DEBER DE ESTUDIAR. FRANCISCO GONZÁLEZ GARCÍA


DEBER DE ESTUDIAR

La noticia de la actuación de la Delegación Provincial de Educación en Sevilla aprobando dos asignaturas a un alumno y concediéndole la graduación en Educación Secundaria en contra de los criterios de los docentes no me sorprende ni lo más mínimo. Lo sorprendente es que se publique aunque aparezca en páginas interiores. E intentaré explicarme.

Desde que en este país es imposible que las fuerzas políticas se pongan de acuerdo sobre el sistema educativo y utilizan sus mayorías para intentar arrimar el ascua ideológica a sus resultados educativos, no se puede esperar otra cosa. Desde que el profesorado tiene que cumplir cientos de órdenes, decretos y normativas miles, además de rellenar partes, hojas de evaluación y cuantas tareas burocráticas se le vienen ocurriendo a la Administración, resulta que a esta misma Administración le es muy fácil encontrar cualquier resquicio burocrático-legal para aceptar las reclamaciones de los padres de los alumnos.


No se puede negar que haya casos de negligencia, mala fe o simplemente errores del profesorado; pero lo habitual, lo más común, y estoy harto de conocerlo de primera mano, es que el delegado político de turno (en el caso de Andalucía siempre del mismo turno) o su mano de inspección correspondiente convierta los suspensos en promociones automáticas. La consigna es simple: hay que disminuir la tasa de suspensos, hay que contentar a los padres, hay que desacreditar al profesorado que es un funcionario y que para eso le pago yo aunque luego me llene la boca defendiendo a la función pública. He conocido casos de materias aprobadas por delegación con exámenes de septiembre entregados en blanco, justificadas con los razonamientos más peregrinos y con el consiguiente estupor del profesorado. Y es que los profesores ya están hartos de estos abusos y en ocasiones prefieren aprobar aunque los niveles sean mínimos en particular si estiman que los padres no están por la labor de exigirles más trabajo a sus vástagos. El profesorado está harto de que les toreen, así de rotundo tengo que opinar.

Hay otras razones por las que la noticia no me es extraña. En este país ha coincidido la cultura del pelotazo, el dinero fácil y sin esfuerzo, el que tonto el que estudie si saliendo en Gran Hermano hasta me puedo forrar y todo ello sazonado con reformas educativas que se han empeñado en que pedir trabajo en el aula es antediluviano, que lo suyo es la pedagogía del juego, de la motivación y del profe colega. Todo ello ya tiene casi 25 años de historia y los niños de aquellas aulas, algunos ya hasta son padres. El profesorado de educación infantil, una etapa donde no suele haber denuncias por suspensos reconvertidos, está empezando a tener algunos problemas en sus aulas. Hay menores que son los reyes de la casa, pero no como ustedes lo piensan, sino que no conocen control alguno y que actúan como tiranos absolutos debido no al egoísmo propio de la edad sino porque sus padres no estiman oportuno ponerles límite alguno. Para educar ya está el colegio se dicen y sus tareas son otras. Llegada la secundaria pedir que les aprueben a sus hijitos no debe parecerles nada extraño. Lo escribía Patricia Álvarez López en estas páginas hace muy poco (Si suspendes todo, te compro una moto).

Y aún más, y también la conozco de primera mano, tanto que yo mismo tengo que firmar desde hace varios años los informes obligatorios, prescriptivos y que no sirven para nada. El estudiante universitario que pide la "compensatoria" pues tras cumplir las obligaciones legales, que en muchos casos son presentarse y dejar cuatro exámenes en blanco, pide su título aún sin haber aprobado una materia. Sólo una, ciertamente. No imagino a un médico sin haber aprobado la Anatomía, a un abogado sin conocer Procesal o Penal, a un Ingeniero en blanco en Estructuras. ¿Qué piensan ustedes?

En mi bien amada universidad se expiden títulos con materias compensadas aún en contra del informe prescriptivo del Departamento pertinente, informe que razona cuando no procede la compensatoria, informe que es papel mojado pues lo que impera es el derecho del alumno, el derecho a aprobar. Yo siempre había creído que el estudiante universitario tenía el deber de estudiar, en particular en unos estudios no obligatorios y que conducen a una titulación superior que tiene un elevado coste para las arcas públicas. Pero ya hace tiempo que las mentes progresivamente pensantes de nuestro sistema educativo han ido transmitiendo la idea, por cierto muy bien aceptada entre cierto sector del alumnado, de que estudiar no es un deber de los estudiantes sino un derecho. Un derecho que ellos aplican a su libre arbitrio; ellos o la Delegación de turno o la reforma que toque con cada mayoría política adecuada o sus queridísimos padres. Mientras tanto los profesores siguen emitiendo informes que van directamente a la papelera o a otros lugares menos confortables y más húmedos. La noticia de Sevilla es noticiable por aparecer, no por novedosa.
FUENTE: MÁLAGA HOY