IMPLICADOS Y SOLIDARIOS. JOSÉ MANUEL BELMONTE


IMPLICADOS Y SOLIDARIOS                      
En la Sede Central de un banco español, en Madrid, se celebró una gala para entregar  los premios a los 5 ganadores de un concurso solidario al que concurrieron más de 50 ONG de toda España.  Vaya, desde aquí mi enhorabuena a las Asociaciones ganadoras.De esa gala, me interesa, sobre todo el lema, del que me he servido para encabezar este escrito: “Implicados y Solidarios”.  De una u otra forma, los allí presentes, lo eran. Dice Ken Follett, en El invierno del mundo,  que “Si uno no se implica, lo que suceda es culpa suya”.  Por eso, lo importante y lo necesario sería implicarse de forma solidaria, es decir, que fueran inseparables: “implicados y Solidarios”.


Por activa o por pasiva, “implicados” estamos todos siempre o la mayoría de las veces, como ciudadanos, como personas y como creyentes (hasta el demonio cree, según G. Amorth). El problema es la actitud, es decir la respuesta.  Si ésta no es comprometida estamos colaborando en “el invierno del mundo” y lo que suceda puede ser responsabilidad de cada uno. De ahí que  el acento en la gala antes mencionada  y también en la vida, debe ponerse en la segunda palabra: implicados y ”Solidarios”.

La implicación  puede ser pasiva, es decir, simplemente por el hecho de pertenecer a un grupo determinado, estar en un determinado lugar, o en un momento concreto, es puramente circunstancial, no personal. Lo que ahí sucede nos concierne, pero uno puede inhibirse, pensar en sí mismo y desentenderse del entorno. El pasotismo es eso. No hay un paso al frente. Desgraciadamente, son mayoría en todas las sociedades. En la vida social, en la política e incluso en el aspecto religioso. El colmo de esa frialdad y de ese “invierno”, es que sin  haber movido un dedo, se tenga la desfachatez de decir: “tenemos lo que nos merecemos”. ¡No es verdad! Tenemos lo que nuestra apatía, nuestra abulia y nuestra comodidad han decidido.

Ser solidario, es ser activo. Es salir  de uno mismo. Uno dice, aquí estoy porque quiero y me importa. Es la persona quien se implica.  Es la  voluntad quien defiende o apoya una causa y se arriesga por el interés de otros. En momentos difíciles, son más necesarias las personas y las acciones solidarias. Eso es simplemente, ser una persona coherente. Coherentes con la necesidad, con su ser, con su capacidad y con sus ideales. No sólo se ofrece voluntaria, sino que se lanza y trabaja impecablemente por el bien de los demás, por cambiar lo que está mal,  sin buscar ni esperar nada a cambio.

     Hay una mujer pakistaní llamada Asia Bibi,  madre de 5 hijos, que lleva 4 años  en la cárcel y condenada injustamente a muerte por ser cristiana.  En un entorno musulmán y fanático,  no seguir el dictamen o las creencias de la mayoría es un peligro. Está acusada injustamente de “blasfemia”. La acusación es sutil y perversa en sí –a ver cómo se puede defender-.  Se ofrece una recompensa de 500.000 rupias (equivalente a una buena vivienda moderna) a quien la mate. El fanatismo es peligroso, además hay caza recompensas, y verdaderos terroristas dispuestos al linchamiento. Como prueba de que no se andan con miramiento es que dos miembros del gobierno Pakistaní han sido asesinados por pedir la libertad de esta mujer.  Han asesinado a su defensor, Salma Taseer, (a pesar de ser musulmán) y al mismísimo ministro de minorías: Shahbaz Bhatti, católico. Aunque inocente, no hay pues duda de que si sale en libertad, en su país, es mujer muerta.  Por ello, incluso un posible indulto, sería su condena. Es decir, ¡no puede seguir allí, ni libre! Sin embargo están en juego, 3 o 4 Derechos Humanos en este caso: la vida, la libertad, el respeto a las creencias religiosas y también el de libre circulación.

      Muchas personas en occidente lo saben. Los gobiernos occidentales han presionado y por eso aún tiene vida.  HazteOir, una Asociación comprometida y solidaria, ha hecho venir a España a Ashiq Masih, marido de Asia, y a su hija Sidra, en un intento de ayudarla y de salvarla. En la noche del sábado 15 de diciembre, en la ceremonia de Gala de los Premios HO 2012,  uno de los premios que la Asociación fue para Asia Bibi. Es una forma de  denunciar el caso y concienciar a la sociedad, para que presione al más alto nivel. Hay que  buscar apoyos en un país democrático, y de los líderes europeos.  Por eso, se han reunido con el Secretario de Estado de Asuntos Exteriores.

