HÉROES ANÓNIMOS… IMPAGABLES. JOSÉ MANUEL BELMONTE


HÉROES ANÓNIMOS…

     Hay algunos casos extraordinarios de cuidadores de personas dependientes. Hay cuidadores de personas mayores o dependientes, que no son familia de esas personas -en muchos casos inmigrantes-y lo hacen muy bien. Pero hoy me referiré únicamente a los cuidadores con lazos de sangre. Las historias humanas, tanto del cuidador como de la persona que atienden, suelen ser entrañables. Conozco a más mujeres cuidadoras que hombres. Pero tanto ellos como ellas, son un ejemplo. Prestan un servicio a la sociedad con su sacrificio, abnegación y dedicación. Ese servicio no siempre es valorado ni reconocido. Lo hacen por convicción y por cariño; generalmente sin pago alguno, ni de la familia, ni de la sociedad. 


Tal  vez lo hacen simplemente, porque las circunstancias de la vida, o el destino, les han colocado ahí. En todo caso son ejemplares su valor, su fortaleza,  su  constancia y su silencio. Esposas que cuidan a sus maridos enfermos -o viceversa-; o bien entre los dos cuidan al padre o a la madre de alguno de ellos, a algún hijo con problemas especiales. Eso, es suficiente para considerarlos héroes. “Un héroe es una persona que se sacrifica en beneficio de los demás sin la necesidad de recibir algo a cambio, es dar mucho sin esperar recompensa alguna”, señala  el periódico La Razón. Yo  voy a destacar, a modo de ejemplo, únicamente tres:
1.           Los más difíciles son los que, bien a su pesar, salen del anonimato y saltan a la prensa. De justicia es estar atentos por lo menos en estos casos, para hablar de ellos. La segunda semana de noviembre  ha venido marcada por la tragedia de Astorga, en León. Recordemos: una mujer de 82 años, habría muerto por causas naturales. Su hija, de 40, que padecía discapacidad grave y ceguera falleció después, al no recibir los cuidados que su madre le procuraba y que necesitaba. Al parecer ella era la abnegada cuidadora de su hija, hasta que pudo.  Vivían en el primer piso del número 15 de la Calle San Juan. Algún vecino del inmueble había alertado del extraño olor en la escalera. Al parecer las circunstancias se encadenaron de tal modo que la primera muerte causara la segunda, y los días discurrieron sin que nadie, ni los vecinos del barrio o de la parroquia, se enteraran de lo sucedido. Los cadáveres fueron encontrados a última hora del pasado viernes día 9, por la policía local. Los agentes comprobaron que ambas mujeres llevaban muertas desde hacía varios días, según el “Diario de León”.
     Ignoro, y por ello no entro a juzgar leyes de Asistencia o Dependencia, ni si había o no, ayuda alguna de algún organismo de la administración del Estado. En todo caso, si la había, la ayuda humana no llegó. El hecho real y triste es, que una discapacitada, ha muerto abandonada al fallecer la madre, ya anciana, que la cuidaba. Algo ha fallado en las relaciones familiares, humanas y sociales, así como en los servicios asistenciales, para que con los medios de que dispone hoy una sociedad avanzada como la nuestra, se produzcan hechos  de esta naturaleza. Una persona discapacitada, con 40 años, debería disponer de ayuda humana, varias veces al día, al menos como apoyo a su anciana madre. Espero y deseo que el hecho no se reduzca a un mero accidente, y sirva para hacer pensar y depurar responsabilidades, si las hubiere. Sobre todo para que no se repitan casos de esta naturaleza nunca. Descansen en paz madre e hija, juntas hasta ahora y unidas para siempre. Desde aquí mi reconocimiento y admiración por esa  heroica madre cuidadora. Reciba, a título póstumo, mi sincero homenaje.
2.           Los hombres también, arriman el hombro, cuando es menester. No lejos de Astorga, conozco a un hombre ejemplar donde los haya.  Lo  había demostrado ayudando  a su madre cuando se quedó ciega, echando una mano en casa y llevando su pequeña explotación agraria. Cuando su madre falleció, abandonó sus tierras y vendió sus animales para dedicarse, en cuerpo y alma a atender a su hermano, con alguna deficiencia. ¿Normal que lo hiciera? Hay que echarle valor y mucho corazón también. Con su edad, más de 40 años, pudo haber llevado a su hermano a  un centro asistencial y, libre, hacer su vida. Eligió cuidarlo él mismo, en el entorno en que su hermano siempre había vivido. Los que le conocen dicen que es una persona extraordinaria. Hoy es un héroe anónimo. No será candidato a héroe del año, pero seguro que es uno de ellos.
3.           La última historia, me la comentaron hace unas semanas. Una persona amiga, testigo ocasional de los hechos, se reunió conmigo en el Eroski de Santander, junto al aeropuerto. Habíamos quedado en un restaurante del complejo comercial, porque tenía “algo” que podía interesarme. Durante la comida me iría contando detalles.  Parece que tenía prisa, porque en cuanto nos sentamos empezó:
