, lo que carece de sentido alguno, cuando ni siquiera sabemos aún el número y la identidad de todas las víctimas del franquismo, es que los tratemos por igual. Pide Leguina “ampliar el mutuo perdón y hacer que todos los muertos sean también de todos”. Pero ¿cómo que todos? ¿Ignora Leguina que sólo podemos hablar de todos los de un lado? ¿Desconoce que ha costado tres décadas de arduo trabajo recuperar parte de los nombres de las otras víctimas? ¿No sabe que, fiel a sus orígenes recientes e imbuida de espíritu de transición, la Universidad tardó años en ocuparse de esa etapa? ¿Ha olvidado ya que su partido gobernó durante catorce años y nunca tuvo voluntad ni tiempo de mirar atrás? Sin ir más lejos, ¿no tuvo tiempo él mismo entre 1983 y 1995, cuando fue presidente de la Comunidad de Madrid, de dedicar un poco de atención a los hombres y mujeres que perecieron a manos del fascismo en su comunidad, fueran o no héroes de la democracia y de la libertad? videntemente no, ya que debía de pensar como sus superiores. La historia nos enseña que el primer deber de la democracia es la memoria pero, en aquellos años rutilantes, al PSOE, como a buena parte de la sociedad surgida de la dictadura, la memoria le estorbaba. Así acabó él y así acabó el PSOE.
Todos los muertos son iguales
El artículo de J. Leguina fue rebatido en el mismo periódico por Almudena Grandes, “La condición miserable” (09/05/2010), Teodulfo Lagunero, “Enterrar a los asesinados por los fascistas” (29/05/2010) y Javier Cercas, “La puñetera verdad” (06/06/2010). En todos ellos, por diferentes que sean, se pueden encontrar ideas interesantes que ha costado y está costando mucho transmitir a la sociedad y que hoy sean cosa aceptada para muchos, aunque no para los que aún funcionan dentro de esquemas heredados de la propaganda franquista, que no son pocos.
De orden muy diferente fue “Los muertos de todos”, artículo de Jorge M. Reverte que vio la luz en el mismo periódico citado el 18 de junio. Aquí volvemos otra vez a los dos bandos. Reverte, para quien todas las víctimas son iguales, las de Paracuellos como las de Badajoz, reconoce la responsabilidad de los golpistas y su plan de exterminio, pero para mostrar que los otros actuaron igual remite a Paracuellos (su documento encontrado por la documentalista Diana Plaza), Barcelona (Miquel Mir y Diario de un pistolero anarquista), La Solana (Fernando del Rey y Paisanos en lucha) y las matanzas finales de la guerra en Cataluña (J. Cercas).
No sé si será consciente Reverte de dónde se mete al asumir los más que dudosos escritos de Mir y a un historiador como Del Rey que considera esto de la memoria histórica “como una losa que ha caído sobre los historiadores profesionales” y que lamenta lo que llama “la irrupción de la historia militante”. Tampoco parece muy serio poner como ejemplo la conocida novela de Cercas. Yo podría mostrar a Reverte otros muchos casos que prueban que, por más que se cometieran crímenes en todo el territorio, nunca cabrá igualar ambos terrores.
Podremos estar con las víctimas y despreciar a los asesinos, pero ni ambos bandos fueron iguales ni lo dueron todas las víctimas.
De entrada, no tenemos por qué asumir ni una sola víctima de los franquistas, ya fuera provocada en enfrentamiento armado u otros actos bélicos como por los bandos de guerra o los sumarísimos de urgencia. Sólo la investigación permitirá identificar a los asesinos. Efectivamente García Atadell era un criminal que mereció su final, pero no hay que olvidar que estos monstruos dan vía libre a sus instintos cuando la situación lo permite, y, en este caso, lo que lo permitió fue el golpe militar. Sin embargo, nuestra actitud, aunque cautelosa, debe ser diferente con las víctimas causadas en su defensa por la República y por quienes la apoyaron en todo momento, desde el 17 de julio del 36 hasta el 1 de abril del 39 y desde las acciones iniciales que hicieron fracasar la sublevación en lugares clave hasta las penas dictadas por los tribunales populares.
Lo que no cabe justificar en modo alguno, por más que entre los afectados cayeran elementos responsables y colaboradores del golpe, es el terror salvaje que durante varios meses causó miles de víctimas en numerosos lugares del territorio republicano. Podemos explicarlo, mostrar sus causas y retratar a sus responsables, pero no asumirlo. A estas alturas sabemos que, además del terror implantado por los comités, muchas de las matanzas que tuvieron lugar en zona republicana fueron consecuencia directa de bombardeos franquistas sobre objetivos civiles. ¿Justificaremos con ello el crimen? No, pero sí ofreceremos la secuencia completa, que la propaganda franquista tuvo buen cuidado en ocultar.
Reverte puede hacer suyos todos los muertos, los de Badajoz y los de Paracuellos; yo no creo que se puedan ni deban mezclar. Badajoz precede a la matanza de la Cárcel Modelo, en la que sin duda influyó; la de Paracuellos, por el contrario hay que relacionarla con el asedio a Madrid en noviembre del 36. Es fundamental la contextualización de estos hechos, ya que lo contrario sólo favorece a la propaganda y a la manipulación. Por ejemplo: falta una investigación sobre los brutales bombardeos a que fue sometida Madrid por la aviación fascista en esos meses. No para justificar la actividad criminal de las checas sino para saber por qué, cómo y dónde se gesta el odio asesino que conduce a algunas de esas masacres. De hecho, muchas de las matanzas ocurridas en zona republicana no se entienden sin la violencia previa derrochada por los golpistas, bien fuera por acciones de exterminio como por bombardeos, ocupaciones salvajes, etc. No es conveniente olvidar quién agredió primero, sin que esto suponga justificar crimen alguno. Pero recordémoslo una vez más: no podemos equiparar en modo alguno la violencia del que agrede con la violencia del que se defiende. Mención aparte merecen los elementos que en zona republicana derrocharon igual desprecio por la vida ajena que el que venían practicando los fascistas desde que se sublevaron.
Hechos de las dimensiones de Paracuellos hay muy pocos en la zona republicana; hechos como Badajoz hay muchos en el territorio controlado por los fascistas. Yo estoy a la espera de que se investigue a fondo lo ocurrido en Madrid desde el 18 de julio hasta bien entrados los años cuarenta. Una vez que esto ocurra sabremos a qué atenernos. No obstante, la gran diferencia entre las matanzas de Badajoz y Paracuellos es que la primera nunca fue investigada y la segunda sí. Compararlas para mostrar que todos fueron iguales mientras no conozcamos a fondo ambas constituye una aberración.
Franco nos salva del Soviet
Y llegamos a Santos Juliá (SJ) y su “Duelo por la República Española” (El País, 25/06/2010), en la misma línea que el de Leguina pero menos basto. Para SJ la revolución social latente tras las matanzas de la cárcel Modelo hubiera acelerado la derrota y acarreado el fin de la República. Además, en zona republicana, “durante los primeros meses de la guerra, [se cometieron] crímenes en cantidades no muy diferentes y con idéntico propósito que en el territorio controlado por los rebeldes: la conquista, por medio del exterminio del enemigo, de todo el poder en el campo, en el pueblo, en la ciudad”. Para SJ sólo a partir de mayo del 37 comienza la verdadera diferencia en la que tanto insisten quienes califican de desmanes los crímenes de unos y de genocidio o crimen contra la humanidad los de otros”. Para Juliá en territorio republicano no se mató más porque ya no había dónde ni a quién. Dejemos de lado las referencias a Dionisio Ridruejo, nuestro pequeño Goebbels convertido ahora en “ideólogo de la democracia” (vivir para ver), quien por cierto murió sin contarnos lo mucho que debía saber sobre la época dorada del terror azul a pesar de haberse comprometido a ello en Escrito en España (seguimos a la espera de que su hagiógrafo J. Gracia nos cuente sus años fascistas). También preocupa a SJ “la creciente argentinización de nuestra mirada al pasado y la demanda de justicia transicional 35 años después de la muerte de Franco”.
Sin duda lo más llamativo del texto de Juliá es la idea, nada novedosa por cierto, de que, de haberse inclinado la situación a favor de la República, la revolución social hubiera ido llevando el terror a todo el territorio para terminar devorando a la propia República. Desde este punto de vista cabe agradecer que los golpistas impidieran con su incesante victoria tan negro futuro, posibilitando así que veinte años después los hijos de vencedores y de los vencidos –esa increíble generación a la que pertenecen Leguina y Juliá– iniciaran el camino hacia la democracia. Conste, al menos, que la idea esta es franquista y no ha dejado de circular. No en vano L.P. Moa recibió el artículo de SJ que comentamos con otro titulado “Santos Juliá va enterándose”.
Aparte de esto debe quedar claro que la represión en ambas zonas no fue en absoluto equiparable ni en cantidad ni en objetivos. Una era fruto de un golpe militar que incluía un calculado plan de exterminio; otra de un proceso revolucionario abierto precisamente a consecuencia de lo anterior. No vale despachar de un plumazo, como hace SJ porque a él no le interesan, una serie de hechos objetivos como quién inició la agresión, de dónde partía, y qué plan y dimensión tuvo en cada zona. Que todo tenga “lógica propia” no significa que todo sea igual. Asusta un poco este relativismo.
Además, habrá que recordar a Juliá que las diferencias entre la represión en ambas zonas no empiezan en mayo de 1937 sino el mismo 17 de julio. La razón es simple: al contrario que los sublevados, tanto el gobierno de la República como los partidos que integraban el Frente Popular, carecían de plan alguno para acabar con nadie. Esta situación cambió tras el golpe. De ahí que sea algo admitido que, por más que en algunos lugares las ramificaciones del terror alcanzasen ciertos espacios del poder político y sindical, nunca se trató de un proyecto planificado con implicación de las más altas instancias del Estado ni del Frente Popular. Las tesis de SJ, como antes las de Leguina, suponen un total desprecio hacia aquellas personas, la mayoría, que, en todo el país y desde diversos ámbitos, hicieron todo lo que estuvo en sus manos para evitar el derramamiento de sangre. Nada de esto ocurrió en zona franquista, por la sencilla razón de que el derramamiento de sangre constituía la médula del plan.
Al tratar el asunto como lo tratan –los dos bandos que de pronto se lanzan por la pendiente de la guerra civil dirimiendo sus diferencias a garrotazos en medio de una orgía de sangre y terror– SJ y sus seguidores están ocultando y tergiversando la realidad con un claro objetivo: la memoria de la República y de quienes dieron la vida por ella desde el primer día, tanto civiles como militares, tanto en el frente como en los paredones, debe ser sacrificada en beneficio de la Transición. Esto es tan antiguo como la propia transición pero, a medida que ha ido saliendo a la luz la realidad de eso que llamamos “guerra civil”, a sus defensores se les ve más la tramoya de su argumentación. Así, no se dejan de lanzar sombras sobre la baja calidad de la democracia republicana o sobre la escasa validez de las elecciones de febrero del 36 (buen partido están sacando algunos, sin haberlos visto, a los “papeles” de Alcalá Zamora), y día llegará en que alguien desempolve de nuevo los “papeles” de la conspiración comunista, que vendrán bien a unos para demostrar una vez más que el “18 de julio” estaba justificado y a otros para probar que la República estaba ya carcomida por la hidra revolucionaria.
Veamos finalmente esa argentinización de la mirada al pasado que tanto preocupa a SJ. Debe referirse sin duda al tratamiento de la cuestión represiva y a la petición de verdad, justicia y reparación que se ha hecho desde el movimiento social a favor de la memoria. No debe extrañarse SJ de que haya gente que pida eso. Para argentinización pionera la del franquismo con sus víctimas. No parece muy justo que sólo haya habido “verdad” (Causa General), “justicia” (la represión judicial militar) y reparación (los muchos derechos y privilegios de que gozaron los Caídos y sus descendientes) para unos, y silencio, olvido y limosnas para los otros. Y ya que no es posible llevar al banquillo a los responsables, qué menos que exigir Verdad, Reparación y que la Justicia defina lo que realmente fue aquello.
La tesis central del artículo de Juliá fue rebatida por Josep Fontana (“Julio de 1936”, Público, 29/06/2010). En su respuesta SJ, como siempre, eludió el debate, recurriendo a su estilo habitual. Curiosamente –esto suele pasar– el “estilo” que lo caracteriza viene a ser una mezcla de dos de los insultos obsesivos que lanza sobre los demás: Vishinsky y Torquemada, es decir, estalinismo e inquisición. El resultado ya sabemos cuál es: alguien que no deja de sermonearnos desde sus muchos púlpitos y tribunas pero que, fiel a la máxima Roma locuta causa finita, no admite no ya sólo crítica alguna sino simplemente puntos de vista diferentes al suyo. De seguir así no habrá quien le chite urbi et orbi. Unos por temor reverencial, otros por puro miedo y los demás por débito o vasallaje. En realidad, la sensación que da es que sería un magnífico secretario de la Conferencia Episcopal Española.
Y al final del camino… la Tercera España
Dejó tan alto el listón Juliá que una de dos, o acabó con el debate en su periódico o bien el periódico, con la ayuda inestimable de alguno de sus manipuladores profesionales como el tal Javier Valenzuela, decidió desechar otras opiniones. Luego ya sólo vimos un “análisis” de José Juan Toharia titulado “La tercera España, 74 años después” (El País, 18/07/2010). De entrada y dado el día, aludía a “la irreconciliable fractura entre las dos Españas dispuestas a extirparse mutua e inmisericordemente de la convivencia nacional”. Para Toharia lo ocurrido en el 36 no fue un enfrentamiento entre “buenos y malos” sino “un choque entre dos fanatismo extremos que utilizaron el régimen republicano, legal y legítimamente existente, bien como pretexto en un caso, bien como coartada en otro, para intentar imponer sus respectivos radicalismos excluyentes”. Pero había otra España, dice Toharia: “… una mayoritaria tercera España que braceó, sin éxito, para evitar el desgarro. No lo logró y quedó finalmente laminada”. Aquí no podía faltar la referencia a Trapiello, el gran fustigador del rojerío hispano desde la República a la transición. A éste igual le da tirar contra uno de la generación del 27 que contra los maquis o los antifranquistas de los 70. Algunos parece que buscan así matar al rojo que alguna vez llevaron dentro.
Pues bien, Toharia ha descubierto, porque para eso es presidente de Metroscopia, que según dicen ahora los españoles, sus familias se posicionaron entonces de la siguiente manera: un 17% con “el bando franquista o nacional”, un 26% “con el bando republicano” y un 57% con la “Tercera España”. Y hay más, porque Toharia aporta un dato sensacional: la mayor parte de los votantes del PSOE y del PP “proceden de familias integradas en la tercera España”. ¡Acabáramos! ¡Haber tenido que esperar tanto tiempo para saber que ya en el 36 España no era ni de derechas ni de izquierdas sino de centro! Como ahora, qué casualidad. Bien es verdad que esto no cuadra mucho esto con los resultados de las elecciones de febrero del 36, pero seguro que Toharia tendrá alguna explicación. Igual es que fueron fraudulentas, como mantuvo “el bando franquista o nacional” (¿pero qué sociólogos son éstos que aún hablan de “nacionales”?). Quizás esos resultados hablen más de ahora que del 36 y resulte que hay una mayoría social que se siente desvinculada de “los dos bandos”. Lo cual no es de extrañar después de la incesante y machacona campaña que desde la transición se viene haciendo para relegar el pasado reciente al olvido y situar la amnistía del 77 y la Constitución del 78 como nuestros únicos referentes históricos.
Sin duda, este “análisis” contiene méritos para engrosar los desvaríos “científicos” del clásico de Cipolla (Allegro ma non troppo). Lo curioso y lo que me hace traerlo aquí son las conexiones de las teorías de Toharia con las de Leguina, Juliá, Trapiello y, cómo no recordarlo, con Muñoz Molina, otro cantor de la “tercera España”. Todos ellos y otros muchos están empeñados en convencernos de que “los dos bandos” eran, en el fondo, iguales; que la República contenía el germen de su propia destrucción y hubiera sido engullida por sus propios hijos (ya decían los franquistas que el Frente Popular conducía directamente al Soviet), y que es mejor que olvidemos todo aquello, incluidos los muertos, pues maldita sea la hora en que se empezó a mover todo esto de la represión y las fosas. Si hiciéramos caso de la encuesta de Toharia y pensáramos en la representación de los tres grupos en el actual panorama de los medios de comunicación veríamos que los de la “tercera España” están bien representados; aquellos cuyas familias se alinearon con los franquistas están sobrerrepresentados, y, finalmente, el 26% que se posicionó con la República es el que peor escapa, ya que apenas cuenta con medio alguno para exponer sus ideas (Internet sigue siendo prácticamente la única vía y ya sabemos sus limitaciones: un 80% de la población nunca lo usa para obtener información).
Seguramente a algunos debe molestar que se les diga que sus ideas coinciden con los Moas o que han sido gratamente recibidas por Intereconomía o Libertad Digital. No debe ser muy agradable para aquellos que pasan por ser referentes ideológicos de nuestro tiempo que sus ideas sean bien acogidas por los sectores más reaccionarios de la sociedad española. Al final va a resultar que, en lo fundamental, todos están de acuerdo. Ocurre que es la fuerza del movimiento por la memoria histórica la que ha obligando a estos señores a decir lo que de otra forma ni se hubieran atrevido a decir ni hubiera hecho falta que dijeran. Ha sido la decisión de mostrar lo que fue realmente el “18 de julio” y de exigir que el Estado cumpla con su deber, la que ha llevado a esta gente a exponer públicamente lo que piensan de la República, de “la guerra civil” y de la dictadura. De paso nos han dado las claves de por qué actuaron como lo hicieron en la transición; incluso de por qué están tan contentos de conocerse: según parece, les debemos todo.
Por lo demás, pensando como pensaban de la anterior experiencia democrática, qué otra cosa iban a hacer. Se entiende que lleven tan mal las investigaciones sobre el golpe de julio del 36 y sus consecuencias, y, sobre todo, el movimiento pro memoria histórica. En realidad hubieran preferido que todo quedara como en la transición o como en los tiempos de Felipe González, aquellos del nosotros decidimos no mirar atrás. Pero fue en vano: de pronto, la “guerra civil” se fue mostrando como lo que realmente fue: la matanza fundacional del franquismo, y la tierra, mero paisaje, dejó ver las pruebas: un país sembrado de fosas comunes.
Paco Espinosa

