LA CRISIS, TAMBIÉN AL COMIENZO DEL CAMINO. JOSÉ MANUEL BELMONTE


LA CRISIS, TAMBIÉN AL COMIENZO DEL CAMINO                             

        Pocas personas que visitan la tumba de Santiago Apóstol, en Compostela, conocen una escena que en la catedral, recuerda la muerte de los Inocentes.  No conozco que quienes  la hayan visto  la mencionen o escriban sobre ella. Tengo que reconocer, que a mí me impactó. Tomé una fotografía. Pueden apreciarla. Es brutal. El autor o autores, escenificaron la escena de “la matanza de los inocentes” por el temor que para el poder de Herodes, suponía el nacimiento de Jesús. Los magos, conociendo esas intenciones, se fueron sin decirle dónde estaba el niño de Belén. Como venganza, Herodes, mandaría sacrificar a los menores de 2 años  con el consiguiente dolor para los niños, las madres y demás familiares.


        En aquellos tiempos no había otras amenazas para los niños que las enfermedades, la miseria o los tiranos. Los médicos, nunca procuraban más que ayudar, sanar y facilitar la vida. Sus conocimientos y su juramento nunca estuvieron al servicio del poder, para acabar con la vida y mucho menos en el vientre materno. Hoy, sin embargo, el poder y los médicos son la gran amenaza de los inocentes. Cada año, son millones de vidas inocentes, las que se siegan y se sacrifican. Tal vez se apoyan en la mayoría parlamentaria que otorga legitimidad. Son igualmente crímenes de la tiranía. Siempre sale barato, legislar o inhibirse cuando son los otros quienes mueren. Herodes y Morin, los políticos que antes y ahora les amparan o sostienen,  gozan de la hipócrita catadura moral de los interesados. Se lucran de la debilidad, la confusión y el desconcierto de alguna mujer desesperada, que seguramente  se arrepentirá toda su vida.

        Iba a hablar de los verdugos, pero  ya no.  Los acontecimientos que estos días he conocido, me han hecho desistir. Voy, pues, a enfocar  la realidad desde otro ángulo: el de los valientes. Espero que para bien, y para conocimiento de mis lectores.

        La inmensa mayoría conoce, muchos por los medios de comunicación y, cada vez más, por propia experiencia, los efectos de la crisis económica y social que en este país y en el mundo entero estamos padeciendo. Lo que no todos saben es que la crisis también ha llegado a los más inocentes y vulnerables. La voz de alerta suelen darla, no los estadistas ni los políticos, sino  las personas más cercanas a esa realidad, aquellas que se implican tanto que sienten compasión y gritan al ver lo que ven.

        No hace mucho nacía una hermosa  y sana niña, tercera de los hijos de una madre coraje. Se había atrevido a desobedecer el diagnóstico de su ginecólogo, quien le había dicho que la niña “vendría con malformaciones, por lo que lo mejor sería abortar”. Posiblemente el diagnóstico erróneo o malintencionado fuera debido a la situación de precariedad económica del matrimonio. Pero  fue tal su valentía y tanta la alegría y la fuerza que a sus padres les ha dado esta niña, que se han hecho voluntarios y se han volcado en ayudar a otras madres en dificultad.

         Uno de los dramas más terribles y angustiosos de nuestra sociedad son los desahucios. El proyecto y la ilusión de toda una vida con todas sus esperanzas, puede saltar por los aires ante una orden judicial de desalojo de la vivienda donde viven, por no poder pagar. Tal vez un drama, no menor, pero de connotaciones diferentes, es el desahucio en una vivienda de alquiler.  Tal vez es peor, aunque nadie sabe lo que es peor cuando todo es terrible.

        Pues bien, hace unos años una pareja  se conoce. Deciden casarse. Se meten en un piso de alquiler. Tienen trabajos más o menos estables. Son relativamente jóvenes y no tienen muchos ahorros. Al poco, la mujer queda embarazada. Están ilusionados. Al prolongarse la crisis, la empresa de ella cierra. En casa ya entra un sueldo menos. Pero la empresa del marido realiza una regulación de empleo, y también él pierde su puesto de trabajo. Aguantan unos meses, intentando desesperadamente encontrar trabajo, por ellos y por el hijo que esperan. Pero llega la orden de desahucio, por impago  del alquiler, justo cuando está a punto de nacer la criatura.  Cuando nace, solamente unos euros les quedan para atender al recién nacido y para comer. Alguien conoce el caso, y lanza una llamada de angustia y de socorro a los conciudadanos. Éstos, de momento han respondido con generosidad y con humanidad. El niño se encuentra bien, y los padres emocionados no saben cómo agradecer las ayudas recibidas. Los ciudadanos, casi ven al niño como algo suyo, como un hijo de todos que entre todos van a sacar adelante mientras los padres encuentren trabajo. Incluso, alguien, les ha ofrecido una casa vacía, en un pueblo.

         Pero lo más reciente, del fin de semana pasado, una llamada de angustia, conmocionaba las redes sociales. Alguien insertaba este anuncio: “¡SOS! ¡No lo mates Patricia! Por favor, ayudemos a Patricia y familia. Nos acaba de llamar un familiar para decirnos que éste sábado va a abortar a su bebé de 5 meses. Ella y su marido están sin trabajo y se quedan sin techo. Ese es el motivo”. Cuando me enteré, al igual que otras muchas personas que conocieron el suceso vía Facebook, me puse en contacto con la persona que había lanzado la alerta.

        A los pocos días, la valiente mujer hispano colombiana, que había lanzado el SOS, llena de alegría, insertaba otro mensaje: “El bebé de Paty está a salvo, después de un fin de semana intenso, entre todos lo hemos logrado”

       Como es natural éste último mensaje también fue muy seguido y comentado. Era la alegría compartida.  De ahí que, alguien escribiera: “Dios te lo pague, Tania”.  

       Loca de contenta, esta voluntaria  de Derecho a Vivir, en  Barcelona, respondió:
        -“Dios ya me ha pagado y con creces. Ahora toca hacer el mayor bien posible”.

       Y termino con un último apunte. Acaban de anunciar que el próximo día 28, festividad de los Santos Inocentes, se va a inaugurar en Lugo, una nueva sede de una asociación, recientemente constituida para defender la vida y  a la mujer  embarazada.

         Estas son algunas de las buenas noticias de la cultura de la vida. Todas ellas tienen el sello de las personas valientes. Por respeto a la intimidad de sus protagonistas, no  he querido entrar en más detalles.  Lo dicho parece  suficiente para comprobar que en estos días cercanos a la Navidad, la generosidad de la gente hace posible  que brille la esperanza, a pesar de la crisis. Estas señales son la mejor luz en nuestras ciudades. Seguramente salir de la crisis está ya más cerca. No sé si hemos aprendido que ni ésta crisis ni ninguna, justifica la muerte de un solo niño, ni antes ni después de nacer, si la solidaridad puede evitarlo. Los niños y la solidaridad son valores anticrisis. Vivir es el único deseo de todo ser humano. Seguro que ayudar a vivir será el mejor regalo. Por favor, que nadie se olvide de las víctimas inocentes de este año. La paz aún es posible.