BARRIOS DE SEGUNDA. LAURA TERUEL

BARRIOS DE SEGUNDA
No todos podemos vivir en calle Larios. Pero, si en vez de poder ver al Cautivo procesionar desde nuestro balcón, contemplamos un jardín público, puede compensar; si aparcar y circular por nuestro barrio no reviste problemas o, si en lugar de convivir con la historia de la ciudad formamos parte de su futuro, con las mejores instalaciones, no será tan mala idea vivir en el extrarradio. El problema es que muchos malagueños no tienen ni una cosa ni la otra y se sienten ciudadanos de segunda, con los mismos impuestos de primera.


El Parque Tecnológico, polo empresarial de Andalucía, está enclavado en los confines de la urbe, entre Campanillas, Santa Rosalía y Maqueda. Muchos se sorprenderán al saber que estos arrabales no son pueblos sino que son tan malagueños como la Trinidad. La desidia de las instituciones hacia estos vecindarios se hizo visible esta semana con la clausura de la piscina municipal por sus problemas de seguridad. Viene de largo esta historia de incumplimientos flagrantes de la normativa por parte de la concesionaria, que hasta construyó un restaurante sin licencia en ese terreno y a la que, para premiar por su buena gestión, también se le adjudicó la piscina de Santa Rosalía, que actualmente, y tras la denuncia de los vecinos, es un erial abandonado. Ya que gusta el alcalde de nadar los domingos, podría hacerse unos largos por las instalaciones náuticas de estos lares para comprobar que allí no se nada nada.

La simbiosis del PTA con el distrito se esgrime según convenga. Para calcular la superficie de zonas verdes del vecindario y obtener mejores índices, se contabilizan los jardines del parque empresarial. Sin embargo, para trazar el plan de movilidad, se ignora. El PGOU no contempló la llegada del tren de Cercanías a la zona para aliviar las enormes caravanas que soporta en hora punta. Ahora, que se debate si llevar el hipotético tranvía ligero hasta El Palo, parecen haber olvidado los responsables de urbanismo las promesas añejas, de hace muy pocos años, que trazaban la ampliación del metro, mediante una lanzadera, precisamente hasta Campanillas. El crecimiento de la ciudad, la descentralización de servicios y el precio de la vivienda empujaron el desarrollo de las áreas de expansión que, junto con ciertos beneficios de ser una zona residencial, mantienen notables carencias en movilidad y equipamientos públicos y que todo apunta a que no tienen perspectivas de mejora.

FUENTE. MÁLAGA HOY