PÉREZ REVERTE. NEGROS, MOROS, GITANOS Y ESCLAVOS

Negros, moros, gitanos y esclavos
Artículo de Arturo Pérez-Reverte publicado en "El Semanal" el 24 de Octubre de 1999.


No, no digan nada. Ya sé que los meapilas del qué dirán y el no vayan a creer ustedes, o sea, toda esa panda de soplagaitas de la puntita nada más, aconseja escribir africanos de color, magrebíes, colectivo de raza romaní, y trabajadores inmigrantes, para no herir la sensibilidad de los capullos políticamente correctos. Pero resulta que no me sale de los higadillos; así que lo escribo como me da la gana. Y pongo negros, moros, gitanos y esclavos, porque hoy he recibido noticias de un amigo que me cuenta cosas. Y vengo a la tecla algo caliente.

Mi amigo vive allí donde la tierra seca que Dios maldijo —y ojalá haya Dios, para pedirle responsabilidades— anda en los últimos años cubierta de plásticos con tomateras, y frutas tempranas o como se llamen, y cosas así. Una tierra de cuarenta grados bajo un sol asesino, donde nadie que esté en su sano juicio se atreve a arrimar el hombro; de modo que los patronos tienen que buscar mano de obra entre los parias de la vida, porque el resto dice que para ellos verdes las han segado, y que vaya a la tomatera la madre que te alumbré. Pero desde el otro lado del Estrecho, o sea, desde el culo del mundo, miles de desgraciados miran hacia arriba y ven la tele y dicen, anda tú, allí atan los rottweiler con longaniza, y quiero tener un coche blanco, y una casa blanca, y un sueño blanco. Más que nada para comer caliente. Incluso para comer, aunque sea frío. Y los que no se ahogan por el camino les llegan a los mentados patronos como agua de mayo; así que los amontonan en barracones y les exprimen el tuétano. Bueno, bonito y, sobre todo, barato. Mano de obra extranjera, se llama el eufemismo. Y entonces a todos los que se benefician del asunto se les llena la boca con la solidaridad, y lo buenos chicos que son, y lo mucho que se les estima y se les quiere. Pero en cuando protestan, piden justicia, o sacan los pies del tiesto poniéndose en huelga para sacar dos duros más, entonces les sacuden hasta en el cielo de la boca. Se fumiga a los indóciles y se renuevan las existencias.

