EL PAPA Y LAS PROSTITUTAS. SERGIO RUIZ MATEO

EL PAPA Y LAS PROSTITUTAS

Fumata blanca para las prostitutas católicas, que podrán seguir ejerciendo su oficio sin la amenaza del pecado, al menos en cuanto al uso del preservativo. No estamos seguros de si este clemente acto del papa Benedicto es producto de presiones interesadas de un sector de la curia poco favorable al celibato, o es más propio de una cierta solidaridad corporativista, teniendo en cuenta que múltiples refractarios del papado de todos los tiempos calificaron a Roma heredera de Babilonia, la “Gran Meretriz”; o que los fundadores de la ciudad que luego habría de ser faro espiritual de Occidente mamaron de una loba, es decir, lupa, prostituta en latín. Pero al margen de lupanares y profilácticos, la noticia del anuncio tiene otras lecturas.



Que ahora el papado reconozca el uso del preservativo es una buena noticia, un avance sin duda que sin embargo se queda corto, y que en cualquier caso ayudará a frenar la extensión de las enfermedades de transmisión sexual en buena parte del mundo y muy especialmente en África, aunque imagino que muchas de ellas y ellos, gente que se prostituye y gente que hace uso de la prostitución, nunca hayan obedecido en este sentido al Sumo Pontífice.

Personalmente, lo que más me llama la atención es el hecho en sí del cambio de postura. En cualquier otra autoridad un giro de este tipo puede considerarse como una sencilla reconsideración o replanteamiento a partir de un sinfín de criterios. Dicen que es de sabios rectificar, y en este caso bien podemos aprobarlo. Pero en el caso del papa Benedicto XVI, o de cualquiera de los pontífices, la rectificación conlleva otras consideraciones.

De todos es conocido el Dogma de la Infalibilidad del Papa, establecido en 1870 por Pio IX durante el Concilio Vaticano I. Si bien es cierto que este dogma no exime de error al Papa, y que para considerar una definición papal como infalible son necesarios varios condicionantes que en este caso no están presentes, tampoco lo es menos la confusión que genera, tanto en los fieles como en la sociedad general, laica o religiosa, cambios en la consideración de diferentes prácticas como pecado.

Porque, ¿Quién estaba en un error, el “Papa hace un año” o el “Papa hoy”? Una prostituta que use el preservativo, ¿Pecaba hace un par de meses pero hoy no? No es necesario recurrir al Dogma de la Infalibilidad para criticar que las definiciones papales están llenas de relativismo, porque no de otro modo puede considerarse este cambio de sensibilidad o de acento en el pecado.

Curiosamente, el Relativismo como filosofía o ideología fue uno de los grandes enemigos contra los que se propuso luchar Benedicto XVI cuando accedió a su pontificado. A ello oponía el Universalismo, que según la Curia gobernaba el camino de la Iglesia. Pero una supuesta universalidad moral (a la que por cierto sí se refiere el Dogma de la Infalibilidad) casa mal con pecados que antes eran y ahora no, o con pecados que lo son en según qué circunstancias.

¿Me puede explicar algún sacerdote en qué me diferencio yo de una prostituta si mañana uso el preservativo para evitar un contagio? La única diferencia es la transacción económica.

Vista la deriva de la Iglesia, no descartemos nuevos cambios de rumbo, es más, confiemos en ellos. La Iglesia vive siempre encerrada entre dos duras realidades. O bien permanece inmune a la modernidad ( como ocurre desde la proclamación del Syllabus en 1864) con lo que es evidente que se condena a su paulatina decadencia al menos en las democracias occidentales desarrolladas; o bien evoluciona, cambia, niega anteriores afirmaciones y dogmas, y por tanto se desnaturaliza, deja de ser lo que es. Ese es el riesgo que se corre cuando se juega a tener la verdad universal.

En cualquier caso, más vale que si la Iglesia piensa modificar su código de pecados lo haga pronto, no vaya a ser que algunos precavidos se estén privando de algunos placeres de la vida por temor a condenarse y después resulte que han hecho el primo porque las puertas del cielo están abiertas para más gente de la que se pensaba.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No te equivoques Sergio, la Iglesia no va a cambiar nada.

Ana Rosa dijo...

equivócate querido anónimo, la iglesia no cambia pero Sergio y otrs sergios están cambiando a la iglesia