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BARRIOS DE SEGUNDA. LAURA TERUEL

BARRIOS DE SEGUNDA
No todos podemos vivir en calle Larios. Pero, si en vez de poder ver al Cautivo procesionar desde nuestro balcón, contemplamos un jardín público, puede compensar; si aparcar y circular por nuestro barrio no reviste problemas o, si en lugar de convivir con la historia de la ciudad formamos parte de su futuro, con las mejores instalaciones, no será tan mala idea vivir en el extrarradio. El problema es que muchos malagueños no tienen ni una cosa ni la otra y se sienten ciudadanos de segunda, con los mismos impuestos de primera.

NO ES LO MISMO PEDIR QUE EXIGIR. ANTONIO DE MIGUEL ANTÓN

¿PEDIR O EXIGIR?
Siempre que veo una casa en ruinas no puedo dejar de pensar en la cantidad de cosas que habrán ocurrido dentro de sus muros y tejado. Penas, alegrías, risas, llantos, gritos, silencios…tantas historias. Es una lástima que se abandonen y se echen a perder esas casas, algunas son verdaderas maravillas, son verdaderos patrimonios y en ocasiones, muy emblemáticas. Siento que cuando alguien abandona y pierde una de estas casas, todos perdemos algo.

Nuestra Constitución está en ruinas, se cae. Y lleva avisando que se cae hace ya algún tiempo. Tiene verdaderos problemas estructurales. Es necesario rehabilitarla, para que no se caiga un día un cascote y haga daño a alguien. Es fundamental y urgente por seguridad y por higiene acometer una reestructuración integral.

PEATONALIZACIÓN. JOSÉ MANUEL BAENA GALLÉ


EL PEATÓN EN LA CIUDAD DEL “PROGRESO”
Uno de los temas de mayor debate público en los últimos tiempos es el relativo a los procesos de peatonalización en las diferentes ciudades. Desde instancias políticas se ha querido plantear que éste es un fenómeno indicativo y privativo de ciertas ideologías y que son actuaciones concretas de algunos partidos políticos. Pero lo cierto es que con mayor o menor ímpetu todas las grandes ciudades de nuestro país están viviendo estos cambios, sean cuales sean los partidos que las gobiernan.

DOS FORMAS DE HACER CIUDAD. SERGIO RUIZ ANTORÁN

DOS FORMAS DE HACER CIUDAD
http://puertabierta.wordpress.com
Ser de una ciudad y vivir en otra, ser un inmigrante en tu propio país, te da una doble visión de todo. Siempre comparas lo que fue con lo que es. Más si, como mi caso, ambos espacios tienen demasiados lugares comunes. Yo soy de Zaragoza y vivo en Málaga. Son dos urbes con bastantes coincidencias: un tamaño similar (600.000 habitantes), con ansias de crecer, algo acomplejadas por no terminar de ser una gran metrópoli, con un toque provinciano… A esta lista de contrapone una serie de diferencias notables: tan obvios como que una es una ciudad costera y la otra netamente interior, hasta la tópica polaridad Norte/Sur, o económicas como el entramado industrial frente al ladrillo y el turismo, los días de Sol y buen tiempo…

Hace unos meses, a colación del gasto municipal y el déficit de los Ayuntamientos, el Gobierno de Zapatero aireó la clasificación de ciudades más endeudadas del Estado. Zaragoza y Málaga entraban en el podio sólo superadas por Madrid en términos de gasto. Al conocer este dato me entró la curiosidad de saber en qué leches se habían gastado los gobernantes malacitanos el dinero. En Zaragoza, en los últimos años y con el impulso de la Expo, la transformación es visible, así como el gasto: se ha convertido en una ciudad más habitable, con nuevas infraestructuras, nuevos espacios para el bienestar ciudadano, se ha construido un modelo de ciudad más moderno y dirigido al goce de los zaragozanos. En Málaga no encuentro estas señas y sigo sin entender en qué se han gastado la pasta. Me sigue pareciendo una ciudad gris, sin un horizonte próspero y con falta de impulso hacia el futuro.

Pongo como ejemplo el desarrollo del carril bici. Puede parecer algo tonto, pero me parece significativo para encuadrar ambas realidades. En Zaragoza se veía como un estorbo esta cuestión y los políticos municipales accedieron a desenrollar kilómetros de vías para las dos ruedas en zonas poco transitadas como cinturones viales o barrios periféricos. Pero la Expo lo cambió todo. La necesidad de dar una imagen de ciudad sostenible y moderna llevó a alargar los tramos de carril bici y a organizar un sistema de alquiles de bicicletas, como ya existía en Barcelona o Sevilla. El éxito fue tremendo y ahora es habitual ver a ciclistas yendo de un lugar a otro, utilizando este medio de locomoción para ir a trabajar, para trasladarse de un lugar a otro y no como un medio lúdico. Fue una de las mejores herencias de la decepcionante Expo. Ahora los carriles le comen terreno a los coches con el apoyo de la población que ve el beneficio a esta iniciativa. Crece el civismo y bajan los coches por el centro. El cambio parece para bien.

En Málaga el alcalde se ha empecinado en seguir esta línea. Tiene su lógica. Málaga es una ciudad totalmente llana y que cuenta con un clima propicio para ir en bici, para nada comparable con los días de cierzo que sufren los zaragozanos. Sin embargo, el carril bici, que está excluido del centro de la ciudad y está sin completar, con muchos tramos en el aire, es visto por la mayoría de los malagueños como un elemento hostil, una cosa inútil que ha reducido el espacio para aparcar. Es el enemigo. Argumentan que pocos usuarios lo utilizan. Es verdad. Falta promoción. No les falta razón por la mala estructura del trazado y porque en Málaga se sigue viendo la bicicleta como una forma de pasar las horas de fin de semana con los niños y no como un método para ir al trabajo. Y para eso ya hay kilómetros de paseo marítimo. Eso provoca una falta de civismo alarmante para lo que sí utilizamos este servicio. Coches aparcados en el carril, señores y señoras andando sobre él y mosqueándose si pasas cerca de ellas, basura tirada en el recorrido que debes esquivar para no caerte y continuos comentarios amenazantes hacen que el ciclista se sienta poco querido. La bici es algo malo.

La diferencia es manifiesta. Sé que es un ligero detalle y que el análisis puede caer en la comparación de grandes números, pero también creo que es una forma de transmitir la idea de ciudad que los diferentes gobiernos quieren desarrollar. No digo que el modelo de Zaragoza, que necesito de una Expo especulatoria para avanzar todos los años de retraso que se llevaban por culpa de los propios políticos, sea el mejor, pero sí que se avanza hacia una ciudad para los ciudadanos y no hacia un rumbo indeterminado y en el que, parece, que más valen las estadísticas de cara a las elecciones (fulanico hizo XX kilómetros de carril bici) que el verdadero disfrute de sus habitantes.

PGOU MÁLAGA. SERGIO RUIZ MATEO


PGOU: sangre, sudor y lágrimas.
El fin del 2010 trajo por fin una buena noticia a la asolada economía malagueña: el visto bueno, por parte de la Junta de Andalucía, del documento básico de planificación de la ciudad de Málaga para los futuros años, el Plan General de Ordenación Urbana. Podríamos decir, a riesgo de usar tópicos literarios, que sangre, sudor y lágrimas ha costado que un documento tan importante para el desarrollo de la ciudad y por tanto para su economía concite el acuerdo entre los principales partidos encargados de esta elaboración que más tiene de consenso político y negociación que de estudio y planificación estrictamente urbana y territorial.


MÁLAGA 2028. SERGIO RUIZ MATEO

MÁLAGA 2028
Durante la Edad Media la construcción de una catedral se convertía en la materialización de un esfuerzo colectivo, en un motor de piedra que aunaba el esfuerzo de hombres y mujeres de diferente condición y estatus social. Contribuían a ella el clero, la nobleza, los gremios, las cofradías, es decir, el conjunto completo del cuerpo social, con un fin espiritual y material a la vez, pues una catedral representaba la prosperidad y nobleza de una ciudad, pero también la creaba y la atraía, convirtiéndose en centro y escenario de todo tipo de actividades.