Mi amigo tiene una teoría, que comparto. No es un problema de racismo, sino de esclavitud. A casi nadie le importa que sean moros o negros, porque eso está asumido gracias —algo bueno habían de tener— a los telefilmes norteamericanos. La cuestión, como siempre, se basa en esa unidad monetaria todavía llamada peseta. Un español con DNI gana setecientas a la hora recolectando lechugas. Una mujer con el mismo DNI gana veinte duros menos. En cuanto a los gitanos, ellos sí son considerados una raza inferior; pero están censados y votan, y además les va el acople y se reproducen como conejos pariendo futuros votantes; así que el alcalde del pueblo los compensa regalándoles el agua y la luz, y en vísperas de las elecciones municipales les construye unas viviendas a unos, los decentes, y les hace la vista gorda a los otros, los que trapichean con polvillos blancos o marrones en determinadas chabolas y no quieren mudarse ni a La Moraleja. Así que esa gitana marchosa que se levanta a las siete de la mañana con su flor en el pelo para recoger tomates, que por la tarde va al almacén a arreglarlos, y que por la noche toca palmas y canta, y en el Seat 1430 le echa un alegre casquete a su gitano —que a menudo no curra, porque es un faraón y para algo está ella—, cobra quinientas pesetas.

Debajo de la pirámide están los ucranianos, y los sudacas. Y los moros. A veces ser rubio o hablar español significa veinte o cuarenta duros más que las doscientas pesetas que cobra el moro por echar una hora en la tomatera; que hasta en la miseria hay clases. Al moro, que es la chusma de esa galera, lo alojan usureros que cobran un huevo de la cara por barracones infectos, y lo dejan pudrirse en los descampados; y después, cuando ya están viejos y no rinden, o cuando protestan, siempre hay alguien que manda a su sobrino y unos amiguetes a romperles la crisma, o de pronto se acuerda de que son ilegales y convence a los picoletos de que los quiten de en medio. Y luego, cuando van a la panadería o al supermercado, se niegan a dejarlos entrar porque ofenden la sensibilidad de la señora del Range Rover o porque, dicen, son peligrosos y a veces venden hachís. Y a ver cómo puñeta no van a ser peligrosos, mis primos. Denles media hora y unos cócteles molotov, y podrán comprobar lo peligrosos que pueden llegar a ser ellos, cualquiera, usted, yo mismo, cuando te explotan miserablemente y te mantienen sujeto a la esclavitud y el desprecio.

MENTIROSOS.

Mentirosos
El parlamento catalán aprobaba el 28 de julio las corridas de toros en Cataluña. Soy anti-taurino y la medida me parecía correcta. Pero había muchos matices en esta medida. Se prohibían los toros, pero no otras fiestas que se realizan en Cataluña y donde los toros son el objeto de diversión de muchos ciudadanos. Lo cual hacía ver que la medida no buscaba la protección del toro y si alejar un símbolo de lo español de Cataluña. Casi dos meses después, el 22 de Septiembre, el Parlamento catalán aprobó proteger la tradición de los "correbous", en una votación que se saldó con 114 votos a favor, 14 en contra y cinco abstenciones. ¿No hay maltrato hacia el animal en estos correbous? Esgrime el parlamento catalán que en este caso no se produce la muerte del animal.

Pero, ¿no sufre el animal en este tipo de fiestas? En algunos casos se le coloca un artefacto para que las astillas ardan. Pónganse en su lugar. ¿Y por qué no propusieron entonces que en los toros no se mate al animal como ocurre por ejemplo en Portugal?

Y aunque me declare contrario al maltrato animal, admiro la determinación del Partido Popular que esta vez ha sido fiel a sus principios. Es un partido que está a favor de los toros y votó en contra de la prohibición de la fiesta nacional en Cataluña y a favor de la defensa de los correbous. No han hecho demagogia. Otros hablan de que en este caso el toro no muere y esconden bajo esta supuesta medida ecológica la realidad de su objetivo final que no es el de la defensa de los animales y si el de acabar con símbolos españoles.
JESÚS MARTÍN OSTIOS

APESTA. MARUJA TORRES

Apesta
MARUJA TORRES 16/09/2010 PUBLICADO EN EL PAÍS
De tan obvio resulta exasperante. Los gitanos son delincuentes. Los sindicalistas liberados -y por qué no todos los sindicalistas- son vagos. Los musulmanes, fanáticos. Los inmigrantes nos quitan los trabajos. Los chinos se quedan con los mejores comercios. Todos los que no son como yo son peores que yo. Y no quiero tenerlos cerca. ¿Exagero? Espera y verás.

Lee los comentarios que se realizan en este periódico en versión digital, al pie de informaciones sobre expulsión de extranjeros. Producen pánico. Va a ser que las naciones que componen esta Europa, que milagrosamente deseó estar unida, siguen siendo tan bordes como cuando iniciaron la I Guerra Mundial y mandaron a millones de hombres a perecer en las trincheras del continente por unos cambios de fronteras o la rebañina de un par de imperios. Ya no somos unas bestias analfabetas. ¿Lo eran ellos? ¿Aquella Inglaterra que había coronado su revolución industrial? ¿Aquella Francia repleta de intelectuales? ¿La tierra de Goethe o la del Dante eran países por desasnar? ¿Los gobernantes eran brutos iletrados? ¿La carne de cañón no amaba al prójimo? Unos plantaron la semilla del odio, los otros se la dejaron germinar. La cosa va más o menos de este modo. Introduce un eslogan simple en las mentes resentidas y mediocres, que siempre necesitan echar la culpa a los demás: florecerá. Son mayoría. Puede que las víctimas de la crisis de ahora sepan que los responsables están arriba. Pero ya que no les pueden echar, ¿por qué no un poco de racismo, para entretenerse? Berlusconi abrió la veda -y miramos hacia otro lado-, Sarkozy continúa, desvía la atención de sus escándalos financieros con deportaciones, y sus súbditos le aplauden. Desde su balcón de la Comunidad Autónoma de Madrid, la señora baronesa exige que a los liberados se les quiten los cruasanes. Lleva tiempo, el Gobierno de Madrid, asfixiando a los sindicatos. Esto huele a Chanel y a mierda que tumba.

¡QUÉ FEA SU JETA, QUÉ GUAPO SU VOTO! JOSÉ MARÍA IZQUIERDO


Artículo publicado en el país el 1 de septiembre de 2010
TRIBUNA: JOSÉ MARÍA IZQUIERDO
¡Qué fea su jeta, qué guapo su voto!