     Suponte, -dijo-, que es de noche aún. Una mujer duerme, en el suelo, porque en la pequeña habitación no cabe otra cama, y porque su columna soporta mejor la rigidez. En una cama al lado, duerme su madre de 94 años y con alzhéimer. A las 6,30 de la mañana, la hija se levanta para ducharse y comenzar la tarea diaria.
     -¿Tan temprano? ¿También en invierno?
     En invierno y en verano. Sin variar, porque su madre requiere siempre los mismo cuidados. Y porque sólo dispone de ayuda -por la dependencia-, para levantarla y acostarla.  Siempre con el tiempo justo. Tiene que tener todo a punto, ya la mujer que viene a ayudarla, con necesidades también, tiene que atender a otras casas. Esa es la razón de los madrugones. Y puedo añadir que no ha tenido ni un día de descanso. Lleva cuidando a su madre noche y día 14 años.
     -14 años es mucho tiempo. Son muchos días, seguidos. Tendrá  que tener una naturaleza de roble.
     Pues todo lo contrario. Está sumamente delicada. Tiene el estómago muy delicado. No puede tomar nada de lácteos y ha sufrido varias operaciones; pero lo que es peor, es la  fibromialgia que padece. Le produce unos dolores  tremendos, con los que  tiene que convivir, porque como ella dice: ¡no hay otra!
     -Pues en esas circunstancias, el coger peso, y atender a un enfermo que no colabora,  parece lo menos  recomendable, creo yo, que soy un profano en la materia.
     Cierto.  Pero ella siempre dice  que  hay que hacerlo porque su madre es  lo primero. Si su madre no se queja ¿por qué se iba a quejar ella? Pone tal cariño en el cuidado y en todo lo que hace, que quienes conocen a esta hermana, quiero decir a esta Sor, hablan maravillas. Los médicos que atienden a su madre, dicen que ella es médico, enfermera, cocinera, masajista, religiosa, ama de casa, y al mismo tiempo   una hija volcada 24 horas en atenciones y dedicación a su madre.
     -Es decir, que se trata de una monja. Es asombroso. Habrá tenido que abandonar el convento y los hábitos…
     Pues sí es monja. Ha tenido que pedir los permisos pertinentes, tanto a su Congregación como a Roma para poder ayudar a su madre.  Ha tenido que dejar el convento, por imposibilidad física material, pero sigue de religiosa, y con hábito. Todos la conocen en el pueblo y en el valle, donde vive. Las tiendas -incluida la farmacia-, cuando cierran, le llevan muchas veces a casa, los productos que necesita, para intentar ayudarla y que no cargue con peso.
-No sé si se dan muchos casos como este, pero reconozco que la labor social y humana de esta monjita debe ser impagable.
     No hay dinero para pagar tanto cariño y tanta delicadeza como ella derrocha con su madre. Siempre tiene una palabra dulce, un beso, incluso en ocasiones, una canción. Si no fuera por ella su madre habría fallecido hace mucho. Un detalle, del ánimo que pone y de lo que estimula y contagia. Su madre, a veces se arranca a cantar con ella; cada día reza con ella. Aunque parezca contradictorio, no sabe quién es la persona que la atiende, o las que vienen de visita, aunque sean de familia, pero no se le han olvidado las oraciones de su juventud y las oraciones de su infancia. Debe ser  en recuerdo de quien siempre la quiso y la educó con tanta dulzura. Si no se ha apoderado de ella  totalmente el alzhéimer, debe ser por  la fuerza del cariño, por ese constante cuidado y por ese hablar con ella tanto, aunque muchas veces  su madre no le responda.
      -Yo tampoco entiendo mucho de cómo se tiene que tratar a una persona mayor y con alzhéimer. En todo caso no debe ser muy diferente a como lo realiza esta monja.
     A mí también me lo parece. Si yo estuviera en esas circunstancias, me gustaría que me trataran de esa forma tan humana. Hay que tener en cuenta que su madre no pisa la calle, ni en silla de ruedas, desde hace más de 10 años. Hay tanto desnivel desde donde termina el ascensor hasta la calle, que ni en silla de ruedas, es posible sacarla. Los vecinos y la administración se han desentendido del problema de accesibilidad. De todos modos, me gustaría que alguna televisión fuera capaz de hacer un reportaje, de un día cualquiera, -de madre e hija- porque es ejemplar. Podía ayudar a otras personas. Una dedicación tan grande, desinteresada y humana, es posible. No sobran ejemplos  así.
     –Una duda tengo, me gustaría que me dijeras, si lo sabes, si esta monja es joven, o ¿qué edad puede tener?
     Para aguantar este rimo de vida y de trabajo tiene que tener, por fuerza, un espíritu joven. Tal vez lo más importante sea su fuerza interior. Lo de la edad real, no te lo vas a creer, Acaba de cumplir 68 años.
     -Te lo agradezco, de verdad, pero… me dejas sin palabras. Aunque en estos tiempos descreídos no suelen apreciarse estos ejemplos, ¡me gustaría conocerla y darle mi enhorabuena! Mucha gente está dispuesta a ir hasta la India, para conocer a un “gurú”, cuando tenemos “maestros ejemplares” aquí mismo.