Las ciudades pugnaban entre sí por llevar a buen término el proyecto más audaz, y el perfil inconfundible que cada templo daba al caserío que le rodeaba era, más que cualquier carta de privilegio o circunstancia económica, el que proporcionaba el estatus simbólico de ciudad.
Al declinar el medievo y con los nuevos aires del mundo moderno, aquellos que sin embargo evocaban el antiguo antropocentrismo, nuevos matices se vertieron sobre el hecho de levantar estas hazañas constructivas. Las catedrales, además de representar un esfuerzo ciudadano, venían a ilustrar el poder de la Iglesia Romana triunfante, asediada empero por las corrientes reformistas del norte de Europa.
La catedral de Málaga se enmarca en este periodo de transición, nacida en los estertores de la edad Media y levantada entre los siglos XVI y XVIII. Su prolongado periodo de construcción en modo alguno debe entenderse como algo inaudito, sino como un hecho consustancial a las catedrales, cuyas obras por lo general solían alargarse varios siglos. Tampoco es inusual que los trabajos se paralizasen sin concluir los proyectos originales. Este es el caso de la Iglesia Mayor de Málaga, inconclusa en múltiples elementos, de los cuales la torre meridional es sin duda el más llamativo.
Hoy día, los desafíos arquitectónicos poco tienen que ver con los templos medievales, renacentistas o barrocos. Las ciudades se afanan en erigir los nuevos templos de la modernidad, contenedores de las actividades comerciales, empresariales, de transportes y culturales. Pero curiosamente, la ciudad actual vive inmersa en un proceso intenso de cambios que estan desnaturalizándola. Nada más lejos del tradicional concepto de polis o de comuna urbana que la ciudad difusa posmoderna.
Yo abogo por recuperar ese espíritu que hacía a los individuos miembros activos de una comunidad ciudadana, un espíritu que, en contra de lo que muchos pudieran creer, no es arcaico ni obsoleto, sino intemporal, puesto que se ha expresado de diversas formas a lo largo de diferentes periodos, desde Grecia a la actualidad. Hacen falta estrategias para recuperar ese espíritu que infundió en nuestros antepasados la audacia necesaria para iniciar empresas sorprendentes. Quizás concluir una catedral inacabada sea una buena forma de recuperar ese universal espíritu en nuestra propia ciudad. ¿Y por qué no?
Terminar la catedral de Málaga es un sueño del que muchos malagueños somos partícipes. La ciudad ha sido apartada recientemente de la carrera por la capitalidad cultural de 2016. Construir entre todos la segunda torre sería un medio inmejorable de redimirnos del fracaso y superar esa decepción, construir ciudad mediante la cultura, puesto que nada es mejor que los retos colectivos para reforzar la cohesión de una sociedad que entendería el evento como un medio a través del cual se consiguen logros concretos y permanentes. Logros que encumbran proyectos, cierran ciclos y cicatricen derrotas, para abrir la ciudad a una nueva realidad cultural más allá del periodo cronológico de un evento, que hubiera sido importante, sí, pero que no dejaba de ser un fenómeno coyuntural. La cultura y los desafíos que lleva implícitos deben ser estructurales, no coyunturales.
Pero sobre la finalización de la Catedral hay posturas encontradas, como no podía ser de otro modo en una ciudad abierta y viva como la nuestra. A mi modo de ver son tres los principales argumentos que se oponen a la conclusión del monumento. El primero de ellos sería el que llamaríamos “conservacionista”, que otorgaría supremacía al carácter histórico-artístico del conjunto, dotándole de un carácter acabado y sacralizado, dado que expresa el tiempo y la mentalidad del momento o momentos en que fue construido, y en función del cual cualquier modificación actual en su estructura supone una alteración sustancial de ese espíritu del que es reflejo.
El segundo argumento en contra es el que podemos denominar “del impacto visual y psicológico”, que queda patente en la impresión que causaría en los malagueños el encontrarse, al cabo de pocos años, una nueva torre con la que quizás nunca llegarán a identificarse. Los otros elementos arquitectónicos del monumento, tales como torrecillas de los cubillos laterales, remate y frontón central, balaustrada de la cornisa, tejado, etc, serían sin embargo mucho más asumibles en este sentido.
Por último, queda el argumento económico, que es probablemente el de más peso pero no por ello el más importante (por lo menos no más importante que las dos anteriores cuestiones) si contemplamos el proyecto con la suficiente amplitud de miras, una amplitud que abarca siglos de historia de la ciudad y no una breve legislatura.
Tratemos de rebatir cada uno de los argumentos previos.
Contra el primero de ellos es necesario esgrimir que precisamente por su carácter histórico y sobre todo artístico, la expresión de su valor debe proclamarse a través de la totalidad de la idea, y no sólo en una parte de ella. Una obra de arte lo es en cuanto a obra acabada, y nada más respetuoso con la obra y los hombres que la diseñaron que concluir el proyecto. El que en el siglo XVIII se interrumpiera la construcción, no debe objetivarse como un hecho que paralice el devenir histórico, inamovible y eterno. Y en cualquier caso no tiene por qué ser más importante que el futurible de que se acabe en el siglo XXI. Deberíamos entender el fenómeno como una postergación, excesivamente larga en el tiempo, de un proceso dinámico que habría de continuar incluso una vez terminado el proyecto. La Catedral es un edificio vivo, producto de su tiempo pero no menos de los diferentes tiempos por los que ha transitado. Dejarla tal como la vemos hoy sería aceptarla como un organismo muerto, fosilizada en su incapacidad de expresarse plenamente.
Es cierto que a todos nosotros nos costaría reconocer el perfil de Málaga si la imaginamos con dos torres en la Catedral. A muchos no les importaría demasiado, pero para otros podría producir un efecto incómodo. Podemos relativizar este hecho si tenemos en cuenta que de los últimos quinientos años sólo los malagueños de los postreros doscientos han vivido con una sola torre. Los anteriores ni siquiera vieron la actual, y muchos fueron los que la conocieron sin el crucero. El impacto que nosotros recibiríamos sería ínfimo frente al gozo de las siguientes generaciones, que podrían disfrutar, como algo ya dado y de toda la vida, de una catedral conclusa. En cualquier caso, es posible minimizar el efecto psicológico si las obras se prolongaran lo suficiente como para que nuestra vista y nuestro espíritu se fueran adaptando suavemente, de manera que al acabarse la obra nos pareciese que la segunda torre ha estado ahí desde siempre, y que nos cueste recordar como eran las cosas antes (¿Quién añora ya, por ejemplo, la calle Larios con tráfico?). Visto lo que en nuestra tierra se alargan las grandes obras, no debe ser difícil marcarse un plazo amplio.
Queda por último el argumento económico. La financiación debería contemplarse como un esfuerzo mixto, público y privado, en el que participaran de forma proporcional Estado, Junta y Ayuntamiento. Junto a la participación pública, la ciudadanía debería asumir el protagonismo, canalizando por sí misma un proyecto que debe ser expresión de la energía de Málaga, tal y como ocurría en el pasado. Una asociación o comisión delegada, formada por personalidades independientes, ajenas al juego político, podría encabezar el proyecto buscando financiación a través de donaciones de empresas y particulares, fiestas, conciertos, casetas, venta de productos y cualquier otra forma imaginativa de obtener recursos. Se hizo una vez y puede volver a hacerse. Ya hemos dicho que el tiempo no es un gran enemigo. No es necesario un gran esfuerzo económico en tres o cuatro años intensos, sino un trabajo continuado y una voluntad decidida. La ciudad asumiría el proyecto como algo propio, un objetivo con el que sentirnos orgullosos y aun más identificados con nuestro patrimonio, puesto que el mismo sería resultado más que visible del empeño de un pueblo.
Otras ciudades así lo han hecho. Colonia concluyó las torres de su catedral a finales del siglo XIX y hoy sigue siendo uno de los templos más significativos del gótico alemán. También en esta centuria Barcelona finalizó la fachada de su principal basílica. La Almudena de Madrid, como bien podemos recordar, se consagró a finales del XX. Astorga presentaba un caso similar al de Málaga, con una torre inconclusa en la fachada principal, que fue finalmente erigida nada menos que en la tardía fecha de 1965. Pero el mejor ejemplo de gran templo en construcción es la Sagrada Familia, que en breve será consagrada por el papa y cuya edificación está aun lejos de finalizarse. Sus obras son parte habitual del paisaje barcelonés y no por ello pierden toda la fuerza creativa del genial Gaudí.
En 2028 se cumplirán 500 años desde que la Catedral nueva, la que hoy disfrutamos, iniciara su andadura por impulso de Bernardino de Contreras, provisor del obispo César Riario. Un año después de aquel 1528 se iniciaban las obras y esa andadura que aun no ha tenido su feliz destino. Una ciudad no es capital cultural porque lo decida una comisión. Es cultural porque así la construyen y la sienten sus habitantes, su ciudadanía. Más allá de los eventos y las efemérides, la cultura se manifiesta en la cotidianidad de los actos ciudadanos, en el día a día de las prácticas humanas donde el pensamiento y la creatividad toman contacto con la realidad. Pero la ilusión, el afán de altos logros y la identificación con proyectos colectivos pueden ayudar a reanimar una vida cultural algo aletargada, a sacudirse injustificados complejos y emprender el camino hacia nuevos horizontes. Es el momento de asociar la cultura al desarrollo, abandonar insostenibles propuestas basadas en la depredación del suelo y trabajar por alternativas productivas. De aquí al 2028 tenemos una nueva oportunidad de concluir nuestra catedral, o lo que es lo mismo, de iniciar la construcción de una nueva ciudad más imaginativa y sin lastres, tal y como la soñaron nuestros antepasados.
SERGIO RUIZ MATEO

PALACIO MARQUÉS DE LA SONORA


En referencia al especial que preparamos en el mes de Septiembre nos han llegado unas imágenes sobre los trabajos realizados en el Palacio Marqué de la Sonora que creemos muy importante publicar.

PALACIO MARQUÉS DE LA SONORA











































































































































ENTREVISTA SALVADOR MORENO PERALTA


SALVADOR MORENO PERALTA nació en Málaga, aunque por motivos familiares su familia se trasladaría a Pontevedra, Cartagena y, finalmente Madrid, donde estudió en el Colegio del Pilar por cuyas aulas han pasado personajes como José María Aznar, Pérez Rubalcaba o Fernando Savater. Estudió arquitectura y perteneció al círculo de Fullaondo le hizo conocer a gente como Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Antonio López García y Santiago Amón. En el año 69 fue detenido por un delito que no había cometido, y cuya pena fue su deportación a Málaga en el año 1972, donde conoció a su mujer y comenzó a trabajar como arquitecto. De su ejercicio profesional destacan proyectos como el Ayuntamiento de Torremolinos, el corralón de Santa Sofía, el Plan General de Ordenación Urbana de Málaga de 1983, que redactó con José Seguí y Damián Quero, el rescate del parador de San Rafael (sede de Turismo Andaluz) y el Centro de Formación e Industria del Ocio de Mijas. La música y la lectura son sus otras dos pasiones. Es habitual ver artículos suyos en la prensa malagueña.


Desde su punto de vista, ¿cuál es el panorama actual de la ciudad de Málaga a nivel urbanístico? ¿Es el PGOU aprobado provisionalmente en el pleno municipal de julio, el PGOU que Málaga necesita?


