CIELILLO. LEONOR COTTA


CIELILLO

Había pasado ya algún tiempo, no tanto como parece, pero para mí trascurrió muy lento, casi no se notó, un año, entre lágrimas secas, noches en vela, sueños, quizá pesadillas, no todo era como pensaban algunas personas, risas, si tal vez de cara a un escaparate que debía adornar, cada día, cada instante.

Las personas que me conocen siempre me saludaban diciéndome «qué bien estás», «por ti no pasan los años», «haces bien, se nota que eres feliz, ya era hora». Todo un cúmulo de pensamientos y sentimientos revoloteaban alrededor de un corazón roto, dañado quizá para siempre, dicen que no hay mal que cien años dure, pero ese mal causa tanto dolor que te va haciendo dura, es como una coraza invisible, ni tú misma puedes verla.

Hoy ya tranquila y en paz, sobre todo conmigo misma, veo las cosas desde otro ángulo diferente; en aquellos momentos había en mí mezcla de todo tipo, amor, orgullo, furia y sobre todo inestabilidad. Él había vuelto a desenfocar otra vez mí vida, después de lo duro que había sido encauzarla y apenas lograrlo, otra vez toda pata por hombros.Un torbellino de pasiones y sentimientos entraron en mí vida cuando lo conocí; fuego ardiente que quemaba todo mi oxígeno, un amor enloquecedoramente pasional, lo viví como tenía que hacerlo, poniendo la vida completa en ello, fue cerrar mis ojos para ver por los suyos.

Un bello amor para recordar siempre y del cual me siento orgullosa de haberlo vivido, no todo el mundo ha tenido la ocasión de tenerlo, yo fui bendecida con el amor. Por supuesto, no diré su nombre, no por miedo a que él sepa que lo amo, sino como respeto a su intimidad, él sabrá que es él cuando, si tiene ocasión de leer este apodo cariñoso, jamás lo he vuelto a decir y creo que nunca lo haré. CIELILLO.

Conocí a Cielillo en un momento en el que se debatía en mí la soledad y las ganas de vivir. En seguida congeniamos y parecía que nos conociéramos de siempre, los gustos, las ideas, las miradas, todo, apenas nos mirábamos, sabíamos lo que quería el uno del otro. Su grupo de amigas no me aceptó en ningún momento, y puede ser que ése fuera el eslabón que faltara en nuestra relación. Cielillo siempre había tenido miedo a la soledad y pensó que esas puertas debía dejarlas abiertas..... por si...., naturalmente eso llevó a la desconfianza, probablemente por mí falta de seguridad en mí, y en nuestra relación.

Fueron los dos años más intensos por mí vividos y sentí el amor más grande que había sentido, todo gracias a él, el gran amor de mi vida. Cuando empezó nuestra relación, sus amigas pusieron el grito en el cielo, y él procuró en todo momento esconderme de ellas, sobre todo de una; los nombres y lo sucedido ya no tienen importancia, todo ello es pasado y, afortunadamente, ya no me hace daño, nada de lo que hicieron y dijeron. Lo que quiero contar aquí es el amor que sentí y aunque algunas veces no quiero escuchar mi corazón, sigo sintiendo por Cielillo, me enorgullece decirlo. Viajamos, salimos, reímos, lloramos, hemos cantado en los momentos de inspiración de él, no creo que nos faltara de nada en esos momentos, a mí no, espero que a él tampoco.

Aunque nuestra relación fue tormentosa, fue vivida con pasión, mucha pasión por parte de los dos; mis idas y venidas, infantiles por mí parte y la inseguridad de ambos, acabó con la bella historia de amor. Nuestros juegos amorosos y pasionales en la intimidad fueron de total entrega y aún siguen en mi imaginación. Aquéllos, que por algún motivo no pudieron realizarse, se quedaron en el tintero de los sueños y emociones. Mi gran deseo al escribir este relato es, sobre todo, sacar de mi pecho este gran amor y compartirlo con todas las personas que quizás algún día lean esto.

Cielillo lo sabe, se lo he dicho en las pocas ocasiones que lo he visto, me gusta decírselo y espero que siempre me recuerde con el mismo cariño que yo lo haré. Sentir el amor es algo maravilloso, me gustaría que todos lo pudieran sentir, a veces es doloroso, sí, eso es verdad, no puedo negar que hubo momentos de intenso dolor, pero lo que queda, esa sensación de haberlo tenido todo dentro de mí, es suficiente para olvidar ese dolor.Con todo esto quiero agradecer a Cielillo su existencia y, sobre todo, haberla compartido conmigo durante esos dos años.

Los más bonitos de mi vida. Se tienen pocas ocasiones de conocer el amor verdadero y muchas veces las personas que ya hemos sido heridas por él, nos da miedo vivirlo y nos quedamos quietos dejándolo pasar; hay que seguir y vivir las cosas que la vida nos trae en cada momento, o corremos el riesgo de que después nos invada la pregunta de qué hubiera pasado; además de perder vivir, eso es lo más importante, VIVIR, cada momento y cada cosa. Mañana será otro día.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Este relato me ha encantado, y me ha emocionado. No dejes nunca de escribir.
Maite García

Anónimo dijo...

Que bonita historia de amor. Me ha encantado leerla. Gracias por compartirla ( Seda )

Anónimo dijo...

Carpe diem, como decían en el Club de los poetas muertos. Siempre es preferible pasar por unos días donde todo esté manga por hombro, a privarse de vivir un tiempo de sensaciones , dure lo que dure. Bonito relato Leonor, he disfrutado leyendolo.( Marbe)

Isa dijo...

Siento tu dolor como si fuera el mio propio, bonito relato, no dejes de ser siemre tu misma.
Tu amiga isa, para leonor.

Anónimo dijo...

Siento tu dolor como si fuera el mio propio, bonito relato, no dejes de ser siemre tu misma.
Tu amiga isa, para leonor.

Humera dijo...

Es un relato emocionante por toda la ternura que deja Leonor en su escrito. Esa memoria de un gran amor, esa nostalgia. Pero también el placer de haberlo vivido.
Bravo, es precioso y muy bien contado.

Anónimo dijo...

hola leonor. soy el peque. me ha gustado mucho el relato. lo he leido con muchas ganas e intriga y me ha encantado. esto no lo sabia y me considero un privilegiado por poder preguntarte y que me puedas contar personalmente sobre esta historia mas a fondo..... siempre y cuando quieras. besos, peque

Anónimo dijo...

son tus oidos, mis oidos
es tu corazón, mi corazón

será tu lágrima
la que ruede por mi mejilla

será tu dolor
el que anide en mi alma
el que curen mis besos