LA CULTURA, ARMA DE FUTURO. CRISTÓBAL VILLALOBOS


ARMA DE FUTURO
Hace tiempo que, supongo como respuesta ante tanta crisis y malestar público, escucho muy habitualmente, sea en las versiones tanto de Serrat como de Paco Ibañez, la musicalización del poema de Gabriel Celaya La poesía es un arma cargada de futuro como un canto de esperanza y futuro ante la incertidumbre que nos acecha. "Cuando ya nada se espera personalmente exaltante…", comienza el poema, que es todo un grito de reivindicación del papel que la poesía, lo podemos aplicar a todas las artes, debe tener en una sociedad libre. El citado poema fue en su día todo un manifiesto de la llamada "poesía social", un movimiento poético capitaneado por Celaya, Blas de Otero y José Hierro que constituía una reacción ante el controlado panorama cultural franquista y que exigía un compromiso social y político a intelectuales y artistas con el fin de perseguir el logro de una sociedad más justa.


Con la democracia esta corriente poética fue sustituida por otras y los poetas, tristemente olvidados en su mayoría. Se creía haber pasado esa época en la que el arte tenía que enfrentarse al poder político. Pero no era así. Hoy leo un artículo del crítico y profesor Morales Lomas sobre la figura de Gabriel Celaya y compruebo como no soy el único que, en estos tiempos, vuelve la mirada a aquellos poetas: el año pasado más de sesenta escritores andaluces firmaron el Manifiesto de Antequera, en el que se pretendía dar una respuesta intelectual a los desafíos de la sociedad contemporánea defendiendo la dimensión utópica de la cultura como forma de preservar la sociedad del bienestar, en la que la cultura y la educación son derechos inalienables de los ciudadanos.

Por edad he sido una víctima más de la LOGSE, lo que quiere decir que mi cultura posee unas lagunas importantísimas y es, en buena medida, autodidacta. En la actualidad, ya como profesor, veo cómo se va arrinconado, cada vez más, la enseñanza de las humanidades, tanto en la educación secundaria como en la propia universidad, pues existe la creencia generalizada en nuestra sociedad de que los estudios deben ir encaminados a favorecer la inserción laboral y la posterior productividad. Sin embargo, obviamos la misión fundamental de la educación, que es la de formar ciudadanos, y para lo que la transmisión de la cultura y el aprecio a las artes es algo fundamental. La poesía, la cultura, es el arma con la que debemos afrontar el futuro.

MÁLAGA HOY