Desde el punto de vista urbanístico Málaga, como todas las ciudades, está buscando su propio camino para adaptarse a lo que verdaderamente es una crisis planetaria, no sólo económico financiera sino de valores y modelos de urbanidad. Las ciudades grandes empiezan a ser conceptos inabarcables desde el punto de vista anímico, y es en ese contexto donde hay que encontrar un hueco para ejercer la condición de ciudadano que, a mi juicio, va por conseguir un modelo de relaciones de proximidad, de coexistencia entre el ubicuo espacio de los flujos y las necesidades de convivencia y de contacto físico con los demás ciudadanos, relaciones de comunidad, en suma. La vitalidad de Málaga es mayor que la que cabe en sus planes urbanísticos. Pero no hay que mitificar el PGOU como si fuera un Libros Sagrado.


Me echo a temblar cada vez que los políticos hablan del PGOU como "modelo de ciudad", que no es más que una Arcadia obsoleta e imposible. Más bien lo que hay que tener es criterio para dirigir los procesos urbanos según un sistema de verificación-error, ser sensibles a las nuevas realidades que generan los desarrollos que se van produciendo. La realidad va cambiando, y no siempre de acuerdo con nuestras previsiones. Se trata de trasladar a la capacidad de criterio lo que otros confían a la rigidez de las normas. Hoy, en Málaga como casi en todas partes, planeamiento urbano es sinónimo de burocracia, y parafraseando al Horacio de Hamlet, hay más cosas en el cielo y en la tierra de una ciudad de las que caben en la filosofía de un PGOU.

Visto los enfrentamientos entre Ayuntamiento y Junta, ¿cree usted que la voz de los arquitectos y urbanistas es tenida en cuenta entre los políticos?

No mucho, porque el urbanismo de hoy está en manos de burócratas celosos de sus competencias gremiales cuando no amedrentados por la judicialización de la política. Los urbanistas y arquitectos de hoy se encuentran desconcertados, lastrados por unos modos de concebir la ciudad anclados en una sociedad post-industrial que han saltado hecho pedazos. A veces resulta patético ver cómo cambian de opinión en poco tiempo siguiendo las veleidades de la moda. Comprendo que muchos políticos desconfíen de los urbanistas. Aparte de esto, cada político con responsabilidad es un urbanista frustrado. No olvidemos que la arquitectura y el urbanismo son, quizás, las dos herramientas más representativas del poder, la forma más ostensible de perpetuar su memoria, desde los faraones hasta nuestros alcaldes.

Algunos puntos candentes han sido Arraijanal, la construcción por encima de las rondas o el palmeral de las Sorpresas, ¿cuál es su punto de vista?


El Arraijanal parte de una inexactitud interpretativa: proclamar que era Suelo No Urbanizable cuando en realidad estaba clasificado como Suelo Urbanizable No Programado desde el PGOU del 83. Y se clasificó así para cubrir la demanda turística de sol y playa de la que Málaga carecía cuando le segregaron Torremolinos. En urbanismo imperan los tópicos, y el del "pulmón verde" frente a los "especuladores" es uno de ellos, muy difícil de matizar y rebatir.


El Arraijanal será un gran parque al que habrá que ir con coche. Bueno. Mantenerlo como una gran zona libre para deportes, paseos, actos públicos, niños y ancianos, etc está muy bien, pero, sinceramente, desconfío de la capacidad que Málaga tiene para mantener y vigilar este tipo de cosas. La negativa a la construcción por encima de las rondas es otro de los tópicos. Lo que allí se ha planteado es asignar a la iniciativa privada, con una huella edificada concentrada y muy escasa, la regeneración del manto vegetal, el acercamiento del parque de los montes a la ciudad, fundir el medio natural con el urbano y dejar ese espacio sellado con ese modelo. Por otro lado la ronda no es más que un elemento artificial der tráfico, y no una barrera natural, pues si así se concibe, también lo hubiera sido la ronda Oeste y no se habría podido extender la ciudad por la llanada del Guadalmedina y el valle del Guadalhorce. Ha sido el triunfo del tópico frente al debate mínimamente científico.


El Palmeral de las Sorpresas fue una conquista ciudadana frente a la pretensión de construir en el muelle 2 un monstruoso Centro Comercial. El proyecto actual es brillante, pero con algo que el ciudadano percibe como un error: su cota de rasante, que obliga a mantener la valla, esta vez como protección, y no como separación entre el Puerto y la Ciudad, pero valla al fin y al cabo, cuya demolición en Málaga es una reivindicación histórica. La gente lo que ve es que no se puede pasar del Paseo de los Curas al Muelle. Tal vez el arquitecto autor del proyecto, enrasando el Palmeral con el Parque, haya hecho un guiño para impulsar en su momento el soterramiento del Paseo de los Curas, para que no se interfieran las comunicaciones rodadas (longitudinales), y las peatonales (transversales).

Si de usted dependiera, ¿qué proyectaría en el cauce el Guadalmedina?


Es un espacio para usos mixtos, con las funciones preponderantes de relacionar físicamente la Málaga Oeste con la del Centro. Es un espacio que debe reconocerse en su doble condición: lineal, en la medida en que es un eje (peatonal y viario) y fragmentario, en la medida en que son muy diferentes los trozos de ciudad que a él se asoman. Debe estar conectado con el Puerto desde el punto de vista viario, para dar salida hacia las Pedrizas a los tráficos portuarios (mercancías y cruceristas) sin pasar por la ciudad, coexistiendo con amplias zonas arboladas, peatonales y esparcimiento, en una gran variedad. Pero antes los ingenieros tienen que ponerse de acuerdo de una vez si el cauce puede ser total o parcialmente embovedado. Subyace aquí una interminable discusión de índole más gremial que técnica, que impide abordar un asunto satisfactoriamente resuelto en otros lugares como, por ejemplo, la rambla almeriense.

Otro debate es la disyuntiva entre arquitectura vertical y horizontal. ¿Por qué cree que en Málaga han encontrado tanto rechazo los rascacielos?

El rechazo a la edificación en altura creo que procede de los años sesenta cuando, con muy mala calidad, se hicieron grandes bloques que el imaginario colectivo se asimila con lo periférico, lo especulativo, incluso con lo cutre. Es otro tópico más. La edificación en altura concentra edificabilidad y libera espacio, si existe una proporción razonable entre la superficie y la altura. El problema es que, por su propia naturaleza técnica, el rascacielos exige una construcción costosa y de calidad. ¿Hay capacidad económica y de mercado en Málaga para abordar eso, y con qué, oficinas, viviendas...?

Una vez que el actual PGOU agotará prácticamente el suelo urbanizable del municipio, ¿Cuál es el futuro de Málaga, crecer a expensas de los polígonos (especialmente el del Guadalhorce) o reurbanizar la ciudad consolidada?

Las dos cosas. Es muy posible que algunos polígonos (los más céntricos) se transformen en barrios residenciales y es posible también que la actividad industrial (que aquí es fundamentalmente de talleres medianos y almacenes), se exporten a zonas logísticas del Área Metropolitana. Y, por supuesto, queda un amplio margen de transformación interna en la ciudad consolidada, y no me refiero sólo al Centro Histórico. En el futuro próximo tendremos que afrontar la rehabilitación de los Centros No Históricos, aquellos que las generaciones inmediatas han creado, no nuestros antepasados.

¿Es posible en nuestro tiempo grandes operaciones tipo apertura de Calle Larios, Avd. Andalucía o cualquier otra que suponga una trasformación radical de la ciudad consolidada?


Sí, por ejemplo el llamado bulevar del soterramiento del ferrocarril, que es una oportunidad única, si se hace bien, para vertebrar todo el gran arco del primer crecimiento malagueño hasta la Ronda Exterior. Las conexiones transversales que propicien esta intervención se van a dejar sentir en el funcionamiento de toda la ciudad. El eje del Guadalmedina, ya mencionado, es otra operación de enorme trascendencia, o una versión "monográfica" de todo el frente litoral, desde el Guadalhorce hasta el Rincón, pasando por, entre otros lugares pendientes de actuación, los Baños de Carmen.

Respecto al centro histórico, es palpable que, a pesar de los esfuerzos por reurbanizar calles y plazas, no se obtiene el mismo resultado en cuanto a la conservación del patrimonio arquitectónico. Observamos una y otra vez demoliciones, ya sean totales o parciales. Es lamentable el estado en el que se encuentran algunos edificios históricos como la casa donde nació Cánovas del Castillo. O el caso de barrios con calle angulosas por donde da miedo pasear

¿Qué falla para que no podamos conservar nuestro patrimonio arquitectónico y para no hacer reutilizables esos espacios?
Muy simple: de nuevo la burocracia, que es el cáncer de nuestro tiempo, nuestra región y nuestra ciudad. En este caso están, por ejemplo, los verdaderos abusos en los trámites arqueológicos, algo de lo que todo el mundo se lamenta pero nadie habla por miedo a lo políticamente incorrecto. Bien está la investigación arqueológica- y fui uno de los primeros en introducirla en el planeamiento general- pero no hasta el punto de que no existan plazos ni límites económicos para los propietarios de solares afectados por las excavaciones.


Urge una regulación en este sentido. Lo que no puede ser es que por una interminable búsqueda de nuestras identidades subterráneas se nos caiga la ciudad emergente a pedazos. Y luego tampoco están claras las de la edificación, sometidas con frecuencia a las veleidades interpretativas de los funcionarios municipales. Todo se confabula, pues, para que nadie quiera invertir en el Centro. Por otro lado, la política municipal parece más preocupada en "tematizar" el Centro (como un escaparate de una historia impostada) que reintroducir en él la residencia y los usos productivos. Es lo que pudiéramos llamar el "síndrome de la calle Larios".


