SÓLO LE CALLÓ EL CÁNCER. JORGE RODRÍGUEZ


SÓLO LE CALLÓ EL CÁNCER
No ha sido el primer caudillo que muere en ejercicio del poder supremo de una nación, aunque a pocos les ha llegado este deceso en los últimos tiempos a pesar de haberse presentado en muchos otros países, como se sabe bien en España. Desde luego, en Iberoamérica se han dado muchos casos de fallecimientos de caudillos, principalmente de algunos que estaban en busca del poder y no ejerciéndolo, pero que pasaron a mejor vida por causas ajenas a las normales o naturales. La muerte de Chávez es mas bien un raro caso de un mandatario que, atravesando sus mejores años de vida, a pesar de estar en la mira de muchos enemigos y contradictores de dentro y fuera de su país y de haber escapado a serios intentos para eliminarle, según él y sus amigos lo afirmaran, no escapa a los designios de esa silenciosa parca que, agazapada en la misma mente de sus presas, trabaja como detonador de esa terrible enfermedad llamada cáncer.


Alguien decía que los caudillos, para ser verdaderamente tales, tienen que vivir pocos años porque nadie puede ser longevo batallando todos los días y a cada instante contra tantos egos malquerientes tratando de evitar la pérdida o el menoscabo de sus intereses ancestrales o emergentes, habidos de cualquier manera, buena o mala, pero en todo caso la razón fundamental de sus vidas. Ese caudillaje llevó a Chávez a enfrentarse al establecimiento dominante por décadas en Venezuela, del cual también formaba parte y muy importante, como soporte esencial del sistema, el llamado por él mismo "imperialismo yanqui", reconocido tutor indiscutible de la generalidad de las naciones hemisféricas. A él se enfrentó con desenfado y altanería nunca vistas antes y logró socavarle buena parte de su predominio en la región con su discurso y estrategia del ALBA con la que sedujo y alineó a los gobiernos de Argentina, Uruguay, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, en una prima fase, y Perú, en una segunda, y desde luego al Caribe empezando por Cuba. Pero su visión iba más allá de las fronteras continentales de América y no vaciló en respaldar enemigos muy temidos en Washington como Irán y la Libia de Gadafi, por razones políticas y comerciales y más por éstas que por aquéllas, con Rusia y China. Una verdadera rebelión contra el tradicional monitor político y económico de Venezuela aun cuando en la realidad de los negocios relacionados con el principal factor de su economía, el petróleo, prevaleció siempre el pragmatismo y la búsqueda de buenos precios e ingresos que precisamente le reconocía su odiado Tio Sam.

Desde luego, donde más se sintió su influencia y la fuerza de sus ideas revolucionarias enmarcadas en su eslogan Socialismo del Siglo XXI fue dentro de su país, porque allí actuó radicalmente en todos los órdenes: político, social, económico, judicial y militar. No dejó nada intacto ni sin tocar en la Constitución ni en las instituciones, con efectos ciertamente muy diversos y dispares. En efecto, lo fueron y han sido muy positivos en aspectos sociales como la educación, la salud y la vivienda, cuya cobertura extendió como nunca se había hecho antes para beneficiar a las capas de menos ingresos y más pobres.

Pero también han sido muy negativos especialmente en lo económico por su intervención desmedida en las actividades productivas y comerciales privadas que por ello colapsaron o buscaron otras naciones para establecerse, afectando el abastecimiento de bienes y servicios esenciales para la población como alimentos y los servicios de agua y energía. En definitiva, ganaron los pobres y los muy pobres, perdieron los trabajadores formales del sector privado y la clase media, en tanto que los grandes empresarios y los más ricos simplemente vendieron sus negocios, sacaron su plata, empacaron maletas y se fueron del país.

Como gran caudillo ganó todas las elecciones que realizó desde la primera en que participó y con la cual fue elegido presidente, hasta la última realizada apenas a finales del año pasado que lo reeligió una vez más, cuando ya estaba prácticamente muerto. Ahora lo lloran los millones de venezolanos a quienes ayudó y rescató de la desesperanza; también lo lloran los millones de simpatizantes que tenía en Iberoamérica y en el mundo. Nunca la región tuvo un personaje tan conocido, admirado y sin duda controvertido en el planeta. Pero su muerte no la lloran, sino la festejan, y con júbilo, millones de venezolanos afectados por su proyecto político y sus decisiones administrativas, tanto en Venezuela como en Colombia, Centro y Norteamérica a donde emigraron muchos de ellos con su capital y su tremendo odio al caudillo.

Lo que sigue en Venezuela no es fácil para el llamado chavismo ni tampoco para la oposición, como no lo es para los países vecinos como Colombia ni los vinculados económicamente a su riqueza. La lucha de Maduro, portador del mandato continuista; la de Diosdado Cabello y los altos mandos militares por el poder y los privilegios económicos lícitos o ilícitos, es de pronóstico reservado. ¿Volverán las dictaduras militares de otros tiempos? Venezuela tiene una larga historia y tradición militarista. ¿Se sostendrá o abortará el Socialismo del Siglo XXI? ¿Surgirá otro caudillo en la región que se haga cargo del proyecto o se le dejará marchitar si los Estados Unidos de Obama la miran con más afecto? Es temprano para aventurar opiniones. Nadie lo sabe y los problemas domésticos de cada país no parecen dejar mucho espacio ni recursos para patrocinar veleidades externas. Lo que si se puede afirmar es que Venezuela no será la misma de antes y que no habrá mucha paz en la tumba de Chávez, así la deseemos quienes apreciamos la maravilla evolutiva de la vida y reconozcamos sus majestuosas transformaciones, incluida una de sus fases más respetables, como es la muerte. Que esta paz mitigue el dolor de su familia y del pueblo que lo aclamó y sea para bien de Venezuela así como de Iberoamérica.

4 comentarios:

Paco Frutos dijo...

Vaya basura. Esto lo puede escribir la derecha neoliberal que se disfraza de "progre".

Paco Frutos dijo...

Vaya basura. Esto lo puede escribir la derecha neoliberal que se disfraza de "progre".

Anónimo dijo...

De donde habrá salido el energúmeno que ha escrito esto. En los diferentes estercoleros del mundo existe basura de muchos tipos y el que ha escrito este artículo, es del peor tipo. Alomejor hasta se autodenomina de "izquierda". Haberlos los hay.

Anónimo dijo...

Hay mucho descconocimiento sobre Venezuela.por eso queríamos en utopía que aparecieran artículos como este.Jesús martín ostios