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CENSURA. SERGIO RUIZ ANTORÁN

LA CENSURA

La peor censura es la propia. La que hacemos para no sufrir ‘represalias’. Son mordazas a nuestra libertad, a nuestro derecho a informar, a nuestra dignidad profesional y personal. Esconderse o no decir la verdad para proteger los intereses es un vicio antagónico al buen periodismo. La otra, la externa, es menos maliciosa porque señala los miedos del censor, su debilidad, y pese al imponer barreras no frena la escurridiza libertad del buen periodista.

DOS CANTERAS Y UN DESTINO. SERGIO RUIZ ANTORÁN.

DEPORTE Y VALORES
PUBLICADO EN http://puertatras.wordpress.com/

La Federación España de Baloncesto alteró esta temporada el modelo de los Campeonatos de España de categorías de formación. Eliminó la fase previa de intersectores y amplió de 12 a 32 los equipos participantes, provocando de esta forma que todas las federaciones presentaran al menos un representante y dos o tres aquellas comunidades con más licencias, además del organizador.

BIN LADEN Y LA LIBRE EXPRESIÓN EN LA NBA. SERGIO RUIZ ANTORÁN

DEPORTE Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

La noticia del asesinato de Osama Bin Laden ha colapsado la agenda informativa mundial. La intrigante y enigmática ‘captura’ del Enemigo Número 1 de los Estados Unidos fue recibida con fervor patriótico en el país que gobierna un Premio Nobel de la Paz, Barack Obama. O por lo menos esas imágenes de calles convertidas en caudal de euforia y viento bailando con banderas de barras y estrellas son las que han fijado los canales internacionales en nuestra retina.

DOS FORMAS DE HACER CIUDAD. SERGIO RUIZ ANTORÁN

DOS FORMAS DE HACER CIUDAD
http://puertabierta.wordpress.com
Ser de una ciudad y vivir en otra, ser un inmigrante en tu propio país, te da una doble visión de todo. Siempre comparas lo que fue con lo que es. Más si, como mi caso, ambos espacios tienen demasiados lugares comunes. Yo soy de Zaragoza y vivo en Málaga. Son dos urbes con bastantes coincidencias: un tamaño similar (600.000 habitantes), con ansias de crecer, algo acomplejadas por no terminar de ser una gran metrópoli, con un toque provinciano… A esta lista de contrapone una serie de diferencias notables: tan obvios como que una es una ciudad costera y la otra netamente interior, hasta la tópica polaridad Norte/Sur, o económicas como el entramado industrial frente al ladrillo y el turismo, los días de Sol y buen tiempo…

Hace unos meses, a colación del gasto municipal y el déficit de los Ayuntamientos, el Gobierno de Zapatero aireó la clasificación de ciudades más endeudadas del Estado. Zaragoza y Málaga entraban en el podio sólo superadas por Madrid en términos de gasto. Al conocer este dato me entró la curiosidad de saber en qué leches se habían gastado los gobernantes malacitanos el dinero. En Zaragoza, en los últimos años y con el impulso de la Expo, la transformación es visible, así como el gasto: se ha convertido en una ciudad más habitable, con nuevas infraestructuras, nuevos espacios para el bienestar ciudadano, se ha construido un modelo de ciudad más moderno y dirigido al goce de los zaragozanos. En Málaga no encuentro estas señas y sigo sin entender en qué se han gastado la pasta. Me sigue pareciendo una ciudad gris, sin un horizonte próspero y con falta de impulso hacia el futuro.

Pongo como ejemplo el desarrollo del carril bici. Puede parecer algo tonto, pero me parece significativo para encuadrar ambas realidades. En Zaragoza se veía como un estorbo esta cuestión y los políticos municipales accedieron a desenrollar kilómetros de vías para las dos ruedas en zonas poco transitadas como cinturones viales o barrios periféricos. Pero la Expo lo cambió todo. La necesidad de dar una imagen de ciudad sostenible y moderna llevó a alargar los tramos de carril bici y a organizar un sistema de alquiles de bicicletas, como ya existía en Barcelona o Sevilla. El éxito fue tremendo y ahora es habitual ver a ciclistas yendo de un lugar a otro, utilizando este medio de locomoción para ir a trabajar, para trasladarse de un lugar a otro y no como un medio lúdico. Fue una de las mejores herencias de la decepcionante Expo. Ahora los carriles le comen terreno a los coches con el apoyo de la población que ve el beneficio a esta iniciativa. Crece el civismo y bajan los coches por el centro. El cambio parece para bien.

