LA COFRADÍA DE LOS MANGANTES. TEODORO LEÓN GROSS


LA COFRADÍA DE LOS MANGANTES
Para procesión, la Real, Indecorosísima y Deslustradísima Archicofradía de los Mangantes de los Eres y los Indignísimos Señores de las Comisiones Irregulares. Su desfile por el juzgado de Alaya desde el tinglado a la prisión ya luce en todo su esplendor, entre los hermanos mayores de la Junta, mayordomos sindicalistas, comisionistas con la vela de encomendarse a Dios y al diablo, los estandartes de las aseguradoras, chóferes portadores y otros golfos de capirote. Al frente, cargando la cruz guía, va Guerrero –sus padrinos son Viera, Caballos, Fernández, históricos de la hermandad socialista– cuya dirección de Empleo fue el cabildo del saqueo sistemático de los fondos destinados al paro andaluz, millón y medio de ciudadanos que ahora asisten al espectáculo de verles desfilar por el recorrido oficial de los juzgados a explicar ese sistema que permitió repartir 647 millones sin controles elementales como detectó la Intervención. 


Solo la responsabilidad de implantar un sistema así ya debió bastar para tumbar al Gobierno andaluz, pero en cambio remontaron las encuestas hasta conservar el poder presentándose impúdicamente como víctimas de ‘cuatro golfos’, y ahora esa procesión de carnet monocolor desfila ante los ojos a saber si atónitos o hastiados hasta la indiferencia de una ciudadanía que ha terminado por desentenderse de los tronos de la corrupción que atraviesan la vida pública.

Al toque de campana de la juez Alaya avanza la Cofradía de los Mangantes –ese es su nombre popular- con el palio de la venalidad meciéndose entre el gentío. Esta jueza hermética, con su rostro de porcelana intocable entre la ciénaga,  ejerce de mayordoma de la procesión a golpe de autos de prisión levantando un retablo de la miseria. Alaya ha revitalizado el caso de los Eres, que amenazaba convertirse en Eras, en pretérito, después de meses de inoperancia. Ahora la marcha progresa al ritmo de una partitura llena de comisiones, intermediarios, putas, cocaína, cifras mareantes, derramas, intrusos y billetes bajo el colchón. Es el viacrucis de la corrupción. Pero esa ciudadanía que hace meses dio votos suficientes al Gobierno andaluz para mantenerse en el machito de San Telmo probablemente no va a escandalizarse ahora. Hay ya antecedentes sobrados para saber que la corrupción no pasa factura en este país. Y probablemente la gente está más pendiente de la meteorología que de la ética. En la burbuja sentimental de la Semana Santa, esta es la única procesión que no interesa a casi nadie, así que la Real, Indecorosísima y Deslustradísima Archicofradía de los Mangantes de los Eres e Indignísimos Señores de las Comisiones Irregulares hace su desfile procesional por el juzgado de Alaya entre esa indiferencia incorregible de la sociedad que al final ha preferido mirar para otro lado permitiendo todo esto.

FUENTE: DIARIO SUR