LA MUERTE DIGNA. LLEGA LA EUTANASIA. JOSÉ MANUEL BELMONTE


LA MUERTE DIGNA. LLEGA LA EUTANASIA
Podían significar lo mismo, ya que la palabra eutanasia significa literalmente “buena muerte”. Eutanasia aparece como concepto en el s. XVII y se atribuye a Francis Bacon. Pero hoy la “muerte digna” es sinónimo de muerte natural, mientras que la eutanasia entraña una técnica de eliminación de la vida por circunstancias diversas, malformaciones, enfermedad mental, vejez,  o deseo, según  el adagio romano: "mori licet cui vivere non placet".

Cada vida humana se enfrenta a dos absolutos: ¡todos tenemos que morir pero, no se puede matar! La salud de un ser humano en camino no suele ser un proceso natural constante.  De hecho se producen alteraciones más o menos importantes, por  envejecimiento, enfermedad, traumatismo,  degeneración etc.


Se sabe que hay situaciones en las que el proceso de enfermedad terminará en la muerte. Toda alteración de la salud  requiere una atención y unos cuidados. Si la enfermedad se prolonga, afectará al individuo, a la familia y a la sociedad. Esos cuidados que el enfermo precisa son cuantitativamente importantes pues requieren cuidados  médicos, de enfermería, hospitalización y farmacia. Eso es dinero. Y es ahí donde entra el estudio, la ideología, la especulación y los intereses contrapuestos.

Cuando se comenzó a hablar  de una “Ley de muerte digna”, se ponía el acento  en el adjetivo “digna”.  Digno es lo valioso,   e inherente al ser humano dotado de liberta. Por eso, todo ser humano, varón o mujer, niño, joven o anciano, enfermo o sano, creyente o ateo, bueno o malo, blanco o negro... es «siempre digno», porque puede decidir qué  quiere ser y cómo.

 La enciclopedia Vikipedia introduce un aspecto nuevo en la palabra “dignidad”: “la vida humana es respetable siempre porque puede ser algo más que vida, vida con sentido”. Lo cual tiene su historia.

 En 1935 el Dr. Killick Milard fundó la Euthanasy Society con la finalidad de defender el derecho a una muerte indolora para aliviar o hacer breves los sufrimientos de pacientes terminales. Casi simultáneamente se impulsa este concepto, se pone en práctica en la Alemania nacionalsocialista. Ahí se acuñó el concepto de “vidas con sentido” o vidas que “no tiene sentido ser vividas”. Con  el fin  de “ahorrar” y dedicar el dinero a otra cosa.

Evidentemente,  cuando en España, se hablaba en la anterior legislatura, de una Ley de “Muerte digna”, el adjetivo no es neutral. Ya se asocian paciente y médico. Se trata de  “aliviar el dolor”, pero también  se habla  de los médicos. Hay que “garantizar la seguridad de los profesionales”  Esta “garantía””, ante un enfermo que va a morir, inquieta y  mosquea.  Parece que además de poder curar, en ciertos casos el médico tendrá que ser juez y verdugo, irrogándose el papel de señor feudal dueño de la vida y de la muerte.

El gobierno socialista de España, intentó impulsar una” Ley de la Muerte Digna”, que debía impulsar Leire Pajín,  Ministra de Sanidad, desde (octubre 2010 a diciembre 2011). Contaba  con una ley parecida aprobada por socialistas y comunistas en Andalucía. Había, pues,  un precedente jurídico en una  ley autonómica. Eso servirá de base al gobierno para la regulación nacional. El gobierno de Zapatero que había hecho aprobar la Ley del aborto libre, llamándola “Ley de salud sexual”, pretendía aprobar la Ley de la “Muerte Digna” antes de acabar su mandato. Todo el mundo sabía que lo que se proponía  era la “Ley de la Eutanasia”.

Una entidad como  Derecho a Vivir, que había sido (y lo sigue siendo) especialmente beligerante contra la ley del Aborto, organizó una semana de estudio sobre la futura ley de Muerte Digna. En esas “Jornadas Científicas”, que tuvieron lugar a partir del 9 de marzo de 2011, abordaron las implicaciones de la  ley en los diversos ámbitos, éticos, jurídicos, etc.
El Gobierno socialista no pudo terminar su mandato ya que se vio obligado a convocar elecciones anticipadas el mismo 2011.  La ley no pudo ver la luz.