En Málaga el alcalde se ha empecinado en seguir esta línea. Tiene su lógica. Málaga es una ciudad totalmente llana y que cuenta con un clima propicio para ir en bici, para nada comparable con los días de cierzo que sufren los zaragozanos. Sin embargo, el carril bici, que está excluido del centro de la ciudad y está sin completar, con muchos tramos en el aire, es visto por la mayoría de los malagueños como un elemento hostil, una cosa inútil que ha reducido el espacio para aparcar. Es el enemigo. Argumentan que pocos usuarios lo utilizan. Es verdad. Falta promoción. No les falta razón por la mala estructura del trazado y porque en Málaga se sigue viendo la bicicleta como una forma de pasar las horas de fin de semana con los niños y no como un método para ir al trabajo. Y para eso ya hay kilómetros de paseo marítimo. Eso provoca una falta de civismo alarmante para lo que sí utilizamos este servicio. Coches aparcados en el carril, señores y señoras andando sobre él y mosqueándose si pasas cerca de ellas, basura tirada en el recorrido que debes esquivar para no caerte y continuos comentarios amenazantes hacen que el ciclista se sienta poco querido. La bici es algo malo.

La diferencia es manifiesta. Sé que es un ligero detalle y que el análisis puede caer en la comparación de grandes números, pero también creo que es una forma de transmitir la idea de ciudad que los diferentes gobiernos quieren desarrollar. No digo que el modelo de Zaragoza, que necesito de una Expo especulatoria para avanzar todos los años de retraso que se llevaban por culpa de los propios políticos, sea el mejor, pero sí que se avanza hacia una ciudad para los ciudadanos y no hacia un rumbo indeterminado y en el que, parece, que más valen las estadísticas de cara a las elecciones (fulanico hizo XX kilómetros de carril bici) que el verdadero disfrute de sus habitantes.

LA MECHA TUNECINA. SERGIO RUIZ ANTORÁN


LA MECHA TUNECINA. SERGIO RUIZ.
http://puertabierta.wordpress.com

Essaouira es un lugar ideal para perderse. A dos horas y media en coche de Marrakech, suele ser una excursión de un día programada por las agencias que realizan circuitos por Marruecos. Meca del surf, antiguo enclave portugués, su muralla, sus bastiones y su laberíntica medina han sido escenario de películas. Su puerto pesquero, con barcazas de azul intenso, recibe toneladas de pescado fresco que los visitantes pueden disfrutar en los tenderetes al aire libre de la plaza principal. La fuerza del turismo ha descubierto un enclave que ha perdido parte de su exotismo hippie ocupado por puestos de venta de souvenirs.

CINE. SERGIO RUIZ ANTORÁN

BALADA TRISTE DEL CINE ESPAÑOLLlevo un par de años escuchando que al cine español lo soportan los nombres propios, directores que con su tirón palian la escasa afluencia a las salas que tienen los títulos nacionales. El año 2009 fue bueno porque estrenaron Almodóvar y Amenábar, las dos ‘marcas’ más populares del producto denominado como ‘cine español’, un producto que vende poco y con fama pésima.

En este año que ahora termina hemos tenido que esperar a los meses de otoño e invierno para ver por las salas dos películas con firmas con pedigrí. Hablo de Amador de Fernando León de Aranoa y Balada Triste de Trompeta de Alex de la Iglesia (no añado a Julio Medem y su Habitación en Roma porque ya hablé de ella). No creo que las cifras de entradas vendidas en plena crisis estallen gracias a estos dos títulos, pese a la buena y copiosa promoción que han tenido. Ambos largometrajes no conquistan (tampoco lo hizo Los abrazos rotos), pero serán de lo más visto junto a títulos más comerciales y soportados por actores, muchos jóvenes orientados a un público adolescente y palomitero, del ámbito televisivo.

Tanto Amador como Balada triste de trompeta son films facilmente distinguibles por su firma, son obras reconocibles de sus directores, una en el ámbito social, con ese humor humano, y la más reciente alcanza el delirio del cine fantasioso y la comedia más bruta y con tintes gore. Ambas son expresiones que mantienen una línea de trabajo de sus creadores, pero que no despuntan con respecto al resto de su trayectoria. Se quedan en una versión sin alma de títulos anteriores, como el caso de Amador, en la que encuentras las huellas identificativas del cine de León de Aranoa, pero sin la brillantez del guión de Familia o la contundencia de Los Lunes al sol o Barrio.

A Alex de la Iglesia le ocurre parecido, pero diferente. Ha plasmado todas sus paranoias personales en una película que alcanza el extremo en su expresividad, con un guión delirante y con guiños históricos, que no consiguen acercar a la realidad a una historia difícil de digerir si no eres fanático del estilo del director. O eres o tienes una mente tan retorcida como la de Tarantino, claro.

En medio de la controversia por el traspié de la Ley Sinde y con los ecos de una posible destitución de la ministra del cine, el año se cierra sin grandes esperanzas de que el rumbo del cine español cambie de cara. Habrá que esperar a la siguiente de Amenábar y Almodóvar.