La derecha no quiere ser juzgada por la violencia de sus defensores mediáticos, pero corre a embolsarse los votos de esa extrema derecha. Mientras, la izquierda no quiere parecer de izquierdas
José K. está complacido porque ha acertado con el jipijapa y la guayabera, que con este verano que nos ha caído va a amortizar de largo.
Está íntimamente satisfecho, además, porque estaba a punto de sucumbir y comprarse un iPhone 4 para echar a su nuevo zurrón y presumir de moderno con sus amigos del cuaternario, cuando apareció en televisión aquel sinvergüenza, Jobs de apellido, para reconocer que el aparato no se oye. Chulo y fanfarrón, vino a decirnos que no sabemos llamar por teléfono. Steve presumirá de moderno pero no pasa de ser un charlatán, un cañahueca y un barbullón presuntuoso y delincuente. Si una empresa que fabrica teléfonos, los saca al mercado y no funcionan, se retiran, se piden disculpas y se invita a la concurrencia.
Ya en su bar acostumbrado, abre su periódico -porque es suyo, y muy suyo-, y no puede por menos que levantar sentidas plegarias hacia los buenos y generosos dioses, en este caso Alá, porque las inundaciones que han costado la vida a miles de paquistaníes, centenares de niños entre ellos, y arrancado de sus miserables casas a varios millones, haya afectado tan solo a suníes y chiítas, que saludaban amablemente a las aguas que les destruían: Salam aleikum (la paz -del señor- sea contigo), decían, Aleikum Salam, respondían las turbulencias. Gentes tan religiosas, pues, están muy agradecidas a todas las divinidades por tantos y tantos bienes como les procuran: los iraquíes, allá se las compongan tras haberles roto hasta el espinazo; los iraníes, lapidemos cuanto podamos, o los afganos, déjennos en la paz del opio y el burka.
Pero quizá alguien crea, a José K. se le encocoran los adentros, que estas cosas de los dioses solo cuentan en países dominados por Alá y su profeta Mahoma. De eso nada, advierte. Ahí tienen ustedes, por ejemplo, a esos auténticos y genuinos americanos enrollados en la bandera del Tea Party, tan religiosos y fanáticos como el que más, enemigos acérrimos no ya del islam y cualquier cosa que se le aproxime, sino de cualquier modernización que se pretenda de la Biblia, libro sagrado ante el que los poderes públicos deben postrarse de rodillas.
A José K. le fue dado conocer, gracias a algún joven amigo que se los enseñó en YouTube, los nombres y las palabras de Glenn Beck o Sean Hannity, de la cadena Fox, propiedad del grupo Murdoch, a quien aconseja José María Aznar, siempre y cuando no tenga que viajar a Melilla en misión civilizadora.
Asumen las palabras de una de sus guías, Sarah Palin, aquella gobernadora ignorante que optó a la vicepresidencia con el republicano Mac Cain frente a Obama: "Seguiremos enganchados a la religión, a las pistolas y a la Constitución". El Tea Party conmemora el boicoteo de un cargamento de té en Boston, en 1773, de los patriotas norteamericanos frente a los colonizadores ingleses en protesta por los impuestos. Cierto que entre aquellos demócratas no había ningún negro, demasiado ocupados en cosechar algodón o tabaco para sus amos, o en sobrevivir a las enfermedades de los barcos en los que eran trasladados como animales para trabajar en los campos de Georgia o Alabama. En estos momentos, el sofisticado pensamiento que mejor cuadra a los tea party, es "echen a ese mono comunista de la Casa Blanca". ¿Molesta este movimiento a los republicanos? O mejor, ¿molesta a quienes sustentan a los republicanos? Más bien nada, porque varios de ellos van a presentarse por sus listas.
Cavilando en estas cosas, José K. se viene a España, que le reclama. ¿Esta caterva de cantamañanas, palabreros y prosadores de churro, zarajo y manteca colorá que nos agobia todo el día y desde todos los ángulos, son menos reaccionarios que aquellos de la hamburguesa y el ketchup? En absoluto. José K. defiende con vehemencia la calidad de la falacia, el grosor de los insultos, el hocicar de nuestros representantes ibéricos, capaces de competir en barbarie y grosería con cualquier representante mundial de la brutalidad. No hace falta más que escuchar algunos remedos de radios, ver ciertas imitaciones de periódicos o disfrutar con determinados chiringuitos, autodenominados jactanciosamente platós de televisión. En la maledicencia y el chicharreo, somos como La Roja: campeones universales. Oé, oé, oé.
Y José K. vuelve a preguntar: ¿molestan a la derecha, autointitulada democrática y centrista, estos boquirrotos reaccionarios? ¿Se sienten incómodos con ellos, les salen sarpullidos en su cercanía como a cualquier persona decente? Se responde José K.: no, nada, en absoluto. Y ya pueden decir o escribir lo que se les antoje, que la realidad les tumba y los hechos, unos detrás de otros, los sepultan. En esos micrófonos y ante esas cámaras sus dirigentes comparecen un día sí y otro también, dejándose querer, para sonreír y asentir, alegremente, ante la salvajada del gárrulo. "Haga usted el gasto de la barbaridad", se dicen, "pero venga para la faltriquera el voto de sus fanáticos seguidores". Ensucien el 11-M, trasteen con las víctimas del terrorismo y ETA, enreden con Marruecos, maniobren en los mercados, que ya nos viene bien. Como tanto hay de provecho para la misma derecha en el proceder de jueces retrógrados que aún viven en la Edad Media y confunden religión y Estado, ayudando a que una ilegítima tercera Cámara se cargue cualquier reforma progresista.
A estas alturas de la vida, suya y de la democracia, José K. duda de si alguna vez fue acertado aquel razonamiento, nacido en la Transición, de que era bueno que AP -el PP- taponara una extrema derecha como la francesa de Le Pen. Ahora se pregunta: ¿Y no será peor que esta derecha glotona que padecemos se haya zampado el centro, la derecha y la extrema derecha? Animal tan crecido tras tanto alimento, cual gigantesco Argentionosaurus, ¿no acabará por deglutirnos como el monstruo que es? José K., en noches de frescor, piensa que a lo mejor, solo a lo mejor, explotará por tragantón como los dragones de los cuentos...
Y mientras, aquí tenemos a este vibrante Gobierno de izquierdas, defensor de los débiles y azote de los poderosos, recita nuestro hombre antes de que le dé el ataque de risa ante la enésima negativa de la vicepresidenta económica a tocar los dineros a los ricos, pobres criaturas, un yate de menos eslora, un Ferrari de menos caballos.
Destrozados como estamos por una terrible retórica antiestatal, primero, antigubernamental, después, y antisocialista, finalmente, el partido en el poder aguarda en estado ectoplasmático a un otoño de rayos y centellas: elecciones catalanas, presupuestos, reforma laboral... Eso sí, a la orden para admitir las sabias recomendaciones de cualquier ablandabrevas del Financial Times o el Wall Street Journal -otra vez Murdoch, otra vez Aznar-, que sople en contra de España para la defensa heroica del libre mercado. José K. pide que la inteligencia española -incluidos ministros, banqueros y altos directivos- admita que en el Wall Street Journal puede haber el mismo número de majaderos, grosso modo, que, por ejemplo, en Le Monde Diplomatique. Pura ley de probabilidades.
Puestos en cosas de yanquis, José K. quiere acabar con sendas citas de norteamericanos. Paul Krugman: "Así que plantéenselo de esta manera: para evitar la posibilidad de que se produzcan futuros recortes de las prestaciones debemos recortar las prestaciones futuras". Reconvertido en Forges, remata: "Estupendo". John B. Judis: "Cuando la opinión pública estaba en pie de guerra, Obama no se cebó lo suficiente" con los causantes de la crisis. Y aún otra: "Obama no parece darse cuenta de que la demagogia viene siendo una parte indeleble de la mentalidad política estadounidense, y aquellos que se sienten incómodos haciendo llamamientos populistas... ven las consecuencias en las urnas". Cambien, cambien nombres.
(José K. se aleja con las manos ocupadas. En la derecha lleva una bacinilla, para lo de Camps, mientras se muerde la izquierda para no hablar del PSOE de Madrid).

CARTA DE UNA FUNCIONARIA A CARLOS HERRERA



Carta de una funcionaria de Granada a Carlos Herrera de Onda Cero
Editado por PES 23 de Septiembre de 2010


Estimado Carlos. Mis motivos para escucharte cada mañana no han sido otros que el placer de escuchar una información imparcial, coherente y objetiva, cualidades........ indispensables en el oficio de periodista pero que en pocos medios de comunicación españoles, y ahora creo que en ninguno, es fácil encontrar. He disfrutado también muchísimo de tus grandes dotes de comunicador y, sinceramente, me he divertido bastante oyéndote.

LA CLASE POLÍTICA ESPAÑOLA AL DESCUBIERTO. DIVERSOS VÍDEOS DONDE LOS POLÍTICOS SE ACERCAN BASTANTE AL RIDÍCULO



















YO VOY A LA HUELGA. JUAN TORRES LÓPEZ


YO VOY A LA HUELGA
Texto leído en el acto de apoyo a la huelga general de trabajadores de la cultura y la enseñanza convocado por UGT y CCOO el 22 de septiembre en Sevilla.
Juan Torres López (www.juantorreslopez.com). Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla.


Queridas amigas y amigos:
Agradezco a UGT y Comisiones Obreras la oportunidad de dirigirme a ustedes para apoyar la convocatoria de huelga del día 29.
Yo soy un modesto científico social. Me dedico a estudiar la realidad económica, analizo lo que veo y publico mis conclusiones. A eso se añade, naturalmente, que soy un ciudadano más, un ser humano con convicciones, con ideales, con sentimientos, emociones y preferencias, como también las tienen el gobernador del Banco de España o los economistas liberales, aunque éstos suelen decir que están libres de valores y que solo hablan como técnicos objetivos, qué casualidad, siempre que proponen medidas que perjudican a las clases trabajadoras.

