DIVIDE Y SERÁS VENCIDO. JOSÉ AGUILAR


DIVIDE Y SERÁS VENCIDO
Al margen de las razones de unos y otros, un proceso independentista como el abierto solemnemente por el Parlamento de Cataluña, con su aureola de epopeya, ha de partir de una premisa ineludible: el pueblo que se supone oprimido y presto a todos los sacrificios que va a implicar su liberación ha de movilizarse, unido, compacto, masivo y firme, en pro del ideal.

La intentona de Mas y Junqueras, sobre todo Junqueras, incumple flagrantemente el requisito. La declaración soberanista (que es un desafío, sí, pero a la gramática: empieza planteándose como objetivo "mejorar el progreso") ha sido aprobada por diputados que, entre todos, no representan ni al 40% del censo electoral catalán. Sí, esos parlamentarios satisfechos que se aplauden a sí mismos suponen una mayoría amplia del Parlament, pero están lejos de hablar en nombre de la mayoría social de su comunidad.


Con esta fuerza autosobrevalorada, tan lejana a los independentismos que han salido triunfantes de su lucha, han de hacer frente al rechazo de un Estado democrático -no una potencia colonial, precisamente- que, aunque en horas bajas, se encuentra entre los más prósperos del mundo, a la enemiga radical de los dos partidos mayoritarios (PP y PSOE), a la oposición de sus principales empresarios -me refiero a los de Cataluña-, al ninguneo de la Unión Europea a la que habrán de pedir su integración partiendo de cero y a la inhibición de la comunidad internacional, que no quiere saber nada de estas operaciones de secesión.

En el ámbito de la política interna catalana tampoco el balance es más exitoso. Un proceso que, como digo, exigiría sumar para ser más fuerte y poderoso lo que ha producido es más fracturas y divisiones. Se ha escindido la clase política catalana, se ha partido una formación tan fundamental como el Partido de los Socialistas de Cataluña y se ha quebrado la unidad del propio partido de Mas con los democristianos de Duran Lleida, aunque hayan votado lo mismo.

Se podría dar una situación paradójica: que en un hipotético referéndum -previo debate con todas las cartas encima de la mesa- los ciudadanos catalanes votaran menos a favor de independizarse de España que los españoles a favor de que se independizaran. Mayormente, por hartazgo.

En fin, Artur Mas se ha convencido de que está haciendo Historia y no se da cuenta de que lo que está haciendo es el ridículo.

FUENTE: MÁLAGA HOY