UTOPÍA. EDITORIAL MARZO 2013. Nº LII


DIMITIR NO ES UN NOMBRE RUSO

En la actualidad más de 300 políticos españoles están imputados por presuntos delitos de corrupción de diversa índole, delitos muchos de ellos que no llegan a juzgarse o en muchos casos con sentencias que se eternizan y que quedan en nada, mientras miles de millones de dinero público acaban en manos de unos pocos para su sarao particular. Y nadie dimite. Mercasevilla, la Gürtel, Malaya, el Palau de la Música, Pokémon, Nóos, Palma Arena, EREs de la Junta de Andalucía, Campeón, Pallerols, Bárcenas, Mercurio, Oriol Puyol, Bankia… 


Son casos de corrupción producidos en nuestro  país en los últimos tiempos, a los que tendríamos que añadir otros anteriores que algunos ya parecen haber olvidado: Matesa, Rumasa, Filesa, Cesid,  Ibercop, Sarasola, Tibidabo, Petromocho, Naseiro, Villalonga, Gescartera y un larguísimo etcétera. Muchos de los implicados en estos diversos casos de corrupción pasaron de la pública a la privada y en ningún caso han devuelto el dinero robado ni mucho menos pisado la cárcel.  ¿Cuántos han acabado en la cárcel? Muy poquitos ¿Cuántos han dimitido? Menos aún. Y cuando alguien dimite es alabado por sus compañeros de partido por su honestidad.

Y mientras la sociedad que acepta dinero en B, que emite y paga facturas sin IVA o miente para conseguir un colegio para sus hijos se escandaliza y se echa las manos a la cabeza. Tenemos lo que somos. Y mientras no se produzca una regeneración moral de la sociedad española, aquí nadie va a dimitir, acusarán al otro con el consabido recurso del “y tú más”. “Alguien que pudiendo engañar no lo hace, eso son los principios”. La cita es del escritor Lorenzo Silva y viene al caso ante la necesidad urgente de un cambio moral, político, social, cultural de este país. Y entre tanto, como leía en algunos correos que corren por la web “dimitir nos seguirá pareciendo un nombre ruso”