¿POR QUÉ? ESTHER VIVAS


¿POR QUÉ? 
La indignación que provoca saber que hay gente en el mundo que no puede comer parece insuperable. Pero todo empeora cuando uno se entera de que el alimento que se produce sí es suficiente. Y que si hay alguien que no come no es por un error de producción, sino se distribución.

¿Por qué hay gente que muere de hambre?
Nuestra sociedad se sustenta en una serie creencias, mitos y verdades absolutas como que éste es el único de los sistemas posibles, que no hay otra salida a la crisis, etc. En el campo de la alimentación, nos dicen que éste es el mejor modelo para acabar con el hambre en el mundo… cuando en realidad es un modelo que genera hambre, desigualdad, problemas climáticos y desaparición del campesinado.


¿Cuál es la causa?
El alimento dejó de ser un derecho para pasar a ser una mercancía en un negocio monopolizado.

Como la vivienda…
Sí. La lógica de la rentabilidad económica explica porqué en la época de la abundancia, hay personas que no pueden acceder a las necesidades básicas. Entonces hay casas sin gente y gente sin casas, gente con hambre y comida que se tira.

Una lógica perversa.
Si no tienes dinero para pagar el precio cada día más caro de la comida, porque se especula con la misma, no comes. En el caso de la alimentación, como en los otros, se trata de un problema político. El hambre no tiene tanto que ver con fenómenos meteorológicos o conflictos bélicos.

¿Cuánto se desperdicia?
La Food and Agriculture Organization (FAO), el organismo de la ONU para la alimentación y agricultura, dice que hoy se producen alimento para 12.000 millones de personas. Dado que somos 7.000 millones, hay comida de sobra. Pero, según la misma FAO, hay casi 900 millones de personas que pasan hambre.

Se le da alimento sólo al que puede pagarlo.
Sí. No hay democracia en el sistema agrícola y alimentario. Se produce para el beneficio económico de unas pocas empresas. Se produce para ganar dinero, no para alimentar a las personas.

¿Sólo los políticos son responsables de esto?
Hay dos responsables. El principal son las empresas agroindustriales que monopolizan el sector, privatizan las semillas y las transforman en mercancía. Controlan el alimento y la distribución. El otro responsable es la clase política, sí, cómplice de estas empresas.

¿No se ha legislado para que el Estado se involucre en este problema?
¡En Europa se ha legislado para que haya hambre! La Política Agrícola Común (PAC) subvenciona  la agroindustria y los grandes terratenientes de la agricultura para que coloquen sus excedentes en países del sur a bajo coste. Esto es competencia desleal para los productores de estos países.

¿Por qué es necesario producir excedentes?
La agroindustria impone los criterios para el consumo. Hoy un producto lo consumimos si tiene un determinado tamaño o aspecto, aunque el proceso para lograr esas cualidades sea contraproducente para la salud de los consumidores. Producen de más para asegurar esos criterios sin dejar de cumplir con la demanda. Y esta exigencia termina generando excedente. Va todo de la mano.

¿Se puede reestructurar el sistema agroalimentario?
Desde los espacios alternativos se llevan adelante practicas antagónicas a las que dominan el mercado. Se exige que se generen políticas basadas en la soberanía alimentaria y que se devuelva la capacidad de decidir a los consumidores y a los campesinos a través de prácticas agroecológicas.

¿Cómo es esto?
Prácticas de proximidad, de compra directa al campesino, que cuida de la tierra, con manejos ecológicos. Restablecer la relación campo-ciudad.

¿Es viable hacer esto?
Hoy en Catalunya hay más de un centenar de estas experiencias. Eso muestra que son prácticas viables.

¿Como cuál?
Cooperativas agroecológicas: ciudadanos que se ponen de acuerdo y compran directamente a un campesino local. O experiencias de huertos urbanos, redes de intercambio, venta directa campesina… Son experiencias que van a contra corriente, y es importante que se coordinen con otros movimientos sociales.

¿Cómo se puede modificar la decisión política?
Si queremos comer bien hay que cuestionar el modelo actual y generar conciencia. Hay que modificar de raíz el sistema agroindustrial y el sistema capitalista que lo sustenta. La clave: la movilización social.

¿Los bancos de alimentos no son una solución?
Para terminar con el hambre y el desperdicio de alimentos se necesita ir mucho más allá del banco de alimentos. Frente al drama social actual, los bancos de alimentos son una tirita, una ayuda puntual, pero no generan un cambio de estructura.

Y eso a la industria agroalimentaria ya le está bien…
A la agroindustria, los supermercados… lo que más les preocupa es la imagen, y el despilfarro da mala imagen. Entonces,  algunos supermercados donan alimentos en una estrategia de marketing empresarial. Pero no se pone en cuestión el modelo. Y es aquí donde tienen que realizarse los cambios.

Parece todo muy evidente.
Lo es, pero el sistema agroindustrial se sustenta en una serie de mitos, que te comentaba al principio, que lo legitiman. Mitos y verdades absolutas que son mentira y que sirven para que se antepongan intereses particulares a necesid