SISTEMA JUDICIAL. JULIÁN MALLADA

¿Tenemos un buen sistema judicial?
Estoy convencido de que ante esta pregunta muchos ciudadanos responderían que sí, lo triste es que en la mayoría de los casos sería por simple desconocimiento debido a que por suerte, nunca han tenido que acudir a un órgano judicial para hacer valer sus derechos, reclamar alguna deuda, etc.

A diferencia de otras instituciones como educación, sanidad o hacienda, la justicia puede que no sea visitada en la vida por un ciudadano medio salvo en los casos de acudir al registro civil a por una partida de nacimiento y poco más.

Pero, ¿qué ocurre si te ves ante la necesidad de acudir a un proceso judicial? Puede que tengas un inmueble alquilado y los inquilinos te adeuden varias mensualidades sin tener la menor intención ni de pagar ni de abandonar el inmueble, o que tu empresario no te pague, o que te hayan estafado, robado, etc. Ahí empieza el calvario de la justicia, las innumerables formalidades, esperas, requisitos, lenguaje dieciochesco que está totalmente desfasado…

En mi opinión ese es el gran quid de la cuestión, es decir, como la mayoría de los ciudadanos no se ven implicados en procesos judiciales, y por ende los votantes, los políticos miran para otro lado e invierten nuestros impuestos en quehaceres más vistosos y palpables, en definitiva, y perdón por la invención: “votables”

Supongamos que en educación las cosas van mal y se realiza una huelga por parte del cuerpo docente; el caos sería impresionante, puesto que el primer problema que tiene el trabajador de a pie es dónde dejar a su niño mientras sus progenitores trabajan. El cabreo sería monumental y la mirada hacia los políticos inmediata, exigiendo una solución rápida, lo mismo ocurriría en sanidad si se suspenden la cantidad de operaciones, pruebas, etc.

Pero, ¿qué ocurre con la justicia? La mayoría de la gente no se enteraría puesto que no les toca de cerca, eso sí, hasta que te toca, ahí es cuando descubres cómo funciona esto, TIEMPO, TIEMPO y MÁS TIEMPO.

Las leyes no se adaptan a la realidad social, y siempre van por detrás. Hemos de caminar hacia una justicia ágil, y tecnológicamente avanzada como se recoge en la carta de derechos de los ciudadanos ante la administración de justicia.

La tecnología no ha llegado a los juzgados, es impresionante que una persona en busca y captura pueda pasearse por una sede judicial e incluso ir a interesarse por una de sus múltiples causas a un juzgado y salga por su propio pie, simplemente porque en el juzgado buscado no haya entrado y sí en el de al lado, puesto que no hay aún un sistema que te permita enlazar ambas informaciones; y lo lamentable es que ese sistema no esta aún por inventarse, sino que no se utiliza porque puede que no interese, porque muchos de los ciudadanos también habrán tenido la desgracia de haber sido investigados por la agencia tributaria pero, amigo con HACIENDA HEMOS TOPADO, en cuanto teclean tus datos personales sale hasta el dato más insignificante. ¿Por qué uno sí y otro no?

Porque un preso no da dinero sino al contrario, genera un gasto en una cárcel mientras que los ciudadanos en libertad pagan impuestos y más impuestos.

En la sociedad de la información, de las tecnologías y del futuro, la justicia aún vive en el siglo XVIII y quizás los políticos se acuerden algún día de ella, aunque permítanme ser escéptico, o al menos dudarlo mientras la justicia sea un ámbito que no dé VOTOS.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta mucho el artículo, entonces, ¿crees que el caso Mari Luz ha servido de algo?

Daniel Gómez Aguilar dijo...

Desde mi punto de vista el principal problema del sistema judicial es su propia "debilidad", lo que provoca que "muchos" delincuentes de otros países "se vengan a refugiar a España", al tiempo que defiende medidas como penar la mentira para quien comete un delito serían "un recurso más" que poder aplicar en casos como el de Marta de Castillo, cuyo asesino confeso ha llevado a las fuerzas de seguridad a buscar su cuerpo en el río Guadalquivir y en el vertedero de Alcalá de Guadaira (Sevilla) sin resultados.
A donde vamos a llegar?