Pues bien, es como científico social y como ciudadano como puedo hablarles.
Como científico social vengo analizando desde hace años la situación económica internacional y sus efectos sobre la economía española. Mis análisis me llevaron a predecir que iba a producirse una crisis como la que estamos viviendo. Por cierto, justamente lo contrario de lo que pasó con los que ahora nos dicen que tienen la solución segura y obligada para salir de ella: no solo no la predijeron sino que decían, incluso a finales de 2007, que las cosas iban magníficamente.
Disculpen que sea quizá algo inmodesto y me cite a mí mismo. Verán, el 10 de septiembre de 2007 yo escribí lo siguiente:
"aunque la crisis se inicie en el mercado hipotecario de un país, en este caso de Estados Unidos, es completamente seguro que se extenderá por todo el globo terráqueo... Si hubiera que apostar, yo más bien lo haría por unos meses largos de inestabilidad profunda, de sobresaltos y de pérdida de vigor económico. El sector inmobiliario, en primer lugar, saltará próximamente por los aires en los países, como España, en donde ha generado burbujas especulativas; y detrás de él, quizá algunos ámbitos del sector bancario y financiero. Tras de lo cual es inevitable que venga una nueva fase recesiva que puede ser duradera si no se adoptan medidas de choque rápidas y contundentes en forma, principalmente, de incremento del gasto".
Pues bien, exactamente por aquellos mismos días el Fondo Monetario Internacional afirmaba en un informe que "lo que nos parece más probable es que el vigoroso crecimiento mundial perdure", “comparando los datos actuales con los de septiembre de 2006 no hay tantas razones para preocuparse por la economía mundial”.
Y el entonces su director gerente, el español Rodrigo Rato, decía unos días antes que yo que "seguimos previendo por ahora que la economía mundial mantendrá su buena marcha" y que sus proyecciones apuntaban "a un crecimiento mundial sostenido" (doy más muestras de estos patinazos en mi libro La crisis de las hipotecas basura. ¿Por qué se cayó todo y no se han hundido nada? que saldrá a la calle en unas semanas publicado por Editorial Sequitur).
Les digo esto para que comprueben ustedes que entonces engañaron a la ciudadanía. Y lo que también quiero decirles a continuación es que exactamente igual que la engañaron entonces, la están engañando ahora.
Se desencadenó una crisis por la torpeza de esas instituciones y de las personas que nos gobernaban, porque no supieron o no quisieren prevenirla, como acabamos de ver; por su complicidad, porque dejaron hacer y deshacer a los bancos y a los especuladores para que ganaran cientos de miles de millones de euros que dedicaban, prácticamente sin pagar ni uno solo en impuestos, a seguir especulando.
Para hacerle frente dedicaron billones de euros a salvar a los bancos, a permitirles que sigan haciendo lo que quieran, sin cambiar ni una sola coma de las normas que siguen permitiendo la especulación generalizada y la acumulación ingente de riesgo. Es decir, dando lugar a que dentro de muy poco, y créanme ustedes que desgraciadamente voy a acertar de nuevo, se provoque otro cataclismo financiero y económico.
Para evitar que se hundieran las economías los gobiernos tuvieron que endeudarse y se volvieron a poner en manos de los bancos privados, porque sus cómplices, las autoridades de los bancos centrales, sobre todo en Europa, no ayudaron a los gobiernos, es decir, a los pueblos, con la misma generosidad con que lo hacen con los bancos.
Y así fue como los financieros que hace unos meses estaban contra las cuerdas han recobrado de nuevo todo su poder político y de extorsión que ahora usan para imponer medidas de ajuste a los gobiernos. Y las imponen como ellos saben, mintiendo una vez más.
Mienten porque no es verdad que las medidas de ajuste y de recorte social que están llevando a cabo sean las adecuadas para salir de la crisis. Si la economía se ha venido abajo es por falta de fuelle, de financiación, de recursos y de demanda. Por tanto, hacer lo que propone el gobierno neoliberal de la Unión Europea y lo que aplica el español es justo lo contrario de lo que se necesitaría para volver a darle impulso.
Mienten porque no es verdad que con estas medidas vayan a recuperar a las economías sino que van a hundirlas más. La banca y las grandes empresas no dependen tanto de la demanda que están restringiendo recortando el gasto público y los salarios porque tienen un gran poder y mantienen sus mercados cautivos (¿quién va a dejar de pagar a Movistar o la hipoteca del banco si su sueldo baja un 5%) y hacen más negocio asegurándose que se pague la deuda y poniendo en marcha nuevos servicios privados en lugar de los públicos que poco a poco se vendrán abajo. Pero la situación de las pequeñas y medianas empresas, que son las que mantienen más del 90% del empleo total es la contraria porque dependen mucho más del gasto que proviene principalmente de los salarios.
Mienten porque no es verdad que la reforma laboral sea necesaria para salir de la crisis y ni siquiera para crear empleo. La creación de empleo depende de que haya demanda y de que las pequeñas y medianas empresas (que como acabo de decir crean la inmensa mayoría del empleo en España) dispongan de financiación para producir y de que luego vendan lo que producen. Ni quienes defienden la reforma laboral se han atrevido a decir que esta reforma vaya a crear empleo: unos dicen que lo creará más adelante, otros que sirve para aumentar la productividad, otros que para bajar la temporalidad... ¡valiente equipo de médicos que coinciden en la terapia (¡qué casualidad!) de quitarle la cartera al enfermo pero que luego cada uno dice que esa medicina servirá para una cosa distinta.
Mienten porque no es verdad que reformas laborales como la de ahora creen empleo. No han creado empleo nunca en ninguno de los países en los que se ha llevado a cabo. Lo que hacen estas reformas es lesionar y limitar los derechos laborales y lo que se conseguirá ahora será reducir salarios, bajar la calidad del empleo, aumentar el empleo parcial no deseado y que los grandes empresarios puedan negociar más fácilmente las condiciones de trabajo.
Mienten porque no es verdad que sea necesario ir hacia la privatización de las cajas de ahorro para salir de la crisis. Al revés, si la banca privada se dedica a la especulación, a la inversión no productiva, a comprar más bancos por medio mundo perdiendo empleo, tendrá que ser el sector público el que asegure la financiación imprescindible de la actividad económica.
Mienten porque no es verdad que haya que fomentar las pensiones privadas como respuesta a la crisis. ¿Cómo se puede decir que si hay más gente para acudir al médico porque vivimos más, la solución es que se vaya a las consultas menos veces? Lo suyo será, por el contrario, que encontremos fórmulas, que las hay, para disponer de más recursos. Y eso mismo pasa con las pensiones públicas.
Mienten porque no es verdad, en fin, que para obtener recursos públicos haya que reducir el gasto en pensiones, en educación, e investigación, en gasto social en general.
Como ha señalado el Sindicato de Técnicos de Hacienda (al que supongo que también les gustaría ver desaparecer como a UGT, CCOO, ELA, CGT y cualquier otro que diga las cosas claras para defender a los trabajadores), reduciendo la economía sumergida de nuestro país (donde solo en impuestos y cuotas de la Seguridad Social se defraudan cada año 88.000 millones de euros) a la media europea se obtendrían 38.000 millones de ingresos adicionales. Prohibiendo operaciones al descubierto contra la Deuda Pública española y el euro en los mercados financieros se ahorrarían 1.403 millones de euros al año. Aumentando 5 puntos en el tipo impositivo de 295 entidades bancarias se recaudarían 1.285 millones. Es decir, más o menos lo que se obtuvo de la rebaja del sueldo de los funcionarios, con la diferencia de que ésta disminuye el consumo y las ganancias de los banca no. Recuperando el Impuesto de Patrimonio de las grandes fortunas se obtendrían 1.240 millones cada año. Y eso por no hablar del gasto militar o el que se dedica a la Iglesia o a subvenciones a las grandes empresas y fortunas.
Mienten, pues, cuando dicen que los recortes que realizan son los únicos posibles y los que más convienen a las clases trabajadoras.
Están engañando a la ciudadanía. Afirman que aplican medidas como imprescindibles cuando se trata de las que mejor le convienen a los poderosos y a las clases más ricas, las del mismo tipo que han provocado la crisis.
No es verdad que estén tratando de salir de la crisis y de evitar que se vuelva a producir sino que buscan aumentar sus privilegios a costa de reducir los derechos laborales y sociales.
Esto es lo que puedo decirles como científico social. No hay ni una razón que rigurosamente pueda convalidar las propuestas del gobierno como medidas que objetivamente y ciertamente vayan a producir el efecto que dicen que van a producir. Lo que sabemos por el análisis económico y por la experiencia nos dice que, por el contrario, es más realista pensar que van a frenar la recuperación y que lo que con certeza van a generar es un incremento de la desigualdad y del malestar social. De hecho, ya en 2009 ha aumentado en España en un millón el número de pobres, y en un 12% el número de personas que tienen más de 1 millón de euros de patrimonio.
Como científico social tengo, por tanto, una razón muy poderosa para ir a la huelga: nadie con dignidad puede callar cuando oye mentiras, cuando sabe que lo están engañando para quitarle la riqueza, el salario y el bienestar, a él o ella y a sus hijos, o al resto de sus conciudadanos.
Pero déjenme que también les hable como ciudadano, desde mis preferencias éticas y desde mis emociones.
Todas estas medidas no solo van a producir el efecto económico que les he anticipado. Significan también una merma evidente de los derechos sociales, de la capacidad de negociación de los trabajadores, es decir, de los que ya de por sí tienen menos poder y menos capacidad de decisión. La prueba de ello es el acoso tan grande que se lleva a cabo contra los convocantes de la huelga que es, no se olvide, un derecho constitucional.
Y yo, como ciudadano, quiero estar al lado de los más débiles, de los que tienen menos defensas. Porque creo que lo necesitan y porque creo que hay que parar los pies a los que mandan demasiado, a los banqueros que no se hartan de ganar dinero aunque así lleven a la ruina a medio mundo, porque creo que hay que decir que estamos hartos de que los gobiernos representativos sigan a los pies de los mercados.
Y, aunque a veces me haya parecido que los sindicatos han tenido actitudes demasiado acomodaticias que igual han dado lugar a que lleguemos a donde ahora estamos, voy a la huelga que convocan porque tengo la convicción de que son una pieza esencial de la democracia para defender a los trabajadores. Y porque, cuando quieren acabar con ellos como ahora, hay que estar a su lado para evitar ese ataque que solo puede calificarse como de auténtico peligro fascista.
Y para terminar, permítanme que les llame la atención sobre algo que me parece importante.
Desde el mismo momento en que los sindicatos convocaron la huelga general del 29 de septiembre, los medios de comunicación, los periodistas y dirigentes de derechas, los economistas liberales... comenzaron a decir que no había razones para la convocarla.
Poco a poco, los sindicalistas y las personas que apoyamos la huelga hemos tratado de ir explicándolas y a pesar de que no contamos ni mucho menos con las mismas plataformas que todos ellos, lo cierto es que han tenido que cambiar de discurso. Cuando ya se ha hablado con docenas de miles de trabajadores sobre la reforma laboral y mucha más gente sabe de verdad en qué consiste, no se puede seguir diciendo que no hay razones para convocar una protesta contra ella. Ahora reconocen que, bueno, sí, que puede haberlas para convocar una huelga pero que, en todo caso, no va a tener efecto, que será inútil y que todo seguirá igual al día siguiente.
Es curioso, si la huelga del día 29 no va servir para nada, si al día siguiente todo va a seguir igual ¿por qué se preocupan entonces tanto por ella, por qué gastan tanta tinta y tantos discursos en descalificarla? Si esta huelga es tan inútil, ¿a qué viene tanta crítica a los sindicatos por convocarla? Si es inocua ¿qué importancia tiene, por qué no dejan en paz a la gente que quiere hacerla si al día siguiente nadie habrá notado nada?
Hay mucha falacia en los argumentos de quienes tratan de desactivar la huelga de esta forma. No hay un solo derecho laboral o social que se haya regalado a los trabajadores, que no haya sido el resultado de luchas y de huelgas. Si no se hubieran hecho, aún seguiríamos en las cavernas. Si a lo largo de la historia ha habido algo útil es la movilización social y las huelgas. Lo inútil hoy día, como antes en tantas ocasiones, sería dejar que se siguieran aplicando recortes a los derechos sociales y laborales sin decir nada. Y para defenderlos lo que hay que hacer es exactamente lo mismo que se hizo para conquistarlos: movilizarse y reclamarlos, ahora, mediante la huelga del día 29.
Es verdad que una huelga puede tener más o menos éxito a la hora de conseguir el resultado que se propone (echar atrás, en este caso, la reforma laboral). Unas huelgas han logrado sus efectos de modo inmediato, otras más tarde, pero las únicas huelgas completamente inútiles han sido las que no se han hecho.
También se afirma que la huelga será inútil porque el gobierno no cambiará de postura. Una razonamiento que realmente parece surrealista que se haga en un país que tiene un presidente que antes incluso de tomar posesión como tal ya había dado la orden de retirar las tropas de Irak precisamente para responder a la movilización social que lo pedía constantemente. ¿Acaso habría podido hacer eso Zapatero sin la presión anterior de millones de personas en las calles?
¿Por qué los que salen a la calle y llaman a la gente a salir para otras cosas dicen que es inútil que sean los trabajadores quienes lo hagan para defender sus derechos? ¿No es bastante evidente que saben que eso no es inútil sino todo lo contrario, que temen que lo hagan porque saben que así antes o después lograrán evitar que se tomen esas decisiones?
Por todas estas razones les digo que yo voy a la huelga y hago lo que me han dicho que haga, concluir el acto. Pero no. El este acto no concluye aquí. Yo les cedo ahora la palabra a todos ustedes para que salgan a la calle y hablen con la gente, para que hagan un esfuerzo máximo para explicar lo que está pasando ahora con la reforma laboral y lo que preparan más tarde con las pensiones o con los servicios públicos.