Y por último, si se quiere rehabilitar el Centro, hay que acometer de una manera unitaria y general las obras de infraestructura. No se puede hacer por fragmentos, de acuerdo con las ocurrencias y campañas electorales de turno. Y es que en la rehabilitación intervienen muchos factores simultáneos (arreglo de viviendas, construcción de viviendas nuevas, equipamientos, cualificación de espacios públicos, políticas sociales, etc), que comprometen a muchos organismos y áreas administrativas, pero eso choca con la enrevesada mañana de corralitos competenciales en los que se ha convertido la Administración: un perfecto aparato de relojería para entorpecerlo todo, un kafkiano universo de papel en la época del ordenador.

¿Es posible recuperar el urbanismo del barrio tradicional, la plaza cerrada, la calle no muy ancha, etc., o está superado?


No es que sea posible, es que ahora es más necesario que nunca. Como apuntaba al principio, paradójicamente, la cultura del ciberespacio, el trabajo a distancia, las redes sociales, etc, han generado una fuerte necesidad de contacto y vida comunal, que son las relaciones que han propiciado la ciudad "de siempre", la histórica, la de nuestra infancia. Soy muy optimista en la relación que pueda existir entre redes sociales y la mejora de las ciudades, aunque parezcan mundos y temas inconexos.

En cuanto a la arquitectura moderna, ¿Tiene su lugar en el centro? ¿Y cómo es posible doblegar las reticencias a su implantación en el casco histórico?


La arquitectura siempre tiene que ser moderna; lo que pasa es que la modernidad se conjuga de una forma distinta al lado de una catedral que en un barrio periférico o en un parque tecnológico. Al final no hay regla, sino la sensibilidad y el talento de un arquitecto para lograr que ese edificio moderno se instale rápidamente en la memoria colectiva de la ciudad, como si, pasada la primera sorpresa, pareciera que ese edificio "siempre hubiera estado allí".

¿Considera adecuado conservar sólo las fachadas de algunos edificios con menos protección arquitectónica? ¿Cree que deberían revisarse los criterios de consideración del grado de conservación de los edificios históricos?


Sí deben revisarse los criterios, puesto que el urbanista que hizo la catalogación muchas veces se fijó sólo en la fachada, sin conocer el grado de deterioro o de transformación interna que pudo tener ese edificio. De nuevo los rigores burocráticos. En cuanto a la conservación de las fachadas me parece bien, por razones de mimetismo o contigüidad con edificios históricos que marcan el carácter de la zona. Pero entonces, que se permita también una gran libertad en las distribuciones internas de esos edificios.


La arquitectura decimonónica igualaba los huecos de las fachadas, de manera que los mismos huecos podían servir para ventilar salones que dormitorios, cocinas o baños. Ese "fachadismo" compositivo y puramente formalista podía ser interesante de puertas para afuera, pero era una impostura de puertas para adentro. Permítasenos, pues, que ahora podamos arreglar el problema con plantas libres tipo "loft" o soluciones afines. Resulta grotesco, retrógrado y ultraconservador oír hablar de la relación estrecha entre las fachadas y la estructura interna de los edificios del siglo XIX como un valor sacrosanto cuando en realidad se trataba de una impostura formalista. Se trata de verter vinos nuevos en odres viejos.

¿Cuál es, a su juicio, el rumbo que está tomando el urbanismo actual a nivel internacional? ¿Está Málaga en la línea de lo que se proyecta a ese nivel?


Está en un momento de transición, y además, muy variado. No se puede generalizar. Los países emergentes y las nuevas potencias están reproduciendo unos modelos ya fracasados en países maduros. Acordémonos, por ejemplo, en los nuevos barrios de Bombay en la película "Slumsdog millionaire". La reflexión más solvente y más sugestiva es la de aquella que intenta reproducir en las megápolis las formas de vida tradicional: que puedas vivir en Nueva York o en Buenos Aires pero sin perder el sentido comunal del barrio. La crisis energética tiende a que los desplazamientos cotidianos se minimicen, incluso en transporte público.


Por otro lado las formas de vida - y, por consiguiente, de utilizar el territorio- son enormemente diversas. Es ridículo plantear de una manera tajante la dicotomía "ciudad compacta" y "ciudad dispersa", porque las dos coexisten, con sus ventajas e inconvenientes. Lo que sí detecto es una tendencia a diluir la separación drástica entre medio natural y medio urbano. Hay como un retorno al utopismo decimonónico y las ideas de la "Ciudad Jardín".

Como arquitecto ¿Cree que Málaga posee identidad propia, rasgos distintivos?


Sin duda los tiene. Su centro decimonónico tiene mucha más capacidad icónica e identitaria de lo que creemos. Y hay otros muchos lugares, unos evidentes y otros no, que suministran muchos rasgos de identidad propia. La cuestión es saber mirar la ciudad con ojos nuevos, y ver las potencialidades de muchos lugares que hoy son tenidos por irredentos. Mi afición es, precisamente, descubrir esos lugares en cada barrio...pero, en fin, sólo tenemos puesta la vista en la calle Larios.

¿Cuál es para usted el modelo de ciudad que más le haya sorprendido?

Curitiba, en Brasil: cómo se puede hacer de la nada una ciudad moderna, habitable, ecológica, ejemplar en su transporte público... Es la obra de un gran alcalde- arquitecto, un alcalde de referencia mundial, Jaime Lerner.


¿Qué proyectos tiene Málaga pendiente?


El Guadalmedina, el Auditorio, el soterramiento del Paseo de los Curas, el bulevar del ferrocarril, la incorporación a la ciudad del muelle 4 del Puerto....

Si de usted dependiera, ¿qué edificio de la ciudad de Málaga echaría abajo?

Uno al lado de la Iglesia de San Juan, otro en la ladera de Gibralfaro, algunas barriadas periféricas de los sesenta...Al chalet de la Ronda Exterior que alguien bautizó como "Xanadú" lo cercaría y pondría un cartel explicativo: "quintaesencia del malagueño ladrillero hecho a sí mismo: especie protegida"

Le invitamos a soñar. Enuncie un proyecto posible o imposible para la ciudad de Málaga.

Un proyecto en el que cada zona, cada barrio o distrito tuviera un edificio de gran calidad arquitectónica, sede de oficinas para una eficaz descentralización administrativa y de un equipamiento cultural de carácter metropolitano: unos referentes que descentralizaran la Cultura por toda la ciudad y generara sentimientos de orgullo y pertenencia del ciudadano a sus ámbitos domésticos y cotidianos, deshaciendo ese atroz modelo que hace de la mayor parte de Málaga una ciudad-dormitorio.

ENTREVISTA LUIS MACHUCA

LUIS MACHUCA
Luis Machuca, (Madrid, 1946) es urbanista y trabaja como arquitecto en la Diputación de Málaga. Ha trabajado en diferentes proyectos como el edificio Ateneo, frente a la Catedral, el palacio Episcopal o el nuevo Centro Cultural Provincial.
A lo largo de su trayectoria como arquitecto ha recibido diferentes premios: premio Málaga de Arquitectura (1986), segundo Premio concurso de ideas organizado por F.E.V.E. para remodelación de la Estación de Jovellanos en Oviedo (1989), Premio Málaga de Arquitectura por la rehabilitación del Palacio de Valdeflores (1989), primer Premio en Concurso con jurado para la realización del Parque Norte en Málaga (1992), Premio MÁLAGA de Urbanismo. PECRI de Antequera (1993). Mención Premio MÁLAGA de Arquitectura (1995), etc.



Desde su punto de vista, ¿cuál es el panorama actual de la ciudad de Málaga a nivel urbanístico? ¿Es el PGOU aprobado provisionalmente en el pleno municipal de julio, el PGOU que Málaga necesita?


Málaga necesita, como cualquier ciudad, que se construyan los proyectos urbanos que la articulen, que le den continuidad al tejido urbano y a éste con su territorio de influencia.

No creo que en estos momentos exista algún PGOU que objetivamente sea el que necesitan las ciudades y Málaga no es la excepción. Los planes son documentos políticos que desde hace aproximadamente una década se redactan por medio de convenios urbanísticos, que a su vez están sirviendo para que los ayuntamientos se financien. En el caso de Málaga se da la circunstancia de que la redacción y aprobación provisional del mismo se realiza bajo el gobierno de una formación política diferente de la que efectúa la aprobación definitiva, lejos pues de ser una garantía se convierte en un elemento más de negociación y discordia.

Los técnicos redactores de los planes le dan forma, la mayor parte de las veces abusando de un ordenancismo literario y de escasa calidad gráfica. Como consecuencia de ello, el resultado suele ofrecer cierta inseguridad jurídica, quedando el plan en manos de quienes tienen que gestionarlo. Podrían ahorrarse tres cuartas partes del redactor.

Visto los enfrentamientos entre Ayuntamiento y Junta, ¿cree usted que la voz de los arquitectos y urbanistas es tenida en cuenta entre los políticos?

Si los planes fueran documentos relativamente fieles a la información urbanística los resultados serían claramente diferentes.

El planeamiento urbanístico no es una ciencia exacta, los equipos municipales defienden o argumentan las propuestas de los ayuntamientos para los que trabajan, y lo mismo hacen los técnicos de la Junta de Andalucía. Los argumentos de una y otra parte pueden tener similar peso, no obstante me fio más de los equipos que patean el territorio que de los que están en los despachos, a pesar de las experiencias vividas en muchos municipios de España, Marbella ha sido el ejemplo paradigma de lo que no se debe hacer.

Algunos puntos candentes han sido Arraijanal, la construcción por encima de las rondas o el palmeral de las Sorpresas, ¿cuál es su punto de vista?

Me resulta difícil entender que no haya habido problema en aceptar un conjunto de centros comerciales en la zona, que generan problemas de todo tipo, especialmente de congestión de infraestructuras, y Arraijanal haya sido un problema irresoluble. Siempre hacer un parque o un equipamiento es una buena salida, pero no he leído ni un solo argumento de peso, tanto a favor como en contra.

