GENERACIÓN MIEDOSA. JOSÉ L. MALO


GENERACIÓN MIEDOSA

Grosso modo, los que nacimos próximos a finales del anterior siglo disfrutamos de una adolescencia casi perfecta. Facilidades de acceso al sistema educativo; trabajo bien remunerado; la posibilidad de vivir en buenas casas o pisos; una paga; lo más parecido al hambre que tuvimos lo confundíamos con la pueril impaciencia de querer la comida en cuanto subíamos a casa de jugar al fútbol; cine barato; tecnologías que llegaban a nuestro cuarto con la misma celeridad con que adquiríamos la siguiente versión; quiero unas Nike, ahí las tienes... Ahora que todo eso se esfuma, tenemos miedo a lo que viene. Porque no sabemos qué viene.


Ya no nos suenan a chino esas historias de nuestros padres en que se repartían una pastilla de chocolate o un trozo de pan entre seis hermanos. Nos vamos resignando a un nuevo panorama, el problema es la metamorfosis, el miedo al cambio y al cómo. Frustra y asusta a partes iguales. Y como quedarse cruzado de brazos es como sentarse en la vía del tren, habrá que adelantarse al cambio.

Toca cambiar el chip. Los trabajos tradicionales dejarán de ser clásicos de manual. El funcionariado ya no será el edén de antes ni un coto seguro. El periodista ahora tiene que ser 2.0. El mayor debe aprender a leer en ebook y saber usar el smartphone. Ley de vida. Pero, sobre todo, desde aquí invito a no tener miedo al autoempleo. Es la corriente que viene, ya no sólo una forma de sobrevivir en la transición al nuevo modelo económico, sino la mutación heredada de la maldita reforma laboral. En 50 años habrá más autónomos que jubilados, así que hay que explotar la opción autodidacta. Asesórense, buceen por internet, no teman impulsar y ejecutar sus propias innovaciones. Hay un mundo nuevo a la vuelta de la esquina. La autogestión no es sólo tener una idea de restauración, venta o servicios. Es una sensacional oportunidad para descubrirse y potenciar nuestra creatividad, canjearla por el pan nuestro de cada día. Y si hay algo bueno del paro es que al menos te permite estudiar de manera reposada y reflexionar acerca de las posibilidades que uno puede explotar. A los que aún conservamos nuestro trabajo apenas nos da tiempo a sentarnos media hora en una silla huyendo de las urgencias y los problemas de la oficina. Habrá que dejar de preguntarles a nuestros hijos qué quieren ser mayor. Cuando nos vean buscándonos la vida de mil maneras entenderán que ya no es cuestión de elegir, sino de tener o no. Será un magnífico aprendizaje para ellos. Salvo en privilegiados casos, la necesidad sustituirá a la vocación.
FUENTE: MÁLAGA HOY