     Parece ser que España se ha comprometido a tramitar y poner en conocimiento de la autoridad Paquistaní, la solicitud urgente de asilo, por razones humanitarias, para Asia Bibi y para su familia. Ya se hizo en otras ocasiones, por ejemplo con los presos cubanos.
     Implicarse, comprometerse, mantener sus creencias, en un ambiente hostil, en un país en el que el cristianismo es minoría, y en el que peligra tu vida y tu familia, es un aldabonazo a los creyentes occidentales, como personas, y como solidarios con los de otras partes del mundo. Posiblemente  se entienda mejor escuchando lo que Asia dice en una carta:

     “No sé si llegarás a leer esta carta. Escribo a los hombres y mujeres de buena voluntad de España, desde mi celda sin ventana, en el módulo de aislamiento de la prisión de Sheikhupura, en Pakistán.

     “Llevo encerrada aquí desde el mes de junio de 2009. Me han condenado a morir en la horca por blasfemar contra el profeta Mahoma. Dios sabe que es una sentencia injusta y que mi único delito en este mi gran país, al que tanto amo, es ser católica…pido a los españoles que recen por mi e intercedan ante el presidente de mi hermoso país para que me permita recuperar la libertad y reunirme con mi familia, a la que tanto echo de menos.

     “Estoy casada con un buen hombre llamado Ashiq Masih y, juntos tenemos 5 hijos que son una bendición del Cielo: un varón, Imram, y cuatro chicas  Nasima, Isha, Sidra y la pequeña Isham. Solo quiero volver a estar con ellos, ver sus sonrisas y devolverles la paz. Están sufriendo por mí, al verme encerrada y privada de justicia. Temen por mi vida, pues la sentencia que me condena a morir ahorcada es firme y un indulto puede evitar que sea ejecutada.

     “Un  juez, el honorable Naveed Iqbal, entró una mañana en mi celda, después de condenarme a una muerte horrible y, me ofreció revocar la sentencia si me convertía al Islam. Yo le agradecí, de corazón, su buena intención, pero también le dije, con toda claridad de la que soy capaz, que prefiero morir como cristiana que salir de prisión siendo musulmana. “He sido juzgada por ser cristiana”, le dije al señor juez, Creo en Dios y en su enorme amor; si Usted  me ha condenado a muerte por amor a Dios, estaré orgullosa de sacrificar mi vida por El”.

         No he podido continuar la lectura de la carta de esta gran mujer. Conmocionado aún por la tragedia en un colegio de Estados Unidos, me he puesto a pensar, que hay que implicarse, porque no podemos seguir con la muerte de inocentes, un día sí y otro también.  No basta con derramar unas lágrimas de pesar, si no enseñamos a respetar la vida, a hacer algo por los demás, desterrar la violencia del corazón y trabajar por la paz. Estamos aquí no para tener más, ni para acumular armas, sino para aprender a amar.  Por mucho que creamos, no puede ser igual matar que morir. Los verdugos y las víctimas, aunque hayan muerto al mismo tiempo, no pueden penetrar en la luz. Algo tenemos que cambiar o forzar para que se cambie para que se callen las armas, impere la justicia y la paz sea posible. Aunque tengamos empatía, si no hemos perdido a un ser querido por esta locura, no podemos imaginar el dolor de esta tragedia.

       Asia Bibi, perseguida injustamente, en su esperanza y sacrificio, habla con un corazón de paz, pero no de cruzarse de brazos. No importa morir si se ha vivido y se ha sufrido con dignidad. 20 niños y 6 mujeres asesinados en USA, demuestra que el poder no está en  el dinero ni en las armas, pero son un peligro. Hay muchas formas de forjar delincuentes y   homicidas frenéticos ('spree killers'). Sólo la educación en valores, incluyendo la educación ética y espiritual, y la conciencia, nos defienden de nosotros mismos. Asía Bibi terminaba su carta diciendo: “Creo que la libertad de conciencia es uno de los mayores tesoros que nuestro Creador nos ha dado y tenemos que preservarlo”.