La topografía al norte de las rondas es muy abrupta, la densidad tendría que ser muy baja. No tiene sentido poner límites a priori, una autovía no necesariamente tiene que ser el límite. En la ciudad, las autovías urbanas conviven con las diferentes tipologías edificatorias. Los límites de la ciudad deben ser consecuencia de los estudios previos, de la información urbanística necesaria para la correcta redacción de un planeamiento. No debemos olvidar que los crecimientos de la ciudad los pagamos entre todos los ciudadanos con el mantenimiento.

El “palmeral de las sorpresas” es solo una parte de un proyecto que aunque fraccionario debe ofrecer una imagen global unitaria y que tenga bien resuelta la continuidad urbana con la ciudad.
Si de usted dependiera, ¿qué proyectaría en el cauce el Guadalmedina?
El cauce del Guadalmedina es una asignatura pendiente de Málaga desde hace un siglo. No es un problema muy complicado cuando lo han resuelto en otras ciudades, algunas tan próximas como Almería o Granada.

Otro debate es la disyuntiva entre arquitectura vertical y horizontal. ¿Por qué cree que en Málaga han encontrado tanto rechazo los rascacielos?

El debate está mal planteado, unas tipologías no tienen que ser excluyentes de otras, en una ciudad se pueden utilizar todas las que convengan en función de los distintos condicionantes físicos, medioambientales, densidad necesaria, etc.

La arquitectura vertical, el rascacielos, concentra alta densidad de población en poco suelo por lo que es un sistema fácil para especulación de suelo, caso Benidorm, en cambio es preferible hacer un edificio en altura a por el contrario “alicatar” un gran espacio con adosados o edificaciones abiertas de tres plantas. El edificio en altura no solo no estropea el paisaje puede ayudar a cualificarlo, dependerá de la calidad del proyecto.

No obstante la arquitectura horizontal, independientemente de cualquier uso, funciona mejor que la vertical. La arquitectura horizontal es más segura contra incendios, terremotos, terrorismo etc. Los bomberos apenas pueden superar 8 o9 plantas de un edificio, por ello los edificios horizontales son más fáciles de evacuar.

Una vez que el actual PGOU agotará prácticamente el suelo urbanizable del municipio, ¿Cuál es el futuro de Málaga, crecer a expensas de los polígonos (especialmente el del Guadalhorce) o reurbanizar la ciudad consolidada?

Estaremos de acuerdo en que Málaga no es un espacio aislado, su área de influencia es muy superior a la superficie del termino municipal, es el centro de una conurbación de 180 km en la costa y un área metropolitana que encierra gran parte del valle del Guadalhorce. La historia nos dice que las ciudades se han construido unas sobre otras, es decir se rentabilizan las infraestructuras existentes, se renuevan sobre el mismo solar de la ciudad.

El desplazamiento de los polígonos industriales es parte de la reutilización del solar de la ciudad. Los polígonos más importantes de Málaga son una autentica cochambre así que no se perderá demasiado el día que se urbanicen y construyan con más calidad en espacios menos centrales y que no tienen que estar necesariamente en el término municipal de Málaga.

El mismo argumento sirve para otros barrios residenciales, sin olvidarnos del centro histórico.

¿Es posible en nuestro tiempo grandes operaciones tipo apertura de Calle Larios, Avd. Andalucía o cualquier otra que suponga una trasformación radical de la ciudad consolidada?

Debería ser posible, el centro histórico necesita operaciones de cirugía urbana con el fin de revitalizarlo, es un barrio más de la ciudad que tiene que soportar la carga de la de la historia.
Es un proyecto difícil porque se trata de renovación urbana sin perder la identidad y es aquí donde es más difícil ponernos de acuerdo. Encontraremos personas y colectivos que quieren parar la historia, otros se conforman con una mera escenografía conservando fachadas sin gran valor arquitectónico y mucho menos constructivo, los que quieren museizar el casco histórico, etc.

La apertura de calle Larios es el mejor proyecto urbano de nuestra historia, aunque fuera una operación especulativa de gran alcance. Hoy las condiciones de la sociedad malagueña son diferentes, la ciudad demanda más cosas, accesibilidad, movilidad, aunque se sigue teniendo en común la necesidad de permeabilidad urbana.

Respecto al centro histórico, es palpable que, a pesar de los esfuerzos por reurbanizar calles y plazas, no se obtiene el mismo resultado en cuanto a la conservación del patrimonio arquitectónico. Observamos una y otra vez demoliciones, ya sean totales o parciales. Es lamentable el estado en el que se encuentran algunos edificios históricos como la casa donde nació Cánovas del Castillo. O el caso de barrios con calle angulosas por donde da miedo pasear
¿Qué falla para que no podamos conservar nuestro patrimonio arquitectónico y para no hacer reutilizables esos espacios?

Se produce la gran contradicción de que precisamente en los edificios declarados BIC, es decir, en los edificios de mayor valor arquitectónico, se ha permitido y se sigue permitiendo intervenciones duras y en otros muchos edificios de menor relevancia correspondientes a la arquitectura domestica del s. XIX, la protección resulta en la práctica mucho mayor que de haber sido declarados Bien de Interés Cultural.

En grados de menor protección, como en el caso del valor ambiental, si no se opta por proyectar un mal pastiche, resulta una pesadilla conseguir los permisos para empezar una obra en el CH.

¿Es posible recuperar el urbanismo del barrio tradicional, la plaza cerrada, la calle no muy ancha, etc., o está superado?

Claro que es posible, yo creo que no se ha perdido, lo que pasa es que los PGOU son muy generalistas. Son los proyectos urbanos los que tienen la misión de diseñar especialmente los ensanches y estos proyectos olvidan las calles y plazas con comercios, oficinas y residencia.
El mercado ha preferido edificaciones abiertas o adosadas, pero una ciudad tiene que ser capaz de asimilar los diferentes modelos. No se ha inventado nada nuevo, la calle comercial, espacios libres, alineaciones que conforman los espacios urbanos, los encontramos en cualquier ciudad moderna del mundo.

En cuanto a la arquitectura moderna, ¿Tiene su lugar en el centro? ¿Y cómo es posible doblegar las reticencias a su implantación en el casco histórico?

La arquitectura hoy solo puede ser moderna, de su tiempo, o no debemos llamarle arquitectura.
El lugar es un condicionante muy importante para el proyecto arquitectónico, no vale cualquier proyecto “moderno” por bello que nos parezca para cualquier lugar, hay espacios anodinos en los que el proyecto nuevo será el que dé ese carácter y cualificación que le falta al lugar. En espacios con un carácter muy marcado la arquitectura debe ser más silenciosa, pero siempre arquitectura, aunque al principio pueda producir rechazo, porque la resistencia a la innovación es natural, hoy construimos muy deprisa. Las catedrales se han construido en plazos que han durado siglos, varias generaciones han vivido su construcción, les parecía por tanto natural la superposición de corrientes y estilos.

¿Considera adecuado conservar sólo las fachadas de algunos edificios con menos protección arquitectónica? ¿Cree que deberían revisarse los criterios de consideración del grado de conservación de los edificios históricos?

Conservar fachadas sólo cuando sean de verdadera calidad constructiva o arquitectónica.
Una arquitectura debe suceder a la precedente, y continente y contenido deben ser coherentes entre sí.

¿Cuál es, a su juicio, el rumbo que está tomando el urbanismo actual a nivel internacional? ¿Está Málaga en la línea de lo que se proyecta a ese nivel?

Se está buscando redefinir la ciudad ¿Qué es la ciudad? ¿Cuántos modelos conviven en una ciudad? ¿Cuáles son los límites de la ciudad? Por otra parte se intenta ordenar todo el territorio, más allá de la ciudad consolidada.

Málaga no es diferente en este sentido, aunque son los proyectos urbanos los que en cierto modo no han estado a la altura de una ciudad con el potencial humano, gran vitalidad, situación geográfica y clima como el nuestro. En cuanto a la calidad de su arquitectura sí está demostrando que no tiene nada que envidiar a otras ciudades, no es necesario que vengan a descubrirnos y situarnos en un mapa en el que ya estamos.

Como arquitecto ¿Cree que Málaga posee identidad propia, rasgos distintivos?

Todas las ciudades que han tenido un similar proceso de formación poseen rasgos comunes y otros que las diferencian.

Málaga está en ese grupo o familia de ciudades mediterráneas que han seguido pautas comunes en sus orígenes y formación, ello nos permite reconocer nuestro pasado, nuestras permanencias, la estructura histórica, etc. Luego cada una ha seguido su camino y tiene sus rasgos diferenciadores y su imagen.

Málaga está en un enclave que permite a la ciudad verse a sí misma, gana mucho en la distancia y en diferentes horas del día o en la noche. En las distancias cortas no nos vale la primera mirada, nos obliga a conocerla mejor para apreciar sus valores.


¿Cuál es para usted el modelo de ciudad que más le haya sorprendido?

Me han gustado ciudades muy diferentes, los modelos en éstas no son únicos, normalmente conviven diferentes que se corresponden con su historia antigua o reciente.
Los modelos difícilmente son trasladables, si los mezclamos buscando la ciudad ideal nos saldrá un monstruo. ¿Se imagina una ciudad que toda ella fuera como una ciudad “expo”? Sería un desastre.

Por ello no puedo decir que una determinada ciudad me haya sorprendido por el modelo. El modelo más reconocible lo encontré en Brasilia, es un gran proyecto con magnifica arquitectura pero seguro que no funciona, al menos tal como entendemos que debe ser una ciudad, suma de espacios de relaciones y conflictos.

Si de usted dependiera, ¿qué edificio de la ciudad de Málaga echaría abajo?

Hay un edificio residencial en Gibralfaro que si desapareciera mejoraría bastante el skyline distintivo de nuestra ciudad, pero no me resisto a poner otro ejemplo, ese desafortunado pórtico de ladrillo, vidrio y chapa en el penúltimo tramo del Guadalmedina como frente obligado del hotel NH.

