JORNALEROS. SERGIO RUIZ MATEO

HOMENAJE JORNALEROS

De todos es sabido que la Fama es caprichosa. Sonríe a unos pocos elegidos, algunos de ellos merecidamente y a otros de forma desmesurada, cuando no injusta. Nunca, lamentablemente, recuerda la Fama a aquellos que permitieron a otros pasar al recuerdo. Esta semana el mundo social recuerda con panegíricos a una duquesa que dicen fue muy moderna, pero se empeña en olvidar a todos los que con sus manos, esculpidas por el dolor de mil labores, trabajaron duramente para crear un patrimonio incalculable.
 

Durante siglos, las sombras de la injusticia, la enfermedad y el hambre forjaron el día a día de los jornaleros y campesinos andaluces. La explotación ignora a sabiendas los nombres propios de aquellos desgraciados. Pero nosotros sabemos que llevaban nuestros apellidos, eran nuestros abuelos, y en aquellos campos de labranza, que no les pertenecía por derecho, aunque sí por trabajo, vertieron la sangre que ahora corre por nuestras venas. El Rompeolas quiere hoy acordarse de los desheredados de nuestra historia: mujeres y hombres hechos de tierra y barro, arropados por el sudor y el polvo, doblegados por la violencia y la necesidad, mujeres y hombres que sabían perfectamente y en carne propia que la riqueza no es posible sin la miseria, y que su drama era la semilla de la que luego brotaban escudos y títulos de nobleza.

No hablarán de ellos los cantares de gesta, no aparecerán en los retratos de los grandes pintores, no descansarán en pétreos mausoleos, pero moldearon el fértil paisaje de nuestra tierra, la regaron con su esfuerzo, sembraron nuestros olivos y cuidaron nuestras vides, ennoblecieron las villas y pueblos, nos hicieron ser como somos. Nos dieron la vida a tí y a mí.
Llegado el momento, ansiosos de libertad y progreso, abrazaron la causa social y lucharon por su emancipación, algunos hasta la muerte. Al cabo de los siglos disfrutamos de todos los derechos de los que ellos carecían. Por eso pensamos que sería indigno por nuestra parte celebrar funerales en la catedral, rendir honores a la aristocracia, en lugar de recordar a los verdaderos protagonistas de la historia, la verdadera nobleza de la tierra, los señores de la labranza, del vino, el aceite y el pan: los jornaleros andaluces.

Va por ellos este poema de Miguel Hernández:


Jornaleros que habéis cobrado en plomo 
sufrimientos, trabajos y dineros. 
cuerpos de sometido y alto lomo: 
jornaleros.


Españoles que España habéis ganado 
labrándola entre lluvias y entre soles. 
Rabadanes del hambre y del arado: 
españoles.


Esta España que, nunca satisfecha 
de malograr la flor de la cizaña, 
de una cosecha pasa a otra cosecha: 
esta España.


Poderoso homenaje a las encinas, 
homenaje del toro y el coloso, 
homenaje de páramos y minas 
poderoso.


Esta España que habéis amamantado 
con sudores y empujes de montañas, 
codician los que nunca han cultivado 
esta España.


¿Dejaremos llevar cobardemente 
riquezas que han forjado nuestros remos? 
¿Campos que han humedecido nuestra frente 
dejaremos?


Adelanta, español, una tormenta 
de martillos y hoces, ruge y canta. 
Tu porvenir, tu orgullo, tu herramienta 
adelanta.


Los verdugos, ejemplo de tiranos, 
Hitler y Mussolini, labran yugos. 
Sumid en un retrete de gusanos 
los verdugos.


Ellos, ellos nos traen una cadena 
de cárceles, miserias y atropellos. 
¿Quién España destruye y desordena? 
¡Ellos! ¡Ellos!


Fuera, fuera, ladrones de naciones, 
guardianes de la cúpula banquera, 
chuecas del capital y sus doblones: 
¡fuera! ¡fuera!


Arrojados seréis como basura 
de todas partes y de todos lados. 
No habrá para vosotros sepultura, 
arrojados.


La saliva será vuestra mortaja, 
vuestro final la bota vengativa, 
y sólo os dará sombra, paz y caja 
la saliva.


Jornaleros: España, loma a loma, 
es de gañanes, pobres y braceros. 
¡No permitáis que el rico se la coma, 
jornaleros!