A CAMBIAR SE APRENDE, A CAMBIAR SE EMPIEZA. JOSÉ MANUEL BELMONTE


A CAMBIAR SE APRENDE, A CAMBIAR SE EMPIEZA
Cuando yo estudiaba en Francia, asistí a una conferencia fuera de la Universidad, de un Profesor convencido que animaba a “Romper los moldes”. Los moldes de la sociedad actual, decía, son muy rígidos y estrechos. Encasillan. Propician los prejuicios. No tienen alma. No comprometen. Carecen de utilidad para cambiar. Hay que romper los moldes, los esquemas, más mentales que sociales. Hay que atreverse a soñar. El por-venir no llegará por un cauce prefabricado. No hay que atar la vida a viejas leyes y costumbres. Es justo lo contrario, lo que se necesita. Caminar y sembrar. Sembrar mientras caminamos. Descubrir la libertad, generosidad, sinceridad.  Salir de la comodidad de los cauces, de los moldes, para encontrar personas, caminos y horizontes nuevos.


No es fácil romper moldes, ni esperar que lo esencial perviva cuando todo se derrumba. Hay que mirar al horizonte. Siempre al futuro. Hay que aprender a cambiar en la intemperie,  sin nada a que agarrarse. Sin la red que supone el pasado. Crear es eso. Tal vez sobre el silencio limpio se alce la esperanza que de aliento a las alas de un mundo nuevo. Del sacrificio libre y la voluntad noble se alzan las semillas de las pequeñas ideas y verdades sencillas, de gente responsable.

Cuando todo el sistema y las instituciones se han sumido en la total hipocresía se han desmoronado los modelos caducos y vacíos y el decir una cosa y hacer otra. La sociedad tiene que pagar las consecuencias de que nadie haya respondido de sus actos. Su gran irresponsabilidad no les sirvió más que para medrar y enriquecerse. Pero al no mostrar si quiera vergüenza, no piensan  cambiar. Se pudrirán con su dinero. Posiblemente ni la justicia les alcance. Hay que abandonarlos. Han perdido la credibilidad. No podemos perder el tiempo en más mentiras, ni seguirlos. No son el futuro.

 Hay que abandonar esas pautas. Pueden intentar un lavado de cara, cambiar algo para seguir igual. Hay tales señales de descomposición, que hasta  ellos mismos comprenden que no se puede pretender una revolución “desde un hotel de cinco estrellas”. No podrán tapar los escándalos de apropiación y malversación de los caudales públicos, o las redes de comisionistas de lucro personal con cargo al dinero de todos, desde las mismas entrañas de los partidos. La sociedad no es ciega. No se puede seguir llamando a eso democracia. Los pobres siempre pedirán justicia. Querrán prolongar su estatus por algún tiempo. Hay que abandonarlos, que la justicia haga su labor, y mirar hacia adelante. Hay que creer en el por-venir, pensar en él. Soñarlo diariamente.

Siempre ha habido valientes. Personas con carisma, que marcan un camino, que se atreven a romper los moldes. Comprendieron que el mundo cambia cuando damos un paso hacia la autenticidad. Pueden ocupar posiciones elevadas o no, pero siempre dejan de actuar mecánicamente, como Gandhi, como Mandela, como la Madre Teresa de Calcuta, como Vaclav Havel, como Balduino capaz de dimitir por no firmar una ley injusta,  como Gorbachov, como Lech Walesa, como el Gran duque de Luxemburgo, que archivó una ley para no refrendarla, como Piñera de Chile, como el Dalai Lama, etc. etc. Son referentes. Todas  estas personas se atrevieron a romper con el pasado, con la tradición, incluso con el presente,  e imaginar un destino nuevo, con horizontes de utopía. La gente necesitaba y necesita personas competentes, coherentes y sinceras, que  siembren esperanza y liberen de la opresión y la amargura a los más pobres.

