EL DERECHO A DECIDIR. EDUARDO JORDÁ

EL DERECHO A DECIDIR
¿Hay algún punto de unión entre la conducta del extesorero del PP que guardaba 22 millones de euros en una cuenta secreta en Suiza con la del gracioso Iñaki Urdangarín que se reía de todos nosotros? ¿Y hay algún punto de unión entre estas conductas y la declaración de soberanía del Parlament de Catalunya y los políticos que la han promovido? Pues sí, lo hay, y se trata de la asombrosa irresponsabilidad que demuestran todos los protagonistas de estos hechos. Porque tanto el extesorero del PP como Urdangarín, lo mismo que Artur Mas y Oriol Junqueras (junto con la izquierda hare-krisha de Joan Herrera y la izquierda caótica de la CUT), han actuado de una forma tan egoísta y tan vergonzosa que demuestra que les importa un pimiento todo lo que nos pase a los demás. 


Ya sé que los partidarios de la soberanía catalana se revisten de ideales y de motivos románticos y patrióticos, y en algunos casos son personas decentes que actúan con gran honestidad. Sí, de acuerdo, pero la propuesta en sí misma, en este momento de crisis y desmoralización y ruina económica, es una carga explosiva que sólo puede entorpecer la recuperación económica y la reconstrucción moral de una sociedad maltrecha. Y esa carga es tan peligrosa como la codicia desvergonzada de Bárcenas y de Urdangarín, o de los directivos de las cajas de ahorros que se concedieron jubilaciones gigantescas antes de que sus cajas fuesen intervenidas por el Estado con el dinero de todos.

Que una cierta izquierda esté defendiendo la independencia de Cataluña es un hecho asombroso que en cualquier país europeo resultaría inconcebible, aunque en nuestro país no hay ningún hecho asombroso que la realidad no se encargue cada día de demostrar como posible. ¿Podemos imaginar a la izquierda italiana aliada con la pequeña burguesía histérica de la Liga Norte al grito de "¡Nápoles nos roba!"? No, eso sería imposible, pero en Cataluña hay una izquierda dispuesta a saltarse todos los mandamientos de la solidaridad territorial al grito de "¡Espanya ens roba!". Ése es el mismo grito que agita al pequeño burgués bávaro que se opone a las ayudas a los países del sur de Europa, pero ningún dirigente de la izquierda catalana de Iniciativa o de la CUT „o de los sectores más nacionalistas del PSC„ parece haberse dado cuenta. Y además, no se puede gritar a favor de Europa „es decir, a favor de un proyecto común cuya meta es fundir todas las identidades y todas las fronteras en una misma identidad europea„ al mismo tiempo que se grita a favor de instaurar una nueva identidad nacional e imponer unas nuevas fronteras. Ahí hay una contradicción insalvable que alguien debería explicar. El proyecto catalanista, desde Cambó a Macià, fue siempre europeo, pero el proyecto soberanista de Mas y Junqueras va contra la idea misma de Europa.

Ya sé que mucha gente no quiere oír hablar de esto, porque su fe nacionalista es tan sólo una mínima variante de la fe religiosa, así que en estos temas no admite ni la más mínima herejía o tibieza o contradicción. Y que conste que lo mismo digo de la fe incuestionable en España. Pero los que no profesamos ninguna fe tenemos el derecho de señalar las contradicciones o las mentiras de quienes se hacen pasar por los representantes de la fe verdadera. Y una de las contradicciones de esta nueva fe es que la apuesta por una Cataluña independiente no viene dictada por un imperioso sentimiento nacional, sino que es la atropellada huida hacia delante de una clase política corrupta que quiere hacer olvidar como sea sus fracasos y quizá también sus delitos. Y para seguir repartiéndose los beneficios, a esta clase política le interesa engañar a la ciudadanía con la promesa de que dejará de vivir en un país pobre, triste y desgraciado „como decía Espriu en un poema célebre„ sólo por el hecho de que ese país se declare independiente. Y el engaño prosigue cuando se hace creer que un simple decreto administrativo obrará el milagro de convertir a los parados y los desahuciados en gente "neta i noble, culta, rica, lliure" (y sigo citando el Assaig de càntic en el temple).

Siento incordiar a los felices creyentes en esta clase de fe, pero las cosas no son así. Es normal que el rentista o el pequeño empresario „el botiguer de toda la vida„ sueñe con la independencia catalana. Pero por favor, que la izquierda deje de hacer el ridículo defendiendo los intereses de los rentistas.

MÁLAGA HOY