¡QUÉ ASCO! ANDREA FERNÁNDEZ TROYA


¡QUÉ ASCO!   
        
¡Qué asco! Caso Matesa: Se descubre que la empresa Matesa tenía una deuda de 10 000 millones de pesetas con un banco público. Esta empresa había adquirido la patente de un tipo de telar francés, había enviado 1500 telares…la cosa es que solo había vendido 120. Para poder cobrar los créditos de exportación que le había cedido el banco, falsificó una serie de documentos.

Polígono Campo de Gibraltar: Nuevamente en época de la Dictadura, cuando Franco cerró el acceso a Gibraltar, media Cádiz se quedó en paro;  para solucionarlo se planificó construir un polígono industrial en el Campo de Gibraltar, y digo que se planificó, porque se quedó la cosa en planes, ya que lo único que se construyó fue una refinería.


Caso Gürtel: Parece ser que el señor Francisco Correa y tres hombres de confianza suyos se habían montado en entramado de negocios con objeto de rapiñar un poquillo de la administración pública (ayuntamiento y demás)

Podría seguir…y sería infinito…pero mejor paro. La cosa es simple, nosotros vemos estos casos por la tele, decimos que los políticos son todos unos ladrones que hacen lo que quieren…pero, ¿hay alguien honrado? Seamos sinceros con nosotros mismos, porque si hay algo que hace de España una nación es la poca vergüenza. Sí, catalanes, andaluces, valencianos, gallegos, vascos… ¡no se libra ni uno! ¡Todos con una cara que se la van pisando! Y digo yo, ¿cómo pretendemos que nuestros políticos sean honrados?

¡Los políticos también son españoles! En este país hay dos cosas que tenemos grabadas desde la edad media. La primera: no dar palo. La segunda: si no me pillan es legal. Y eso es lo que somos, un país lleno de sinvergüenzas, ignorantes,  y sobretodo, que es lo peor, flojos, vemos las cosas mal, cada vez peor y no hacemos nada y lo que hacemos ¡no vale para nada!

Este país necesita un cambio, peor no económico ni social, ¡necesita un cambio de mentalidad! Pero eso es como encender fuego con nieve.

No me juzguen, solo recuerden esa gran frase de que una persona que ama algo en lo profundo, se permite hablar amargamente de ello.