CUBA. SERGIO RUIZ MATEO

CUBA Y EL BLOQUEO
Imaginemos que estamos en el 2039.  Recordaremos que 25 años antes se cerró una de las puertas que el siglo XX había dejado abiertas.  Y es que es muy probable que, en ese mañana, hagamos un alto en la fecha del 17 de diciembre de 2014. Leeremos en internet, o lo que quiera que exista, que aquel día terminó el último resquicio de la guerra fría. El presidente Obama y Raúl Castro acordaron entonces que 53 años de enemistad habían sido demasiados además de infructuosos, iniciando así los contactos necesarios para restablecer relaciones diplomáticas.

La noticia de este 17 de diciembre parece poner fin a una historia que arranca en 1959 con el sueño de unos jóvenes revolucionarios que quisieron transformar su isla a lomos de carros de combate. Como modernos profetas, enérgicos y exultantes, de barbas enhiestas y gestos decididos, entraron en La Habana para derrocar al tirano. Es la vieja historia tantas veces repetida y luego ajada por el tiempo, la de los románticos rebeldes que derriban las viejas marionetas del poder.

La dueña de los hilos, la criadora de  sátrapas, sin embargo, trabaja para que los sueños se conviertan en pesadillas. Así empezó la maldición del Embargo, cuando en 1960 Eisenhower impuso el aislamiento comercial a Cuba rematada un año después con el intento de invasión en Bahía Cochinos. El otro imperio, el soviético, no tardó en prestar ayuda, marcando el momento más tenso de toda la Guerra Fría cuando Kruschev colocó 42 misiles ofensivos en las mismas narices del Tío Sam. Kennedy resolvió el problema renunciando  a la invasión, pero endureciendo a cambio el embargo.

Las difícil situación económica  y el aislamiento, acentuado años después con la caída del comunismo en Europa, convirtieron al profeta en dictador, los sueños de progreso en pérdida de libertades, el ansía de igualdad social en carrera de balsas atravesando el mar Caribe. Cuba es hoy símbolo de muchas batallas, ganadas algunas y la muchas pérdidas; para algunos reducto idealizado, para otros laberinto del comunismo que muestra su peor cara, la verdadera; para la mayoría, sinónimo de belleza, playas paradisíacas, pueblo apasionado que se expresa con el son de su música. O acaso ese sea otro tópico de Cuba, como el Che, Fidel y el ron.


No es extraño que la decadencia española concluyera con la pérdida de Cuba. Fue la más querida de las provincias de ultramar, nuestro último paraíso. Cuba fue el principio y el fin de nuestros problemas, símbolo de lo que fuimos, lo que quisimos ser y no fuimos. Parte de nuestra identidad quedó atrapada en el malecón de La Habana. Hoy Cuba se abre al mundo, el Imperio la fuerza y su gente la empuja. España mira. Tal vez sea la hora de recuperar el paraíso.