Le invitamos a soñar. Enuncie un proyecto posible o imposible para la ciudad de Málaga.

La solución a la fractura que sigue siendo el Guadalmedina. Un paseo marítimo o litoral de calidad que uniría El Rincón de la Victoria con Torremolinos incluido el puerto de Málaga. Una buena solución puerto-ciudad que resuelva no sólo la accesibilidad más inmediata si no las conexiones del puerto y la periferia, y por ultimo un tren litoral desde Almería a Algeciras.


ESPECIAL URBANISMO. NICOLÁS SÁNCHEZ Y RAQUEL GARCÍA


NICOLÁS SÁNCHEZ JIMÉNEZ Y RAQUEL GARCÍA
Nicolás Sánchez es el creador del blog salvemos-málaga (http://salvemos-malaga.blogspot.com/). Se trata de un blog que como señala el propio blog en su presentación es un rincón por la defensa y difusión del patrimonio histórico malagueño, además de denunciar los atentados que continuamente se cometen en nuestra ciudad contra valiosos ejemplos de nuestra arquitectura. Raquel García participa en el blog Urbanismo de Málaga (http://urbanismodemalaga.blogspot.com/)


ENTREVISTA NICOLÁS SÁNCHEZ JIMÉNEZ

Desde su punto de vista, ¿cuál es el panorama actual de la ciudad de Málaga a nivel urbanístico? ¿Es el PGOU aprobado provisionalmente en el pleno municipal de julio, el PGOU que Málaga necesita?

A mi juicio el urbanismo que se ha seguido en Málaga capital en las últimas décadas es de escasa calidad en su gran mayoría. Se echan en falta planes de rehabilitación de barrios enteros, tampoco se ha abordado la eliminación de “contaminación visual” que se da en el centro, ni se han previsto las infraestructuras necesarias para un crecimiento sostenible de la ciudad.

Visto los enfrentamientos entre Ayuntamiento y Junta, ¿cree usted que la voz de los arquitectos y urbanistas es tenida en cuenta entre los políticos?
Para nada, dentro de los discursos y disputas partidistas de poco cuentan no ya las opiniones de los expertos (no siempre arquitectos sino también historiadores, arqueólogos, historiadores del arte, etc) sino los deseos y necesidades de gran parte de la ciudadanía. Gran parte de los proyectos anunciados están lejos de lo que verdaderamente necesita el ciudadano de a pie, otros no van más allá del papel, por no hablar de la gran cantidad de presupuestos que se acaban disparando sin ninguna justificación razonable por parte de las instituciones.

Algunos puntos candentes han sido Arraijanal, la construcción por encima de las rondas o el palmeral de las Sorpresas, ¿cuál es su punto de vista?

Arraijanal constituye el único espacio vírgen del litoral de la capital. Málaga carece de grandes parques periurbanos donde la población pueda acudir. Creo que este espacio debe preservarse de la construcción como pretendía la Junta de Andalucía y hacer un gran parque que todos podamos disfrutar. Además los accesos a Málaga a la altura de Guadalmar están saturados como para construir una nueva urbanización. Además la zona carece de equipamientos tan básicos como institutos, parques, bibliotecas, ambulatorio, y transporte público rápido y eficaz como para aumentar considerablemente la densidad poblacional de la zona.

En cuanto a la construcción por encima de las rondas, a mi juicio es un despropósito. No deben ocuparse espacios tan escarpados como los que hay al norte de las rondas, imágenes como las de Benalmádena o El Rincón de la Victoria hablan mucho de la masificación urbanística que tanto amenaza a la ciudad y que debería evitarse.

El palmeral de las sorpresas a priori no es un mal proyecto, sin embargo no entiendo por qué hubo de derribarse el Silo o por qué aún no está claro qué va a ocurrir con la verja del puerto, por no hablar del cercano proyecto de la esquina del puerto y el famoso hipermercado que pretenden instalar allí.

Si de usted dependiera, ¿qué proyectaría en el cauce el Guadalmedina?
Propondría la restauración ambiental del cauce con espacios dedicados al disfrute de los ciudadanos, pistas deportivas y vegetación autóctona. El Guadalmedina es una de las señas de identidad de la ciudad desde su fundación, no podemos “eliminarlo” porque estorbe a algunos. Auténticos barrios se han configurado como tal en función del propio río. Algo de lo que apenas se habla es de los puentes sobre el río. La gran mayoría no tienen valor arquitectónico alguno, pero no olvidemos otros tales como el de la Aurora, el del Carmen, Santo Domingo (Alemanes), o el de Armiñán, ¿qué hacemos con ellos? ¿los derruimos y los vendemos por chatarra? es algo que nunca se dice.

Además no podemos olvidar que el Guadalmedina es un cauce de agua, y ello ha podido comprobarse este invierno tras las intensas lluvias.

Otro debate es la disyuntiva entre arquitectura vertical y horizontal. ¿Por qué cree que en Málaga han encontrado tanto rechazo los rascacielos?

Tengo mis dudas en cuanto a que Málaga no sea una ciudad vertical, el desarrollismo de los años sesenta pobló a Málaga de cientos de edificios que constituyen de por sí auténticos minirascacielos. Si vemos una imagen de Málaga, en la mayoría de los barrios predomina la verticalidad y la masificación de bloques de viviendas sin apenas espacios para el esparcimiento (la Luz, Palma-Palmilla, Miraflores de los Ángeles, las Delicias, Jardín de la Abadía, Eugenio Gross, etc.)

El debate de los rascacielos se suscita a mi juicio, al querer ser “impuestos” en áreas muy densamente pobladas. Por ejemplo las torres Comarex se anunciaron donde en un principio había sido prometido un parque para el distrito de la Carretera de Cádiz, en el caso de Martiricos ocurre algo parecido en un espacio donde los equipamientos urbanos escasean.
Sin embargo en las áreas de expansión como Teatinos o la ampliación de la Universidad no se ha apostado por este tipo de construcción pese a ser zonas donde el impacto sobre la ciudad ya consolidada sería mucho menor.

Una vez que el actual PGOU agotará prácticamente el suelo urbanizable del municipio, ¿Cuál es el futuro de Málaga, crecer a expensas de los polígonos (especialmente el del Guadalhorce) o reurbanizar la ciudad consolidada?

Una solución intermedia sería lo más adecuado. Málaga como gran ciudad necesita de los polígonos industriales y por ello no puede prescindir de ellos totalmente. Hoy en día se está de acuerdo con que el “salvaje” urbanismo llevado a cabo en los años 60 y 70 carece de las más elementales nociones de sostenibilidad. Seguramente habría que plantearse a medio-largo plazo la sustitución arquitectónica de algunos espacios como en la Carretera de Cádiz o el sector de Miraflores de los Ángeles. Habría que dar paso a un urbanismo razonable que proporcione a los ciudadanos unos niveles de confort aceptables dotando de equipamientos a los espacios, mejorando las comunicaciones, aumentando los metros cuadrados de zonas verdes, etc.

¿Es posible en nuestro tiempo grandes operaciones tipo apertura de Calle Larios, Avd. Andalucía o cualquier otra que suponga una trasformación radical de la ciudad consolidada?

Si es a costa de sacrificar el ya de por sí maltrecho patrimonio histórico-artístico local no sería posible, debemos procurar la preservación tanto del Centro como de los barrios históricos para que éstos no pierdan sus señas de identidad.

Es cierto que el plano de la ciudad está mal trazado. En parte porque el crecimiento se hizo de forma un tanto anárquica sin planificación alguna. Por ello en ciertos barrios se haría necesario mejorar las comunicaciones con la apertura de nuevos viales propios de una gran ciudad. Si lo pensamos fríamente, Málaga apenas tiene dos o tres avenidas de envergadura pese a ser la sexta ciudad española en tamaño.

Respecto al centro histórico, es palpable que, a pesar de los esfuerzos por reurbanizar calles y plazas, no se obtiene el mismo resultado en cuanto a la conservación del patrimonio arquitectónico. Observamos una y otra vez demoliciones, ya sean totales o parciales. Es lamentable el estado en el que se encuentran algunos edificios históricos como la casa donde nació Cánovas del Castillo. O el caso de barrios con calle angulosas por donde da miedo pasear ¿Qué falla para que no podamos conservar nuestro patrimonio arquitectónico y para no hacer reutilizables esos espacios?

Intervienen una serie de factores, pero todos giran en torno a lo mismo, la ignorancia o el desconocimiento de la ciudadanía frente al patrimonio local. A ello se une una administración local “poco sensible” en cuanto la conservación.
Es impresionante la cantidad de patrimonio que se está perdiendo en nuestra ciudad con total impunidad. Para muchos promotores es más cómodo derribar y construir edificios de nueva planta que rehabilitar estos inmuebles. Detrás hay factores como el aumento de la edificalidad o acabar con alquileres de renta antigua.

Un factor clave en la degradación de barrios históricos ha sido “el vaciado de población autóctona” y el realojo de auténticos barrios marginales en los mismos. Esto ha ocurrido en lugares como en la Trinidad o en las Lagunillas. Si lo que se busca es la integración de estos grupos en la sociedad, no se entiende que se desmonten núcleos marginales y se vuelvan a instalar tal cual en otro lugar.

La gente autóctona de los barrios se sentía identificada con éstos. Así se preocupaban del buen estado de las viviendas, se organizaban fiestas y verbenas, encalaban las fachadas, etc. Hoy todo esto se ha perdido y los barrios se han convertido en espacios donde esa cooperación entre vecinos y buen ambiente ha sido sustituidos por delincuencia, tráfico de drogas y basuras.