Ahora bien,  los ciudadanos,  que vivimos en un contexto Europeo, podemos saber  por dónde van los hechos, si nos fijamos en la práctica en los países que sí aprobaron una legislación similar, como Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Suiza. Holanda fue el primer país europeo en despenalizar la eutanasia. Bélgica  lo hacía poco después.

El primer paso: aprobación: “por el bien de quien sufre”. Dicha ley permite a los médicos aplicar la eutanasia a los enfermos que la soliciten y estén afectados por dolencias  incurables que les provoquen “sufrimientos físicos o psíquicos constantes e insoportables”.

Hoy: las cifras son contundentes. Se acaban de hacer públicas. Se constata que en este pequeño país, la cifra de eutanasias ha alcanzado en 2012 un récor histórico: un total de 1432 casos.
Se sabe que, no todos los casos, de eutanasia, han sido voluntarios.  De hecho ya en 2010,  120 enfermeras belgas admitieron haber practicado la eutanasia sin petición del paciente, según el periódico  Canadian Medical Association Jurnal.

El siguiente paso, ya es más fácil como puede comprobarse. “Una vez legalizada la eutanasia voluntaria, inevitablemente llega la involuntaria” según declaraciones del Dr. Peter Sauders, en declaraciones recogidas en Daily Mail. Los grandes defensores de la Eutanasia han sido Foster-Kennedy en América, Lenz en Alemania, Milliard en Inglaterra y Van den Berg en Holanda
Por eso se intenta que ese segundo paso sea también legal y que pueda  ampliarse.  Los datos que acabamos de ofrecer del año pasado en Bélgica, han sido dados a conocer justo cuando el Parlamento belga está en plena discusión sobre el tema. Se trata de ampliar la eutanasia a los menores y a las personas que sufren enfermedades mentales degenerativas, como el Alzheimer, que no tiene por qué  ser “insoportablemente dolorosos”,  ni siquiera ser doloroso. No se trata de aplicar cuidados paliativos, sino… de “ahorrar”.

Ya entran, sutilmente, otros considerados: vidas que no merece la pena ser vividas, gastos cuantiosos que se podrían ahorrar (para ahorrar camas en el hospital y dinero al estado )y las decisiones de terceros y no del propio paciente.  No se trata pues de suicidio asistido, sino decisiones claramente en su contra. No solamente se producen sedaciones, sino incluso retirada de alimento líquido por sonda a pacientes jóvenes o recién nacidos con graves discapacidades.

“Es estremecedor y aleccionador el leer el Informe del Dr. Richard Fenigson sobre la Eutanasia en Holanda. He tenido muchos pacientes holandeses, en su mayor parte ancianos, con enfermedades crónicas, incurables, que venían a España en busca de climas benévolos y médicos que aliviasen sus males. Sus quejas, que este informe me ha recordado, iban siempre acompañadas de frases que yo me resistía a creer:"Tenemos miedo. Hemos venido a vivir a España porque en nuestro país duraríamos muy poco tiempo...Somos inútiles...Allá somos un estorbo...Tememos a nuestra propia familia..."

Parece terrible, pero no es el colmo  de la deshumanización.  Hay dos aspectos muy preocupantes, con  los que quiero terminar:

1)                 Que lejos de denunciar estos y otros muchos hechos abusivos, conocidos  en Holanda, Estados Unidos, Inglaterra y otros países, se están haciendo campañas para la aprobación de las leyes  que despenalicen la eutanasia.
2)                 Que esas “muertes dignas” se están vendiendo como espectáculo en las televisiones, y narradas en directo de esta forma: “está perdiendo la conciencia. Dentro de poco va a dejar de respirar y luego se detendrá su corazón”.

Si no se defiende el derecho a la vida de todo ser humano desde el principio y en período fetal, hasta se puede encontrar natural y lógico que se acorte antes del final, ¿o no?  En estado embrionario o después, con cierta edad, se trata, como dice la iniciativa Europea, de: “uno de nosotros”, no de un trasto desechable.