GENERACIÓN KILL, LA FICCIÓN REAL SOBRE LA INVASIÓN DE IRAK


ARTÍCULO PUBLICADO EN EL BLOG LA PUERTA ABIERTA. SERGIO RUIZ ANTORÁN


Brillan al sol del desierto las gafas doradas que luce el conductor del Humve. Bailando por el efecto de los baches de una arenosa senda al infierno, como un Elvis Presley traspasando las dunas hacia Las Vegas, el marine no para de hablar o cantar, anima el recorrido lento y pesado a sus cuatro acompañantes armados y que revisan su flanco en busca de un objetivo al que disparar. El dicharachero conductor esgrime su propia teoría para explicar qué hacen allí.

LA MIRADA. SERGIO RUIZ ANTORÁN


LA MIRADA. EN EL BLOG LA PUERTA ABIERTA. SERGIO RUIZ ANTORÁN

Pasadas a las ocho Maruja venía a recoger a Ricardito, el mejor amigo de mi Fermín. En casa hacían los deberes y, si terminaban la tarea a tiempo, les dejaba engancharse un rato a la Play. A Maruja, vecina de la casa de enfrente, me dejaba al niño desde que su marido se estampó con el camión cargado de orujo y la dejó tranquila, sin moratones y con su sonrisa gaditana y el papelón de un adolescente en flor.
Trabajaba en una peluquería en el centro y por las tardes le hacía de niñera de su criatura de doce años. Hasta hace unas semanas le había negado la propina por el cargo de los bocadillo de Nocilla que Ricardito devoraba con ojos golosos, pero ahora me cobraba las rebanadas con un corte moderno a la semana y una sesión de depilación que aún me daba vergüenza pedirla. ‘Aguanta, hermosa, que el dolor ya te lo compensará tu Antonio con polvos mágicos’, acompañaba Maruja a cada tirón de cera.
A la despedida corría al dormitorio. Me sentaba en penumbra en la silla, esperando que pasaran los minutos, frente a las dos camas, separadas desde hace años, cuando Antonio prefirió los susurros deportivos de la radio al roce de mi cuerpo en ruinas. Sobre la colcha descansaba muda su ropa, preparada para la mañana siguiente, ausente como él, silenciosa e ignorante de mi nuevo peinado y del secreto imberbe de mis ingles, como de tantas cosas.
Nerviosa, un chasquido metálico al otro lado de la ventana me anunciaba el momento. Corría indiferente las cortinas para invitar la compañía del atardecer mientras desbotonaba la blusa y dejaba deslizarse la falda hasta el frío de la baldosa. Cuidadosamente retiraba las medias, el sujetador y las bragas nuevas que había comprado en el mercadillo. Apuraba los segundos hasta disfrazarme con la bata, sabedora que por las rendijas de la persiana vecina se colaba la mirada curiosa de un niño de doce años que iluminaba un paraíso perdido con sus ojos golosos.
SERGIO RUIZ ANTORÁN

LA RESPUESTA. SERGIO RUIZ ANTORÁN

LA RESPUESTA
Al salir del agujero, el filtro de las gafas de sol defendió sus ojos de los contínuos flashes y de las filas de dientes postizos sedientos de un par de puntos más en los sondeos. Unas sonrisas hechas hombre despachaban abrazos en la ridícula silueta que no engañaba la verdad de que nunca antes se habían puesto uno de esos cascos. El enjambre de preguntas dejó de zumbar cuando el señor presidente le invitó a romper el silencio de meses de oscuridad ante los ojos del Mundo.
Y señalando el agujero, les dijo:
–¡Ya pueden ir pasando ustedes! ¡Hay sitio para todos!
SERGIO RUIZ ANTORÁN

EL REFLEJO. SERGIO RUIZ ANTORÁN

EL REFLEJO. SERGIO RUIZ ANTORÁN. ARTÍCULO PUBLICADO EN EL BLOG PUERTAABIERTA.WORDPRESS.COM
Ese del reflejo soy yo. Yo. Ese otro yo en el que me había convertido. Ese al que los años le caen hoyando arrugas por el rostro y la ceniza de los inviernos pasados han blanqueado el pelo de cansancio. Me reconozco. Soy yo, ese viejo yo.
Reconozco también viejas y desgastadas las calles que aparecen ante mí como un cine móvil al otro lado de mi reflejo.


El recorrido es el mismo que hace cuarenta y cinco años hacía lento el tranvía, parada tras parada hasta los lindes de una ciudad que ahora se extendía hasta lo que antes era campo y tierra de pastores. La memoria quería reconocer en esquinas y callejones el barrio que desgastó mis alpargatas hasta que llegara la hora de recogerte ante la mirada inquisitiva de tu madre para ir a misa, a escuchar tus sueños de libertad en el paseo, para gastar las dos perras gordas del jornal en pasteles y violetas que prendías en mi ojal antes de apartarte de mi brazo para entrar en la iglesia.