¿Es posible recuperar el urbanismo del barrio tradicional, la plaza cerrada, la calle no muy ancha, etc, o está superado?
Más que recuperar hablaría de conservar este tipo de urbanismo. En los últimos años se han perdido decenas de ejemplos del urbanismo típico medieval en el Centro de Málaga, así se han eliminado adarves, se han abierto nuevas calles o se han planificado plazas donde nunca las hubo. Para mí todo esto es reinventar un tejido urbano que nunca existió, cosa que no hubiese sido necesaria de haberse seguido un modelo en el que prevaleciese el valor patrimonial de nuestro Centro Histórico frente a planeamientos urbanísticos en los que impera un intervencionismo excesivo.

Imaginemos espacios como la judería o las calles Beatas o Tomás de Cózar con sus inmuebles correctamente rehabilitados. Frente a ello lo que tenemos son espacios degradados y en su mayor parte llenos de solares donde antes se elevaban interesantísimos ejemplos de la arquitectura civil de los siglos XVIII y XIX.

En cuanto a la arquitectura moderna, ¿Tiene su lugar en el centro? ¿Y cómo es posible doblegar las reticencias a su implantación en el casco histórico?
Tiene cabida siempre y cuando sepa adaptarse al entorno y no atente contra el paisaje más inmediato. Ejemplos como lo ocurrido en la calle Parras (cuyos edificios tradicionales fueron íntegramente eliminados para construir viviendas sociales que en nada se adaptan a esta vía o a la iglesia de San Felipe Neri) no pueden repetirse. Desde las instituciones parece que no se tiene criterio alguno a la hora de conceder licencias urbanísticas en un lugar tan delicado como es el Centro Histórico. Así se han eliminado barrios por completo (Perchel, Trinidad, Capuchinos) sin preservarse para el futuro valiosos ejemplos que hablaban de la Málaga de otras épocas.
Un tema de actualidad es el proyecto del Hotel de Moneo en el Hoyo de Esparteros. Un edificio que viene a alterar sustancialmente la altura de este margen del Guadalmedina (ya de por sí encajonado), además de eliminar un histórico espacio que aun cuenta con un característico edificio achaflanado obra de Gerónimo Cuervo. Parece como si en Málaga para tener un edificio firmado por un arquitecto de prestigio tuviésemos que renunciar a nuestro patrimonio histórico-artístico.

Todo ello no quiere decir que la arquitectura moderna no tenga sitio en la ciudad histórica. Málaga es una ciudad viva en la que caben ejemplos de todas las épocas en una correcta sintonía. Buen ejemplo de ello es la joyería Tous en la calle Puerta del Mar. Siendo una construcción con mucha personalidad y que ha sabido integrarse correctamente en el espacio sin atentar sobre su entorno.

¿Considera adecuado conservar sólo las fachadas de algunos edificios con menos protección arquitectónica? ¿Cree que deberían revisarse los criterios de consideración del grado de conservación de los edificios históricos?

La protección arquitectónica es algo muy relativo, se han dado casos de derribos de inmuebles con el mayor grado de protección, en algunos casos es el propio Ayuntamiento el que les retira la protección para posibilitar su desaparición (como va a ocurrir en el Hoyo de Esparteros).
En cada época hay una serie de elementos característicos que deberían ser preservados.
Obviamente a la hora de rehabilitar un edificio hay que introducir variaciones en su planta, pero en otros casos los interiores son ya de por sí dignos de ser conservados. Por ejemplo en Málaga se ha perdido el fantástico interior del palacio del Marqués de la Sonora (al igual que ocurrió con el de Villalcázar), además de un buen número de edificios del siglo XIX con elementos en su interior que no han sido respetados. No es extraño encontrar en anticuarios fuentes o rejas pertenecientes a estos inmuebles derribados.
Sería necesario seguir un criterio propio de una ciudad monumental a la hora de determinar los grados de protección arquitectónica que se les otorga a los inmuebles, pensando no ya sólo en el edificio, sino de la calle y el entorno en el que éste se inserta, con el fin de preservar el diálogo inmueble-medio.

¿Cuál es, a su juicio, el rumbo que está tomando el urbanismo actual a nivel internacional? ¿Está Málaga en la línea de lo que se proyecta a ese nivel?

Salvo contadas ocasiones el urbanismo que se está proyectando en Málaga sigue en manos de algunos arquitectos locales que acaparan la mayoría de los proyectos de envergadura. Sin desmerecer su profesionalidad, en Málaga sería deseable contar con arquitectos de prestigio internacional para proyectar las nuevas áreas de expansión y aquellos proyectos importantes (Auditorio, Puerto, Astoria, etc). Lo que no es tolerable es el ejemplo comentado anteriormente del Hoyo de Esparteros, el urbanismo de calidad no debe de ser a costa de la desaparición del urbanismo histórico de la ciudad, como ocurrió en la Coracha.

¿Cree que Málaga posee identidad propia, rasgos distintivos?
Aunque también está presente en otras urbes, Málaga cuenta con un completo catálogo de edificios con pinturas murales, aunque desgraciadamente aún en la actualidad se siguen perdiendo valiosos ejemplos.

Otro rasgo que me gustaría señalar son los característicos chaflanes de muchos edificios del siglo XIX. Arquitectónicamente el centro de Málaga responde en gran parte a actuaciones decimonónicas fruto de las Desamortizaciones. Este completo conjunto de inmuebles debería gozar del mayor grado de protección arquitectónica.

¿Cuál es para usted el modelo de ciudad que más le haya sorprendido?
Sin duda algunas ciudades escandinavas. Málaga debería avanzar hacia la sostenibilidad en todos los aspectos, pero esto pasa por una intensa concienciación ciudadana y la colaboración de todos. Ello no quita que la nuestra sea una ciudad mediterránea con una idiosincrasia propia. Málaga no puede aspirar a aquello que no es. Por ello deben buscarse las soluciones que la ciudad necesita sin pretender emular ejemplos que no son exportables desde el norte de Europa.
Sin contarse con unos transportes urbanos acordes y bien estructurados no podemos pretender “criminalizar” al ciudadano que se ve obligado a hacer uso del coche, más cuando se sigue potenciando la construcción de parkings por parte del Ayuntamiento. Además se necesita un ratio mayor de zonas verdes, equipamientos para los ciudadanos, una mejor calidad de las playas, etc.

¿Qué cinco grandes proyectos considera más urgentes en Málaga?
- La culminación de un metro bien estructurado y que llegue hasta el área metropolitana (Torremolinos, Parque Tecnológico, Rincón de la Victoria).
- Un plan integral de limpieza de la ciudad en la que se potencie la concienciación ciudadana para el reciclaje. A día de hoy Málaga sigue siendo una ciudad sucia.
- Repoblación vegetal del norte de las rondas y creación de parques periurbanos para el disfrute de la población.
- Un plan de recuperación arquitectónica del Centro y los barrios periféricos con la rehabilitación de los espacios. Asimismo sería necesario la creación de contenedores culturales desde los que se involucre a población en el panorama cultural local.
- La creación de asambleas vecinales en los distintos barrios con la capacidad de proponer o influir en los proyectos que afecten al mismo. Una asamblea de representantes de los distintos barrios debería supervisar el gasto del Ayuntamiento para evitar los enormes sobrecostes injustificados de buena parte de las obras públicas que se llevan a cabo en la ciudad.

Si de usted dependiera, ¿qué edificio de la ciudad de Málaga echaría abajo?
Hay decenas de edificios que constituyen auténticos atentados sobre su entorno, algunos con algunas décadas y otros construidos recientemente. Sin duda sería deseable la eliminación del “rascacielos” de la calle Campos Elíseos (bajo Gibralfaro), un auténtico atentado contra la colina y su visión tanto desde tierra como desde el mar.

Aunque sea una obra señera, el Hotel Málaga Palacio se alza desafiante junto a la catedral, sin duda el lugar que se eligió para erigirlo fue del todo desafortunado (al igual que el hotel elevado justo enfrente recientemente).

Los hoteles NH e Ibis, constituyen también dos ejemplos de edificios sin calidad arquitectónica alguna situados junto al Guadalmedina, espacios que en otro tiempo acogían restos de uno de los barrios más pintorescos de Málaga desaparecido fruto de la especulación urbanística.

Le invitamos a soñar. Enuncie un proyecto posible o imposible para la ciudad de Málaga.
Una Málaga más sostenible tanto para malagueños como para foráneos en la que las políticas meramente especulativas y recaudadoras den paso a proyectos destinados a mejorar el día a día de los ciudadanos. Una ciudad limpia con el esfuerzo de todos, con un Centro Histórico correctamente rehabilitado en la que se recuperen espacios y trazados que han sucumbido bajo la pileta.

Unos presupuestos más equitativos destinados a proyectos realmente necesarios más allá de obras sin interés alguno y con mero carácter electoralista.
Unos barrios más habitables en los que los vecinos no sean “obligados” a adquirir una plaza de aparcamiento para poder estacionar su vehículo, en los que se garantice un transporte público de calidad como alternativa al privado.

Unas playas más limpias, con mejor calidad tanto del agua como de la arena, con equipamientos para los ciudadanos.

Una mayor cantidad de zonas verdes, con huertos ecológicos en los distintos barrios en los que implicar a la población de la zona.

Una ciudad donde los proyectos culturales impliquen a todos los sectores sociales, donde se valore el patrimonio arqueológico, artístico, etnográfico.

Podríamos enumerar un largo etcétera de deseos, pero en pocas palabras, desearía una ciudad más “vivible” de la que todos podamos disfrutar con independencia de la extracción social de cada uno o de la zona que se habite.


ENTREVISTA RAQUEL GARCÍA

Desde su punto de vista, ¿cuál es el panorama actual de la ciudad de Málaga a nivel urbanístico? ¿Es el PGOU aprobado provisionalmente en el pleno municipal de julio, el PGOU que Málaga necesita?

En el transcurso de los últimos años, Málaga ha dejado de ser una ciudad residencial cuyo principal motor económico era el turismo y la construcción. La configuración urbana estaba basada en estas premisas. Ahora necesitamos una ciudad con un abanico más amplio de posibilidades, creando espacios aptos para el comercio, zona industrial, logística, empresarial, universitaria, transporte, etc. y ampliando la zona residencial sin olvidad los espacios públicos y zonas verdes.