Todo eso, conectando con la mejor aspiración del corazón humano, capaz de comprometerse y hacer posible la respuesta a los problemas urgentes de todos, en alimentación, salud, educación y cobijo. Que los conciudadanos, aquí y en todas partes, se sientan como humanos,  vivan como tales y procuren que todos  trabajen por ese sueño o lleguen a esa meta.

Nada es gratis. El esfuerzo es necesario. Los obstáculos no desaparecen, pero quien tiene visión, ideas claras y pasión por alcanzar metas cada vez mejores, encuentra la forma de hacer posible lo que parecía imposible.  Como dijo Bernard Lawn, nobel de la Paz en el 1985: “ver los invisibles para hacer los imposibles”.  Son más necesarios los poetas que los analistas. Imaginación más que conocimientos. “Porque te tengo y no, como decía Mario Benetti, porque te pienso, porque la noche está de ojos abiertos, porque la noche pasa y digo amor… porque tu siempre existes donde quiera, pero existes mejor donde te quiero…aunque te busque y no te encuentre, aunque la noche pase y yo te tenga y no”.

Y como en toda conquista, lo importante es el esfuerzo de hoy, el paso de hoy, lo conseguido hoy. Y así un día y otro, y siempre, hasta que el hoy mejor, sea posible con todos y para todos. Hasta hacer posible no sólo la utopía, sino la “pantopía”, la utopía realizada en todos los lugares y para todos. Que las aspiraciones vitales y esenciales sean una realidad para todos, o por lo menos para la mayoría. Que llegue a todos, al menos, la posibilidad de escoger su destino, respetando a cada uno  lo que decida.

Posiblemente, en ese amanecer de un mundo nuevo, ha irrumpido una nueva estrella. Me refiero al Papa que ha tomado el nombre de Francisco.  Más de 130 Delegaciones Oficiales de la  mayoría de los países han estado en Roma, así como la mayoría de los líderes religiosos. Pero allí hubo también, y en primera fila, junto a su familia, representantes de los pobres y marginados, precisamente invitados por el mismo Papa en el inicio de su Pontificado. Allí estaba  un profesor, José María del Corral, Director del programa educativo “Escuela de vecinos”  para chicos de todas las creencias provenientes tanto de la escuela pública como privada, incluso de la calle, y que llevaba 15 años de trabajo con el Cardenal Jorge Mario, antes de llegar aquí. Cuenta su encuentro con el Papa a la salida del ascensor: cuando salió del ascensor, sin saber yo que salía del ascensor ni él que estaba yo, nos vimos, le di un abrazo y le dije “¿cómo te digo ahora?”, y me dijo él, “Jorge”, “¿cómo me vas a decir?”. Bueno, me puse a llorar por supuesto, y me dijo quiero que estés en el lugar de mi familia”.

Otro personaje que estaba allí como invitado del Pontífice, es Sergio Sánchez, del movimiento de los excluidos. Es Cartonero. Recoge papel y otros residuos para reciclar. En varias ocasiones el Cardenal Bergoglio ofició misa en los barrios pobres de Buenos Aires para estar cerca de esas personas excluidas de la sociedad y de los trabajos, explotadas y marginadas. Cuenta con orgullo: “sí, gracias a Dios lo he saludado antes que los Presidentes, porque éramos como de la familia y él nos ha saludado como su familia”.

Los gestos han precedido a sus palabras. La vida ha precedido al mensaje. Los medios de comunicación han difundido las fotos del Papa, viajando en Autobús. El cambio es importante. Lo que vaya diciendo puede sonar cierto. No han podido ser más elocuentes sus palabras: “Nunca olvidemos que el verdadero poder es servicio”.

Es poner patas arriba el tinglado del poder.  El papa anterior, ha enseñado el camino de la humildad al dimitir. Algo muy importante en nuestras latitudes.  El Papa FRANCISCO I enseña el servicio como norma de vida. Como el pobre de Asís. Algo muy necesario en nuestras sociedades. El ser humano puede aprender, si alguien enseña con “su” ejemplo. A cambiar se aprende, a cambiar se empieza.