Igual que aquel día, ese que, entre sollozos, me confesaste que era nuestro último domingo juntos, que tus padres querían que el siguiente fin de semana os subiérais al pueblo para conocer a un primo heredero que sería tu marido ese verano.

El vivo color de las violetas palidecían aún más el rostro de este pobre viudo entre los chillidos de unos adolescentes que volvían del colegio en el mismo autobús que remontaba la avenida principal del barrio. La siguiente era mi parada. Había comprobado la dirección en el listín, buscando el nombre de tu marido, el primo rico del pueblo con el que esos años te había visto pasear callada por el centro, el mismo nombre que, unos días atrás, había encontrado entre los obituarios del periódico.

SERGIO RUIZ ANTORÁN

LAGARTAS Y NAZIS. SERGIO RUIZ ANTORÁN

LAGARTAS Y NAZIS. SERGIO RUIZ ANTORÁN
Acabo de hacer un zapping por este maravilloso mundo de la TDT, que es como el rastrillo de la tele por satélite para uno que ha estado acostumbrado durante años al maná ‘engañifa’ del Canal Plus.


La revolución antianalógica, el futuro cateto digital, que como una plaga mesiánica nos llena de pixeles nuestra vida y nos alimenta la mentira de un mundo lleno de posibilidades con canales en los que las cadenas y productoras echan todo eso que les sobra. Cubo de basura en el que hambrientos buscamos un cuscurro de inteligencia que llevarnos a la boca. Reciclaje televisivo, salvo raros ejemplos públicos de tematismo recurrente.

En mi zapeo he ingerido una dosis de ‘Mujeres Ricas’. No sé si es el objetivo de La Sexta, pero a mí este programa y su primo de ‘¿Quién vive ahí?’ me dan unas ganas tremendas de hacerme anarcosindicalista y saltar a la calle con una antorcha encendida para devastar el barrio rico de la ciudad. Viendo la que está cayendo por el mundo, contemplar las excéntricas vidas de estas señoras y mariditos de éxito financiero cuya preocupación y la de su prole consiste en saber cuántos euros pueden derrochar ese día en un consumismo enfermizo, parece un acto de masoquismo para todos aquellos que llenarían la nevera un año con lo que se gastan en productos faciales estas musas y musos televisivas de la posmodernidad en una semana.
Para no convertirme en un ácrata y lanzarme al cuello de la tele, le doy a la tecla y naufrago en las profundidades del dial. Caigo en un programa de Intereconomía. Justo el mismo en el que hace una semana un tertuliano llamó guarra a la Consejera de Educación de la Generalitat. El señor lenguaraz, icono del machista retrogado de la sociedad que este canal tiene como público objetivo, se ha ausentado del programa de hoy porque está abrumado por lo que le ha caído encima y es baja al igual que el típico tertuliano del otro bando (del PSOE en este caso) que sirve de saco para recibir todos los golpes con estoíco sentido de la democracia.

Me encuentro ante mí a un tipo que parece Mario Conde y que es Mario Conde, desgastado y sin Julia Otero haciéndole la precampaña, hablando fuera de la cárcel del dinero que están robando los socialistas. Habla un experto. A su lado hay un presentador que pienso que vi en la tierna infancia en una viñeta de Pedro Alcázar y Pedrín haciendo de policía bueno, bueno para la época. Gente cívica. Comentan las noticias que al día siguiente van a publicar ABC y La Razón, mientras ensalzan a sus ausentes compañeros y una carga de sms aplauden la gallardía del señor de la ‘guarra’. Mi ejercicio de tolerancia televisiva es contraproducente para sofocar mi anterior brote pirómano y tengo que controlarme para no coger del cuello al mechero y lanzarme a la quema de terratenientes, gobernadores civiles y gente del clero.

Antes de mi transformación en Molotov acierto a darle a otra tecla del mando a distancia y encuentro una solución. Echan en un canal autonómico una retrospectiva de ‘V’. Mi pulso se suaviza con la contemplación de ese cardado, esas hombreras y esas mallas. ¿Y si todos los UFOs fueran unos frikis ochenteros del carajo? Un mundo lleno de extraterrestres con piel de lagartija con unas jefas tan malas malísimas y jamonas, con esa vestimenta entre el vídeo de Thriller y las SS, que quieren acabar con la raza humana en sus platillos volantes hechos con papel albal que dan la risa en nuestra hiperavanzada cultura visual, que no de la otra, un mundo que, de repente, me parece mucho más maravilloso y humano que el que me ofrecían los otros canales y eso que me ofrecían la misma receta: lagartas, que diría mi abuela, y lagartos y nazis.

SERGIO ANTOLÍN