Málaga necesita, con urgencia, un PGOU que clarifique y ordene la superficie urbana. El consenso entre todas las partes es muy difícil, a los hechos me remito. Siempre se puede mejorar, pero este PGOU nace con unas limitaciones impuestas por el entramado urbano actual, como algunas de las zonas industriales que han quedado incrustados y embutidos en la zona residencial sin posibilidad de desarrollo de ninguna de ellas. De esto se ha intentado rectificar, proyectando una reserva residencial más adecuada a la demanda futura. Entiendo que el PGOU, aprobado provisionalmente con el visto bueno por parte de la administración regional, es el que necesita la ciudad.

Las nuevas comunicaciones viarias, las rondas, autovías, la ampliación del aeropuerto y de la estación de tren, el metro, centro de transporte, centros comerciales, universidades, etc., han dejado obsoleta a las previsiones urbanísticas y viarias del PGOU de 1998.
Por otra parte, el retraso del nuevo PGOU ha afectado negativamente al desarrollo y a la economía local. Sin duda alguna su aprobación definitiva dará nuevas oportunidades económicas a la ciudad.

Visto los enfrentamientos entre Ayuntamiento y Junta, ¿cree usted que la voz de los arquitectos y urbanistas es tenida en cuenta entre los políticos?

Son dos puntos de vista que a veces no coinciden. Soy de la opinión de que el político es político y el arquitecto debe ser arquitecto, una mezcla de ambos, no es rentable para ninguna de las dos profesiones.

Algunos puntos candentes han sido Arraijanal, la construcción por encima de las rondas o el palmeral de las Sorpresas, ¿cuál es su punto de vista?

Personalmente, dejaría el Arraijanal como un gran pulmón en Málaga, soy partidario de menos centros comerciales y más zonas verdes y aunque estamos creciendo en parques en las zonas de nueva construcción, nunca está de más otro de esas dimensiones siempre y cuando se cerraran por las noches para controlar a los vándalos.

Hemos de mirar al futuro, y la herencia que dejamos. Arraijanal puede convertirse en seña de identidad de nuestra ciudad en un breve espacio de tiempo. Esta zona no debe dejarse en el olvido como una zona marginal. Debemos recrearse una reserva verde natural, con zonas deportivas y náuticas al aire libre para el uso y disfrute del ciudadano.

La construcción por encima de las rondas es necesaria, Málaga tiene que seguir creciendo y estas zonas son fundamentales para su expansión. Apoyaría la opción de delimitar su uso exclusivamente residencial con un índice de edificabilidad sostenible.
En cuanto al Palmeral de las Sorpresas, me gusta la idea en conjunto, exceptuando por supuesto el tema del Supermercado, me recuerda el concepto del Puerto de Barcelona.

Si de usted dependiera, ¿qué proyectaría en el cauce el Guadalmedina?

Lo soterraría y cubriría al igual que hicieron en su día en la rambla de Almería, Valencia y otras ciudades. Haría un gran bulevar peatonal .Con ello uniríamos el paseo marítimo con el interior, creando una alternativa al urbanismo de la capital donde no existen espacios verdes. Este eje transversal, cuyo nexo de unión puede ser una alameda, puede realizarse alternando espacios fluvial, zona de ocio-comercial, parque urbano, zonas deportivas, etc., en los distintos tramos desde la desembocadura hasta Martiricos.
Creo que si ha habido consenso con Arraijanal entre las dos administraciones, Junta de Andalucía y el Ayuntamiento, porqué no puede haberlo también en este caso. Sin duda este acuerdo rompería las cadenas que dividen la ciudad y su demora por inacción seguirá dejando a Málaga lastrada urbanística y socialmente. Sin quitar valor a la polémica actuación del Paseo de los Curas, creo sinceramente que la actuación en el Guadalmedina sí que sería un punto de inflexión en la historia de la ciudad de Málaga.

Otro debate es la disyuntiva entre arquitectura vertical y horizontal. ¿Por qué cree que en Málaga han encontrado tanto rechazo los rascacielos?

No entiendo el rechazo, es cierto que en la zona del centro de Málaga no vas a poner un rascacielos, pero en zonas sin uso, como el caso de Martiricos o en los antiguos tanques de Repsol, no lo veo desacertado. Incluso es necesario que haya una nueva zona empresarial de este tipo, moderna, contemporánea, que promoverá sin duda a la ciudad, a la Málaga del futuro. No nos podemos quedar estancados en el pasado.

Una vez que el actual PGOU agotará prácticamente el suelo urbanizable del municipio, ¿Cuál es el futuro de Málaga, crecer a expensas de los polígonos (especialmente el del Guadalhorce) o reurbanizar la ciudad consolidada?

He aquí una de las razones por qué son necesarias las expansiones por encima de las rondas.

¿Es posible en nuestro tiempo grandes operaciones tipo apertura de Calle Larios, Avd. Andalucía o cualquier otra que suponga una trasformación radical de la ciudad consolidada?
Los cambios siempre son posibles, otra cosa es que sean adecuados y por qué no decirlo, que el malagueño los acepte, los utilice y los haga suyos. Hace veinte años era casi impensable el hecho de una calle Larios peatonal y ahora ya ni nos acordamos cuando pasaba el tráfico rodado, al principio el malagueño no se hacía con ella y hoy sólo hay que pasearse para ver que nunca está vacía, que se hace uso de ella de forma intermitente.

Respecto al centro histórico, es palpable que, a pesar de los esfuerzos por reurbanizar calles y plazas, no se obtiene el mismo resultado en cuanto a la conservación del patrimonio arquitectónico. Observamos una y otra vez demoliciones, ya sean totales o parciales. Es lamentable el estado en el que se encuentran algunos edificios históricos como la casa donde nació Cánovas del Castillo. O el caso de barrios con calle angulosas por donde da miedo pasear
¿Qué falla para que no podamos conservar nuestro patrimonio arquitectónico y para no hacer reutilizables esos espacios?
Hace falta una buena política de conservación del patrimonio. No soy partidario de un criterio individual, tendríamos que aprender de muchas otras ciudades donde los edificios se ‘modernizan’ por dentro pero mantienen sus fachadas. Ha sido un asesinato arquitectónico la desaparición de las antiguas corralas por dejadez, o el caso de La Coracha, hemos perdido un patrimonio irrecuperable, una estética nuestra, una seña de identidad.

¿Es posible recuperar el urbanismo del barrio tradicional, la plaza cerrada, la calle no muy ancha, etc, o está superado?
Opino que aún estamos a tiempo en algunas zonas, como en el centro, o la judería, y que es necesario, forma parte de nuestra seña identificativa y ahí tenemos ejemplos sin salir de la Comunidad Autónoma como pueden y deben convivir la zona moderna y la antigua en el caso de Córdoba, Sevilla o Granada.

En cuanto a la arquitectura moderna, ¿Tiene su lugar en el centro? ¿Y cómo es posible doblegar las reticencias a su implantación en el casco histórico?
Hay que ser mesurados. Combinar ambas, aunque prefiero la arquitectura tradicional en el centro, como he dicho anteriormente, con una nueva zona de arquitectura moderna.

¿Considera adecuado conservar sólo las fachadas de algunos edificios con menos protección arquitectónica? ¿Cree que deberían revisarse los criterios de consideración del grado de conservación de los edificios históricos?
Todo criterio ha de ser revisado al transcurrir el tiempo y adaptarlo a las nuevas circunstancias. Sobre todo si se ha detectado que ciertas fisuras en las definiciones han permitido unas alteraciones sobre el objetivo inicial de protección.

¿Cuál es, a su juicio, el rumbo que está tomando el urbanismo actual a nivel internacional? ¿Está Málaga en la línea de lo que se proyecta a ese nivel?
No, estamos mejorando pero sin duda aún nos queda mucho para estar a un buen nivel. El nuevo PGOU es un paso más.

¿Cree que Málaga posee identidad propia, rasgos distintivos?
Por supuesto, toda ciudad tiene sus rasgos distintivos, y de hecho podemos reconocer una ciudad por su estética viendo una simple fotografía, no perdamos nuestro sello ni nuestra alma.

¿Cuál es para usted el modelo de ciudad que más le haya sorprendido?
El modelo ideal debería estar basado en una ciudad diseñada y adaptada para el ciudadano. La ciudad socialmente sostenible y con eficiencia energética debe crear un equilibrio entre los distintos usos y al mismo tiempo que tenga la flexibilidad de alternar espacios productivos con residenciales y que estos se convierta en espacios de ocio y deportivos, armonizando la alternancia de uso entre los días festivos y los laborales. Una ciudad que se acerca a este modelo puede ser Zaragoza.

¿Qué cinco grandes proyectos considera más urgentes en Málaga?
• La puesta en servicio de las líneas 1 y 2 del Metro y las pendientes de iniciar.
• La consecución de la zona de los antiguos depósitos de Repsol.
• La recuperación de la zona de Arraijanal, para uso ciudadano.
• La ejecución del Hospital general.
• La ejecución de un nuevo puerto deportivo.

Si de usted dependiera, ¿qué edificio de la ciudad de Málaga echaría abajo?

Reestructuraría la zona Postigo de los Abades con la manzana del Hotel Málaga Palacio, recortando su altura y trasladando parte de su edificabilidad a otro lugar de la ciudad. Le devolvería a la Catedral su vista originaria desde y hacia el Puerto.

Le invitamos a soñar. Enuncie un proyecto posible o imposible para la ciudad de Málaga.

Conectar peatonalmente mediante un paseo marítimo, desde un extremo de la ciudad hasta el otro, desde Guadalmar hasta el Peñón del Cuervo. Convertir Málaga en una ciudad conectada al mar.