LOTERÍAS Y APUESTAS. JOSÉ MANUEL BELMONTE


CON CRISIS O SIN CRISIS NO TODO VALE, ME PARECE

El hombre que nace, come y bebe, juega, piensa y quiere, trabaja (si puede) enferma y muere, es el que encontramos a diario en la calle, en cualquier sociedad del planeta. El juego es ilusión, deseo de evadirse y de mejorar. Soñar es el principio para que algo pueda hacerse realidad. Soñar es vida. Jugar es un síntoma positivo. Vivir es ilusión. Los retos atraen. Si se sueña con mejorar y se tiene voluntad, se avanza. “Nadie con su suerte se quiere contentar”, decía la canción. Los adultos se ilusionan y juegan, porque se divierten o para divertirse y porque conservan mucho del niño de su infancia. Como Unamuno parecen decir: “he crecido a mi pesar”.

Pero se puede manipular al ser humano, precisamente por ser soñador. “La gente nunca va a dejar de soñar”, se puede leer en los paneles de toda España, para invertir en lotería. Los políticos lo saben y, los gobiernos en particular son ilusionistas. Los medios de comunicación también. Hay un peligro. Si se abandonan los principios, se antepone fácilmente el interés particular o partidista a la coherencia, el fin a los medios, y el ciudadano, el hombre, no cuenta. Lo envuelven con la verborrea demagógica de números, estadísticas y promesas. Juegan con la necesidad y con los deseos de la gente. Se inyectan millones a los bancos, y además se les permite aumentar las comisiones. El plano político, el financiero y el mediático, se sincronizan y parecen independientes, pero solo son tentáculos diferentes.

El Estado siempre tiene un as en la manga: el dedo, el impuesto, las subvenciones y los juegos de azar. En especial la lotería. Con la crisis, no se juega menos, al contrario, se busca el golpe de suerte con más énfasis y se apuesta más. En España, las Loterías y Apuestas del Estado (LAE), generan ingresos fijos cercanos a los 3.000 millones anuales.

Pero cuando se ha gastado más de lo que se ingresa, se puede caer en la tentación de vender la gallina de los huevos de oro, para sacar el dinero que se necesite. El Gobierno ha intentado privatizar la Lotería; el Consejo de Ministros dio luz verde a finales de septiembre. De hecho ha gastado 14 millones de euros en publicidad. Pretendía recaudar cerca de 9.000 millones para cumplir con los objetivos de estabilidad presupuestaria. Era una forma de salir de la asfixia ante los compromisos ineludibles e inaplazables. Pretendían colocar el 30% de la empresa pública. Han tenido que dar marcha atrás y anunciar que se suspende la salida a Bolsa, prevista para el 19 de octubre.

Una vez más, las prisas han llevado al fracaso. Estamos acostumbrados a jugadas muy caras de éste desgobierno. Nadie ha explicado convenientemente ni el “órdago” de la operación, ni la pérdida de 14 millones. ¡Juegan con nuestro dinero! ¿Ninguna responsabilidad? Un país que gasta,- derrochan mejor-, el dinero del contribuyente con la justicia puesta de perfil, está “al borde del precipicio” de la intervención. Se transmite el absurdo y la incoherencia desde el poder y desde los medios. Una ruina moral y un mal síntoma.

Cuando hay 5 millones de parados y uno de cada dos jóvenes está sin trabajo, cuando el salario mínimo de un trabajador es de 624 €/mes, cuando familias enteras sobreviven gracias ala pensión de los abuelos y cuando tanta gente lo está pasando muy mal y los comedores de cáritas están siempre llenos, que esté triunfando el juego de TV “atrapa un millón de euros” , es una bofetada a la inteligencia, a la educación, a la juventud, y a la ley de esforzarse en saber para trabajar y poder vivir. Es una burla sangrante ante la crisis. El dinero fácil, la fiebre de tocar un millón con las manos es pornográfica porque prostituye los valores y ofende la mínima decencia del trabajo y de mérito y se presenta como un juego. Es indecente, porque lo pagan los anuncios y el consumo.

Sin embargo ahí está, como otros programas, porque nosotros queremos. “Pero el gran responsable somos nosotros mismos, la sociedad, porque gracias al abandono de ciertos valores, y al consumo de otros disvalores, hemos ido confeccionando un modelo de vida que ahora nos agobia por demasiados costados a la vez... Así que no expresemos culpabilidades puramente ajenas. Debemos incluirnos en el cuadro de responsables si queremos ser sinceros” (M. Conde).

¿Para cuándo la regeneración? Únicamente cuando las personas y la sociedad, tomemos en nuestras manos nuestro destino y no lo dejemos al azar. No todo vale, ni en la política, ni en los medios (públicos o privados), ni en las actitudes personales.

1 comentario:

Daniel Vega dijo...

Mas incongruencia veo yo en los programas que enseñan las casas de gente millonaria, lo bien que viven est@s millonari@s, y ientras 5 millones de parados teniendo que aguantar como nos ponen esto en la tele dia si dia tambien.
Y sin empezar a hablar de los programas estilo "La Noria" "Salvame" donde simplemente se subenciona la buena vida de un monton de chupasangres que por contar su vida y por ponerse a parir, tienen una nomina a final de mes digna de un deportista de elite.
Claro esta, que si la gente no viese estos programas, pondrian cosas mas normales, y habria en españa 50 o 60 millonarios menos.