LA ESPAÑA DEL “MAL TIRO TE PEGUEN”. CARLOS COLÓN


LA ESPAÑA DEL “MAL TIRO TE PEGUEN”
Que un gamberro ponga en un instituto una foto del ministro Wert con dos tiros en la cabeza es una broma de pésimo gusto sobre la que cabe pensar que quien lo ha hecho no desea que se asesine al ministro, sino que más bien se trata de alguien corto de luces y sobrado de mala baba que se ha dejado sugestionar por algunos discursos incendiarios y contaminar por estrategias propagandísticas propias de la guerrilla urbana pro etarra o de algunos grupos antisistema.


La cosa no pasaría de ser una anécdota penosa si no se hubiera producido la desdichada intervención de la delegada municipal de Educación, también jefa de estudios del centro, al aludir a la libertad de expresión para justificar el hecho, considerar normal que los profesores coloquen imágenes reivindicativas en sus despachos o en la sala de profesores y dejar caer que no está claro que se trate de incitación a la violencia porque "la interpretación es libre". Ni en Arco se lleva la libertad de interpretación hasta este extremo. En este país, por desgracia, tenemos una larga experiencia sobre dianas humanas pegadas en las paredes.

La anécdota, inflada por la desafortunada intervención de la delegada y el mes que se ha tardado en retirar la fotografía, debería hacernos reflexionar sobre los excesos verbales que se están prodigando en estos tiempos. Tanto en el Parlamento como en las declaraciones de los políticos, tanto en los artículos de prensa como en las tertulias, tanto en algunas manifestaciones como en la entrega de los Goya (en la que hay que felicitarse por el ejercicio crítico de la libertad de expresión, pero deplorar que únicamente se ejercite cuando gobierna el PP y que lo haga de una forma tan elemental un colectivo del que cabría esperar un uso más inteligente del humor y más fino de la ironía).

En una reciente entrevista publicada en El País Muñoz Molina ha dicho: "Hay una cosa en la que he pensado mucho (…): la diferencia entre el extremismo de la élite y la gente común. Lo he estudiado respecto a la Guerra Civil. Cómo el extremismo político está limitado a una élite muy concreta que se aprovecha de situaciones sociales dolorosas y que crea una dinámica propia que acaba arrastrando a la sociedad entera. (…) La irresponsabilidad de las élites las pagan los pueblos enteros". Este país necesita más Muñoz Molina y menos energúmenos. No dejen de leer su nuevo libro: Todo lo que era sólido.

FUENTE. MÁLAGA HOY