APROBADO GENERAL. JOSÉ AGUILAR

APROBADO GENERAL

El claustro de profesores de un instituto de Bormujos se ha rebelado contra la Delegación de Educación de la Junta por haber graduado a un alumno que suspendió cinco asignaturas. Han leído bien: cinco asignaturas suspendidas y el título bajo el brazo. Lo que ocurrió es que los padres del joven aunque insuficientemente preparado reclamaron a la autoridad educativa y ésta le "aprobó" dos de las materias cateadas, concluyendo que las otras tres no le impedirían "una brillante carrera en cualquiera de los objetivos académicos o laborales que se proponga".


No pueden tener más razón los profesores rebelados al quejarse del fariseísmo de la Administración educativa, que no para de proclamar la necesidad de respetar la autoridad y el prestigio de los docentes y a la primera ocasión los ningunea, y los ningunea en lo más esencial: su facultad para evaluar el nivel de conocimientos de su propio alumnado. ¿Acaso está más capacitada una instancia administrativa o política ajena a la enseñanza en un centro escolar concreto que los propios enseñantes que le dan clase a un estudiante, y conviven con él, para saber si debe pasar el curso o debe repetir? Incluso admitiendo el derecho de los padres -que, por cierto, no movieron un dedo para interesarse por qué su criatura había obtenido tan malos resultados en las dos evaluaciones anteriores- a protestar y reclamar, lo lógico era que su reclamación fuera resuelta por otros profesores del instituto o por el propio consejo escolar.

Quizás es excesivo esperar lógica de una autoridad educativa recalentada en su confusa salsa ideológica de igualitarismo a la baja, sobreprotección del alumno, intervencionismo y despotismo iletrado. Su mensaje a la sociedad es doblemente demoledor: a los profesores se les dice que su opinión es una más, que puede ser desautorizada en aquel ámbito en que debía ser la única a tener en cuenta, y a los estudiantes se les dice que da igual que se esfuercen o que holgazaneen, se apliquen o pierdan el tiempo, se tomen en serio o derrochen los medios que el sistema les proporciona para su progreso y formación. A fin de cuentas ya vendrán los Papás que protesten y Mamá Junta que los apruebe.

Puesto que el -mal- ejemplo cunde y ya ha habido otros casos en distintos colegios, convengamos en que se están poniendo las bases para que el fracaso escolar se reduzca. Por orden de la Junta.