RAZONES PARA APOYAR LA HUELGA GENERAL. JUAN TORRES LÓPEZ

Hay razones para apoyar la huelga general
Juan Torres López


Los medios de comunicación se empeñan en desanimar a los trabajadores y en argumentar que la huelga general convocada por los sindicatos para el próximo día 29 de septiembre no servirá para nada. Y la ministra de Economía, que forma parte de un gobierno que viene rectificando constantemente sus propuestas a medida que recibe presiones de los poderosos, asegura que "la huelga general no cambiará la política económica", lo que es una forma clara decir a la gente que no vale la pena apoyarla.
En mi opinión, la convocatoria de la huelga general está completamente justificada y hay multitud de razones para que los trabajadores y trabajadoras españolas, los que tienen empleo y los que están en paro o trabajan en sus casas, la apoyen activamente.
Señalaré las que me parece más importantes resumidas en diez puntos que, a su vez, contienen dentro algunas más.

1. La huelga es un derecho de los trabajadores y trabajadoras y su ejercicio ha sido siempre muy eficaz. Todas las grandes conquistas sociales, sin excepción, que hoy día caracterizan a las sociedades que consideramos más avanzadas y democráticas (la jornada máxima, el salario mínimo, el derecho a la seguridad social, el derecho al voto de las mujeres y su acceso sin discriminaciones a los mercados de trabajo, la abolición de la esclavitud y la prohibición del trabajo infantil, las normas de seguridad en el trabajo...) solo se pudieron conseguir después de movilizaciones, de luchas muy duras y de huelgas dolorosas. Los poderosos siempre dijeron lo mismo que ahora, que no servirían de nada, y por eso ahora tampoco debemos dejarnos engañar y apoyar la huelga.



2. Los trabajadores, y no solo los banqueros y las patronales, tienen derecho también a presionar para defender sus intereses. Las huelgas, incluidas las generales, son un procedimiento legítimo para poder hacerlo. Prohibirlas, como ha propuesto el Partido Popular, o tratar de desactivarlas como hacen ahora con la del día 29, equivale a permitir que solo los más ricos y poderosos puedan presionar al resto de la sociedad y a los gobiernos, por cierto, haciendo casi siempre mucho más daño que el que pueda hacer una huelga de trabajadores. ¿Por qué no dicen nada la derecha y sus medios de comunicación cuando los bancos hacen huelgas de "préstamos caídos" y frenan el desarrollo de la actividad económica durante meses, cuando eluden al fisco actuando en paraísos fiscales, cuando las grandes empresas se llevan los capitales a otros países para no hacer frente aquí a sus obligaciones legales, o cuando los banqueros amenazan al Estado, como acaba de hacer el vicepresidente del BBVA al decir que no se pueden tomar medidas que no convengan a la banca? Para que el Presidente Rodríguez Zapatero no oiga solamente su voz y pueda cumplir las promesas que hizo al electorado es necesario presionarle acudiendo en masa a la huelga general.



3. Hay que decir "Basta ya" a la continuada pérdida de derechos laborales y sociales para no llegar a una situación insostenible. Como acaba de recordar el profesor Vicenç Navarro (ver Motivos para la huelga general) la situación de los trabajadores y trabajadoras españolas se deteriora sin cesar como consecuencia de las políticas gubernamentales. No para de disminuir la participación de los salarios en el total de las rentas, aumenta el stress y el malestar laboral, España es el único país de la OCDE donde los salarios han disminuido en los últimos quince años, los beneficios de las grandes empresas españolas aumentaron un 73% de 1999 a 2008 (el doble que las de la Unión Europea de los 15) mientras que los costes laborales solo subieron el 3,7% (la mitad que en la UE-15), España sigue a la cola en gasto social en relación con el PIB, lo que significa que sigue realizando menos esfuerzo para financiar los derechos y el bienestar de las clases trabajadoras. De 2007 a 2009 el número de pobres aumentó en España en un millón, mientras que el número de personas que tienen activos por valor de más de un millón de euros se elevó en un 12%. Las leyes de igualdad y de avance social del gobierno se quedan sin presupuesto mientras se ayuda a bancos y a grandes empresas y mientras que no se tiene valor para obtener recursos por vías que no sean la reducción del gasto social, que es lo que le piden los ricos que no necesitan esas leyes. Para poner fin a todo esto es preciso presionar y apoyar ahora la huelga general.



4. Es inmoral y totalmente rechazable que una crisis que han provocado los bancos, las grandes fortunas y los especuladores se financie ahora con recortes de derechos laborales, de pensiones, de gasto social e incluso bajando los impuestos que pagan los más ricos, renunciando a la más mínima justicia fiscal, sin darle prioridad a la lucha contra el fraude y con la vergüenza que supone que los banqueros y las grandes fortunas españolas prácticamente no paguen impuestos. Para que la crisis la paguen quienes la han provocado y no los trabajadores es por lo que hay que apoyar también la convocatoria del día 29.



5. Los gobiernos europeos, incluido el español que presidió la Unión Europea durante un semestre, se han dejado vencer por la presión de los bancos y la patronal y no han sido capaces de hacer nada para evitar las causas que dieron lugar a la crisis financiera. No han tomado ni una sola medida de las que prometieron, siguen existiendo el secreto bancario y los paraísos fiscales que dijeron que iban a eliminar, los bancos siguen especulando y poniendo en peligro la economía mundial con productos financieros arriesgados y completamente improductivos. Las únicas reformas financieras emprendidas por el gobierno español han estado dirigidas a disimular las pérdidas y la irresponsabilidad de los bancos privados, a facilitar que vuelvan a obtener beneficios, y a privatizar las cajas de ahorros, a eliminar su componente social y a permitir que los bancos privados terminen quedándose con el segmento de mercado que hasta ahora ocupan. Hasta el propio Felipe González acaba de reconocer que "nada sustancial ha cambiado en el comportamiento real de las entidades financieras, salvo para cortar créditos a la economía productiva". Porque no podemos permanecer callados frente a un gobierno que es valiente a la hora de tomar medidas contra los débiles y cobarde para poner firmes a los poderosos, es necesario presionarle y apoyar la huelga general.



6. Se está diciendo a la gente que se toman medidas que son para resolver la crisis cuando en realidad no tienen nada que ver con eso sino que van a agravar sus consecuencias. Lo que hace falta para resolverla es atacar sus causas, garantizar que vuelva a surgir el crédito a la actividad productiva, poner freno a los abusos y a la especulación bancaria, limitar el poder de las grandes empresas que provocan subidas abusivas de precios que son las que de verdad están haciendo que España pierda competitividad, y poner en marcha un nuevo modelo productivo que tiene que estar basado en más igualdad, en nuevas actividades económicas creadoras de riqueza y no orientadas a la especulación y en un mercado interno más potente. En lugar de eso se está aprovechando el temor de la gente a la crisis para aplicar medidas que solo están encaminadas a crear mejores condiciones para que las grandes empresas (que son las que menos empleos crean) obtengan más beneficios y más poder de negociación. Y se está engañando a la gente cuando le dicen que hay que disminuir las pensiones para hacer frente a la crisis porque para mantener las pensiones en buenas condiciones lo que se necesita es más justicia fiscal, salarios más elevados, más empleo y menos especulación bancaria, lo que se podría conseguir, como ocurre en otros países más avanzados, si se empieza poniendo límites al poder de los bancos y de las grandes empresas.



7. No es verdad que para crear más empleo y evitar el trabajo temporal tan abusivo de nuestra economía sea necesario reducir, como se hace con la reforma laboral aprobada, los derechos de los trabajadores. Mienten quienes dicen que esta reforma se ha hecho pensando en los parados porque hasta los mismos que la han promovido reconocen que no va a crear empleo. Nuestro alto nivel de paro no está provocado principalmente por problemas que tengan que ver con el mercado laboral. Sus causas tienen que ver sobre todo con el mercado de bienes y servicios, en donde no hay suficiente capacidad de gasto porque los salarios son demasiado bajos, con la falta de capital social por insuficiente inversión y gasto público, con el enorme poder de las grandes empresas, que les permite obtener altos beneficios sin necesidad de innovar, y con el fomento de actividades especulativas que se vienen abajo en cuanto empeora la coyuntura. El efecto de las reformas laborales recientes nunca ha sido el de traer más empleo sino salarios más bajos y peores condiciones de trabajo.



8. Tampoco es verdad que para hacer frente ahora a la deuda y a la situación económica creada por la crisis financiera sean necesarias políticas de austeridad, sino todo lo contrario. Hay que presionar a los gobiernos europeos y al español para que cambien de criterio y no den lugar a una prolongación de la crisis durante años. Lo más seguro es que la política de austeridad que se está imponiendo termine por crear a medio plazo más deuda (cuando se debilite el crecimiento y se aumente la prima de riesgo) que la que ocasionaría una política de estímulo bien financiada por el Banco Central Europeo que es lo que debería garantizarse en Europa (ver La política de austeridad del gobierno español puede generar más deuda que las de estímulo fiscal). España necesita un gobierno que no se deje llevar por la voluntad de los grandes intereses económicos y financieros y para ello hay que hacerle ver al de Rodríguez Zapatero que no puede gobernar de espalda a las promesas que hizo a su electorado y dando satisfacción nada más que a los mercados. Los trabajadores y las trabajadoras españolas, las pequeñas y medianas empresas, los autónomos, los pensionistas, los parados, los estudiantes... necesitan que quienes dirigen el Partido Socialista y su gobierno dejen de actuar al dictado de la banca y la patronal y la única manera de conseguirlo es participar masivamente en esta huelga general para llamarles la atención y para hacerles ver que si siguen trabajando para otros, pueden perder el apoyo de su electorado. La forma en que el gobierno socialista está afrontando la crisis le supone una pérdida constante de apoyo que le hará perder las elecciones. Por eso, quienes queremos evitar un gobierno de la derecha todavía más antisocial debemos apoyar la huelga general, y con mucha más razón los afiliados y votantes del Partido Socialista,.

