EL GENIO DE LA LÁMPARA. JESÚS GARCÍA GÉMAR

EL GENIO DE LA LAMPARA
Me dijo que cuando se frota la lámpara no siempre sale el genio bueno. De ante mano nadie puede saberlo y cuando está fuera ya es demasiado tarde. Luego me contó la historia de un hombre que se encontró con una lámpara maravillosa, no es un cuento, ni un mito, es una historia con nombre y apellido y que se puede leer en los libros, aunque no se haga referencia al genio, ni a la lámpara.




Thomas Midgley era un ingeniero de Ohio, no es casualidad. Deteneos en la palabra ingeniero. Proviene de "in" que significa "dentro" en inglés, y de "genio". Haciendo un juego de palabras, Thomas era un ingeniero porque tenía un genio dentro, dentro de una lámpara. En 1921 Thomas trabajaba en la General Motors Research Corporation en Dayton (Ohio) y descubrió que el plomo tetraetílico reducía el fenómeno de trepidación conocido como golpeteo del motor, un gran problema para los vehículos de la época. Sólo había que incorporar el plomo tetraetílico al combustible de los motores. Se conocía que el plomo era neurotóxico, daña el sistema nervioso central de forma irreversible, no os voy a contar los síntomas, pero por eso hoy día la gasolina es sin plomo.

Un descubrimiento tan brillante para la época solo podía ser obra de un genio, quizás del genio de la lámpara que tenía Thomas. En 1923 General Motors, Du Pont y Standard Oil crearon una empresa conjunta, Ethyl Gasoline Corporation, con el fin de producir tanto plomo tetraetílico, que ellos llamaron etilo, como el mundo estuviese dispuesto a comprar, y el mundo estuvo dispuesto a comprar muchísimo. Se silenciaron las noticias sobre el envenenamiento de los trabajadores de producción, incluso Thomas estuvo enfermo por exposición a él. Pensad por un momento en cuál sería el primer deseo que le pediríais a un genio de la lámpara. ¿Cuál sería el primer deseo de Thomas?

Si conocéis la historia del genio de la lámpara sabréis que concede más de un deseo. Thomas pidió su segundo deseo. En aquella época existía otro problema que un ingeniero cualificado podía resolver.

Los refrigeradores eran muy peligrosos porque utilizaban gases tóxicos que se filtraban al exterior, de hecho en 1929 una filtración de un refrigerador en un hospital en Cleveland (Ohio) provocó la muerte de más de cien personas. Thomas se propuso crear un gas que fuese estable, no inflamable, no corrosivo y que se pudiese respirar sin problema, puestos a pedir, si lo que tienes es un genio de la lámpara, no tienes que limitarte con inventos sencillos, e inventó los clorofluorocarbonos (CFC). A los CFC se les encontraron mil aplicaciones antes de que se comprobase, medio siglo después, que estaban destruyendo el ozono de la estratosfera. ¿Cuál sería el segundo deseo de Thomas?

Todavía pudo pedir su tercer deseo. Seguro que lo tenía reservado para algo muy especial, el último deseo no se puede gastar en una banalidad. Desgraciadamente Thomas había quedado paralítico por la polio, enfermedad que hasta los años 50 afectaba a millones de personas en todo el mundo, así que inventó un artilugio que incluía una serie de poleas motorizadas que le levantaban y le giraban de forma automática en la cama. En 1944 se quedó enredado en los cordones cuando la máquina se puso en marcha y murió estrangulado. ¿Cuál sería el tercer deseo de Thomas?

Moraleja: mejor no frotar la lámpara, si eres de Ohio menos.

2 comentarios:

Quechu dijo...

Parece que el artículo no está, pero con un poco de "ingenio" se puede leer.

COLABORADORES dijo...

arreglado