9. Hay que apoyar esta huelga porque la convocan los sindicatos y porque apoyar a los sindicatos ahora, justo cuando la derecha, la patronal y los poderes financieros quieren aprovechar la ocasión para quitárselos de en medio, es más necesario que nunca. No nos dejemos engañar: los países con mejores condiciones de vida son aquellos en donde los sindicatos son más fuertes y al contrario, donde son más débiles hay menos derechos laborales y menos bienestar social. Por eso la derecha trata siempre, como ahora, de desprestigiarlos y de acabar con su influencia. Es verdad que no podemos estar plenamente satisfechos del comportamiento de los sindicatos en los últimos años, pero esta convocatoria es precisamente una gran ocasión para hacerles ver el peligro que ha tenido su actitud acomodaticia de tanto tiempo, y para obligarles a que a partir de ahora adopten una práctica sindical diferente, más ligada a los trabajadores y menos pendiente de la comodidad y de los intereses de sus funcionarios.

10. Las medidas que está tomando el gobierno, y las que van a tomar en los próximos meses no solo amenazan a la economía sino también a los derechos sociales y personales y a la democracia. Cuando disminuyen los derechos laborales y los ingresos, cuando las personas se pasan toda la vida trabajando por unos pocos cientos de euros al mes, con stress, sin saber si al día siguiente tendrán empleo ni si tendrán una pensión suficiente cuando se jubilen, si habrá alguien que pueda cuidarles cuando sean dependientes... las personas dejan entonces de ser ciudadanos o ciudadanas para convertirse en esclavos, en seres que no piensan nada más que en sobrevivir y que, por tanto, tienden a desentenderse de todo. Y también porque es de ahí de donde nacen la intolerancia, la xenofobia, las dictaduras y los fascismos que hay que combatir y que estamos viendo crecer a nuestro alrededor hay que apoyar la huelga general.


Y además de todas estas, hay muchas más razones para apoyar la huelga general. En realidad hay millones de razones más. Tantas como trabajadoras y trabajadores hay en España. Porque apoyar la huelga significa que cada una de ellas o de ellos toma nota de lo que está pasando, que no se deja llevar por lo que le dicen día a día los que tienen los bolsillos llenos a su costa y que se pronuncia con independencia para no dejar que le sigan quitando lo que ha costado tanto conseguir. Y cada pronunciamiento en esas condiciones es un ejercicio de libertad y de responsabilidad que vale por sí mismo y que justifica el apoyo a la huelga del próximo día 29.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla y miembro del Comité Científico de ATTAC España

PALACIO MARQUÉS DE LA SONORA


En referencia al especial que preparamos en el mes de Septiembre nos han llegado unas imágenes sobre los trabajos realizados en el Palacio Marqué de la Sonora que creemos muy importante publicar.

PALACIO MARQUÉS DE LA SONORA











































































































































UTOPÍA. SEPTIEMBRE 2010. NÚMERO XI


UTOPÍA NÚMERO SEPTIEMBRE 2010
EDITORIAL

Introducimos algún cambio para este nuevo curso que empieza en Septiembre. A petición de algún lector de Utopía nuestra revista mensual comenzará con una canción que nos recomienden nuestros lectores. En esta ocasión me he permitido el lujo de ser yo el que elija la canción, espero les guste y se animen a recomendar para los próximos números.

SE ACABARON LAS LÁGRIMAS. HUECO

ENTREVISTA SALVADOR MORENO PERALTA


SALVADOR MORENO PERALTA nació en Málaga, aunque por motivos familiares su familia se trasladaría a Pontevedra, Cartagena y, finalmente Madrid, donde estudió en el Colegio del Pilar por cuyas aulas han pasado personajes como José María Aznar, Pérez Rubalcaba o Fernando Savater. Estudió arquitectura y perteneció al círculo de Fullaondo le hizo conocer a gente como Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Antonio López García y Santiago Amón. En el año 69 fue detenido por un delito que no había cometido, y cuya pena fue su deportación a Málaga en el año 1972, donde conoció a su mujer y comenzó a trabajar como arquitecto. De su ejercicio profesional destacan proyectos como el Ayuntamiento de Torremolinos, el corralón de Santa Sofía, el Plan General de Ordenación Urbana de Málaga de 1983, que redactó con José Seguí y Damián Quero, el rescate del parador de San Rafael (sede de Turismo Andaluz) y el Centro de Formación e Industria del Ocio de Mijas. La música y la lectura son sus otras dos pasiones. Es habitual ver artículos suyos en la prensa malagueña.


Desde su punto de vista, ¿cuál es el panorama actual de la ciudad de Málaga a nivel urbanístico? ¿Es el PGOU aprobado provisionalmente en el pleno municipal de julio, el PGOU que Málaga necesita?


Desde el punto de vista urbanístico Málaga, como todas las ciudades, está buscando su propio camino para adaptarse a lo que verdaderamente es una crisis planetaria, no sólo económico financiera sino de valores y modelos de urbanidad. Las ciudades grandes empiezan a ser conceptos inabarcables desde el punto de vista anímico, y es en ese contexto donde hay que encontrar un hueco para ejercer la condición de ciudadano que, a mi juicio, va por conseguir un modelo de relaciones de proximidad, de coexistencia entre el ubicuo espacio de los flujos y las necesidades de convivencia y de contacto físico con los demás ciudadanos, relaciones de comunidad, en suma. La vitalidad de Málaga es mayor que la que cabe en sus planes urbanísticos. Pero no hay que mitificar el PGOU como si fuera un Libros Sagrado.


Me echo a temblar cada vez que los políticos hablan del PGOU como "modelo de ciudad", que no es más que una Arcadia obsoleta e imposible. Más bien lo que hay que tener es criterio para dirigir los procesos urbanos según un sistema de verificación-error, ser sensibles a las nuevas realidades que generan los desarrollos que se van produciendo. La realidad va cambiando, y no siempre de acuerdo con nuestras previsiones. Se trata de trasladar a la capacidad de criterio lo que otros confían a la rigidez de las normas. Hoy, en Málaga como casi en todas partes, planeamiento urbano es sinónimo de burocracia, y parafraseando al Horacio de Hamlet, hay más cosas en el cielo y en la tierra de una ciudad de las que caben en la filosofía de un PGOU.

Visto los enfrentamientos entre Ayuntamiento y Junta, ¿cree usted que la voz de los arquitectos y urbanistas es tenida en cuenta entre los políticos?

No mucho, porque el urbanismo de hoy está en manos de burócratas celosos de sus competencias gremiales cuando no amedrentados por la judicialización de la política. Los urbanistas y arquitectos de hoy se encuentran desconcertados, lastrados por unos modos de concebir la ciudad anclados en una sociedad post-industrial que han saltado hecho pedazos. A veces resulta patético ver cómo cambian de opinión en poco tiempo siguiendo las veleidades de la moda. Comprendo que muchos políticos desconfíen de los urbanistas. Aparte de esto, cada político con responsabilidad es un urbanista frustrado. No olvidemos que la arquitectura y el urbanismo son, quizás, las dos herramientas más representativas del poder, la forma más ostensible de perpetuar su memoria, desde los faraones hasta nuestros alcaldes.

Algunos puntos candentes han sido Arraijanal, la construcción por encima de las rondas o el palmeral de las Sorpresas, ¿cuál es su punto de vista?


El Arraijanal parte de una inexactitud interpretativa: proclamar que era Suelo No Urbanizable cuando en realidad estaba clasificado como Suelo Urbanizable No Programado desde el PGOU del 83. Y se clasificó así para cubrir la demanda turística de sol y playa de la que Málaga carecía cuando le segregaron Torremolinos. En urbanismo imperan los tópicos, y el del "pulmón verde" frente a los "especuladores" es uno de ellos, muy difícil de matizar y rebatir.


El Arraijanal será un gran parque al que habrá que ir con coche. Bueno. Mantenerlo como una gran zona libre para deportes, paseos, actos públicos, niños y ancianos, etc está muy bien, pero, sinceramente, desconfío de la capacidad que Málaga tiene para mantener y vigilar este tipo de cosas. La negativa a la construcción por encima de las rondas es otro de los tópicos. Lo que allí se ha planteado es asignar a la iniciativa privada, con una huella edificada concentrada y muy escasa, la regeneración del manto vegetal, el acercamiento del parque de los montes a la ciudad, fundir el medio natural con el urbano y dejar ese espacio sellado con ese modelo. Por otro lado la ronda no es más que un elemento artificial der tráfico, y no una barrera natural, pues si así se concibe, también lo hubiera sido la ronda Oeste y no se habría podido extender la ciudad por la llanada del Guadalmedina y el valle del Guadalhorce. Ha sido el triunfo del tópico frente al debate mínimamente científico.


El Palmeral de las Sorpresas fue una conquista ciudadana frente a la pretensión de construir en el muelle 2 un monstruoso Centro Comercial. El proyecto actual es brillante, pero con algo que el ciudadano percibe como un error: su cota de rasante, que obliga a mantener la valla, esta vez como protección, y no como separación entre el Puerto y la Ciudad, pero valla al fin y al cabo, cuya demolición en Málaga es una reivindicación histórica. La gente lo que ve es que no se puede pasar del Paseo de los Curas al Muelle. Tal vez el arquitecto autor del proyecto, enrasando el Palmeral con el Parque, haya hecho un guiño para impulsar en su momento el soterramiento del Paseo de los Curas, para que no se interfieran las comunicaciones rodadas (longitudinales), y las peatonales (transversales).

Si de usted dependiera, ¿qué proyectaría en el cauce el Guadalmedina?


Es un espacio para usos mixtos, con las funciones preponderantes de relacionar físicamente la Málaga Oeste con la del Centro. Es un espacio que debe reconocerse en su doble condición: lineal, en la medida en que es un eje (peatonal y viario) y fragmentario, en la medida en que son muy diferentes los trozos de ciudad que a él se asoman. Debe estar conectado con el Puerto desde el punto de vista viario, para dar salida hacia las Pedrizas a los tráficos portuarios (mercancías y cruceristas) sin pasar por la ciudad, coexistiendo con amplias zonas arboladas, peatonales y esparcimiento, en una gran variedad. Pero antes los ingenieros tienen que ponerse de acuerdo de una vez si el cauce puede ser total o parcialmente embovedado. Subyace aquí una interminable discusión de índole más gremial que técnica, que impide abordar un asunto satisfactoriamente resuelto en otros lugares como, por ejemplo, la rambla almeriense.

Otro debate es la disyuntiva entre arquitectura vertical y horizontal. ¿Por qué cree que en Málaga han encontrado tanto rechazo los rascacielos?

El rechazo a la edificación en altura creo que procede de los años sesenta cuando, con muy mala calidad, se hicieron grandes bloques que el imaginario colectivo se asimila con lo periférico, lo especulativo, incluso con lo cutre. Es otro tópico más. La edificación en altura concentra edificabilidad y libera espacio, si existe una proporción razonable entre la superficie y la altura. El problema es que, por su propia naturaleza técnica, el rascacielos exige una construcción costosa y de calidad. ¿Hay capacidad económica y de mercado en Málaga para abordar eso, y con qué, oficinas, viviendas...?

Una vez que el actual PGOU agotará prácticamente el suelo urbanizable del municipio, ¿Cuál es el futuro de Málaga, crecer a expensas de los polígonos (especialmente el del Guadalhorce) o reurbanizar la ciudad consolidada?

Las dos cosas. Es muy posible que algunos polígonos (los más céntricos) se transformen en barrios residenciales y es posible también que la actividad industrial (que aquí es fundamentalmente de talleres medianos y almacenes), se exporten a zonas logísticas del Área Metropolitana. Y, por supuesto, queda un amplio margen de transformación interna en la ciudad consolidada, y no me refiero sólo al Centro Histórico. En el futuro próximo tendremos que afrontar la rehabilitación de los Centros No Históricos, aquellos que las generaciones inmediatas han creado, no nuestros antepasados.

¿Es posible en nuestro tiempo grandes operaciones tipo apertura de Calle Larios, Avd. Andalucía o cualquier otra que suponga una trasformación radical de la ciudad consolidada?


Sí, por ejemplo el llamado bulevar del soterramiento del ferrocarril, que es una oportunidad única, si se hace bien, para vertebrar todo el gran arco del primer crecimiento malagueño hasta la Ronda Exterior. Las conexiones transversales que propicien esta intervención se van a dejar sentir en el funcionamiento de toda la ciudad. El eje del Guadalmedina, ya mencionado, es otra operación de enorme trascendencia, o una versión "monográfica" de todo el frente litoral, desde el Guadalhorce hasta el Rincón, pasando por, entre otros lugares pendientes de actuación, los Baños de Carmen.

Respecto al centro histórico, es palpable que, a pesar de los esfuerzos por reurbanizar calles y plazas, no se obtiene el mismo resultado en cuanto a la conservación del patrimonio arquitectónico. Observamos una y otra vez demoliciones, ya sean totales o parciales. Es lamentable el estado en el que se encuentran algunos edificios históricos como la casa donde nació Cánovas del Castillo. O el caso de barrios con calle angulosas por donde da miedo pasear

¿Qué falla para que no podamos conservar nuestro patrimonio arquitectónico y para no hacer reutilizables esos espacios?
Muy simple: de nuevo la burocracia, que es el cáncer de nuestro tiempo, nuestra región y nuestra ciudad. En este caso están, por ejemplo, los verdaderos abusos en los trámites arqueológicos, algo de lo que todo el mundo se lamenta pero nadie habla por miedo a lo políticamente incorrecto. Bien está la investigación arqueológica- y fui uno de los primeros en introducirla en el planeamiento general- pero no hasta el punto de que no existan plazos ni límites económicos para los propietarios de solares afectados por las excavaciones.


Urge una regulación en este sentido. Lo que no puede ser es que por una interminable búsqueda de nuestras identidades subterráneas se nos caiga la ciudad emergente a pedazos. Y luego tampoco están claras las de la edificación, sometidas con frecuencia a las veleidades interpretativas de los funcionarios municipales. Todo se confabula, pues, para que nadie quiera invertir en el Centro. Por otro lado, la política municipal parece más preocupada en "tematizar" el Centro (como un escaparate de una historia impostada) que reintroducir en él la residencia y los usos productivos. Es lo que pudiéramos llamar el "síndrome de la calle Larios".


Y por último, si se quiere rehabilitar el Centro, hay que acometer de una manera unitaria y general las obras de infraestructura. No se puede hacer por fragmentos, de acuerdo con las ocurrencias y campañas electorales de turno. Y es que en la rehabilitación intervienen muchos factores simultáneos (arreglo de viviendas, construcción de viviendas nuevas, equipamientos, cualificación de espacios públicos, políticas sociales, etc), que comprometen a muchos organismos y áreas administrativas, pero eso choca con la enrevesada mañana de corralitos competenciales en los que se ha convertido la Administración: un perfecto aparato de relojería para entorpecerlo todo, un kafkiano universo de papel en la época del ordenador.

¿Es posible recuperar el urbanismo del barrio tradicional, la plaza cerrada, la calle no muy ancha, etc., o está superado?


No es que sea posible, es que ahora es más necesario que nunca. Como apuntaba al principio, paradójicamente, la cultura del ciberespacio, el trabajo a distancia, las redes sociales, etc, han generado una fuerte necesidad de contacto y vida comunal, que son las relaciones que han propiciado la ciudad "de siempre", la histórica, la de nuestra infancia. Soy muy optimista en la relación que pueda existir entre redes sociales y la mejora de las ciudades, aunque parezcan mundos y temas inconexos.

En cuanto a la arquitectura moderna, ¿Tiene su lugar en el centro? ¿Y cómo es posible doblegar las reticencias a su implantación en el casco histórico?


La arquitectura siempre tiene que ser moderna; lo que pasa es que la modernidad se conjuga de una forma distinta al lado de una catedral que en un barrio periférico o en un parque tecnológico. Al final no hay regla, sino la sensibilidad y el talento de un arquitecto para lograr que ese edificio moderno se instale rápidamente en la memoria colectiva de la ciudad, como si, pasada la primera sorpresa, pareciera que ese edificio "siempre hubiera estado allí".

¿Considera adecuado conservar sólo las fachadas de algunos edificios con menos protección arquitectónica? ¿Cree que deberían revisarse los criterios de consideración del grado de conservación de los edificios históricos?


Sí deben revisarse los criterios, puesto que el urbanista que hizo la catalogación muchas veces se fijó sólo en la fachada, sin conocer el grado de deterioro o de transformación interna que pudo tener ese edificio. De nuevo los rigores burocráticos. En cuanto a la conservación de las fachadas me parece bien, por razones de mimetismo o contigüidad con edificios históricos que marcan el carácter de la zona. Pero entonces, que se permita también una gran libertad en las distribuciones internas de esos edificios.


La arquitectura decimonónica igualaba los huecos de las fachadas, de manera que los mismos huecos podían servir para ventilar salones que dormitorios, cocinas o baños. Ese "fachadismo" compositivo y puramente formalista podía ser interesante de puertas para afuera, pero era una impostura de puertas para adentro. Permítasenos, pues, que ahora podamos arreglar el problema con plantas libres tipo "loft" o soluciones afines. Resulta grotesco, retrógrado y ultraconservador oír hablar de la relación estrecha entre las fachadas y la estructura interna de los edificios del siglo XIX como un valor sacrosanto cuando en realidad se trataba de una impostura formalista. Se trata de verter vinos nuevos en odres viejos.

¿Cuál es, a su juicio, el rumbo que está tomando el urbanismo actual a nivel internacional? ¿Está Málaga en la línea de lo que se proyecta a ese nivel?


Está en un momento de transición, y además, muy variado. No se puede generalizar. Los países emergentes y las nuevas potencias están reproduciendo unos modelos ya fracasados en países maduros. Acordémonos, por ejemplo, en los nuevos barrios de Bombay en la película "Slumsdog millionaire". La reflexión más solvente y más sugestiva es la de aquella que intenta reproducir en las megápolis las formas de vida tradicional: que puedas vivir en Nueva York o en Buenos Aires pero sin perder el sentido comunal del barrio. La crisis energética tiende a que los desplazamientos cotidianos se minimicen, incluso en transporte público.


Por otro lado las formas de vida - y, por consiguiente, de utilizar el territorio- son enormemente diversas. Es ridículo plantear de una manera tajante la dicotomía "ciudad compacta" y "ciudad dispersa", porque las dos coexisten, con sus ventajas e inconvenientes. Lo que sí detecto es una tendencia a diluir la separación drástica entre medio natural y medio urbano. Hay como un retorno al utopismo decimonónico y las ideas de la "Ciudad Jardín".

Como arquitecto ¿Cree que Málaga posee identidad propia, rasgos distintivos?


Sin duda los tiene. Su centro decimonónico tiene mucha más capacidad icónica e identitaria de lo que creemos. Y hay otros muchos lugares, unos evidentes y otros no, que suministran muchos rasgos de identidad propia. La cuestión es saber mirar la ciudad con ojos nuevos, y ver las potencialidades de muchos lugares que hoy son tenidos por irredentos. Mi afición es, precisamente, descubrir esos lugares en cada barrio...pero, en fin, sólo tenemos puesta la vista en la calle Larios.

¿Cuál es para usted el modelo de ciudad que más le haya sorprendido?

Curitiba, en Brasil: cómo se puede hacer de la nada una ciudad moderna, habitable, ecológica, ejemplar en su transporte público... Es la obra de un gran alcalde- arquitecto, un alcalde de referencia mundial, Jaime Lerner.


¿Qué proyectos tiene Málaga pendiente?


El Guadalmedina, el Auditorio, el soterramiento del Paseo de los Curas, el bulevar del ferrocarril, la incorporación a la ciudad del muelle 4 del Puerto....

Si de usted dependiera, ¿qué edificio de la ciudad de Málaga echaría abajo?

Uno al lado de la Iglesia de San Juan, otro en la ladera de Gibralfaro, algunas barriadas periféricas de los sesenta...Al chalet de la Ronda Exterior que alguien bautizó como "Xanadú" lo cercaría y pondría un cartel explicativo: "quintaesencia del malagueño ladrillero hecho a sí mismo: especie protegida"

Le invitamos a soñar. Enuncie un proyecto posible o imposible para la ciudad de Málaga.

Un proyecto en el que cada zona, cada barrio o distrito tuviera un edificio de gran calidad arquitectónica, sede de oficinas para una eficaz descentralización administrativa y de un equipamiento cultural de carácter metropolitano: unos referentes que descentralizaran la Cultura por toda la ciudad y generara sentimientos de orgullo y pertenencia del ciudadano a sus ámbitos domésticos y cotidianos, deshaciendo ese atroz modelo que hace de la mayor parte de Málaga una ciudad-dormitorio.