ESTRATEGIAS METODOLOGÍA INCLUSIVA. MIGUEL LÓPEZ MELERO


ESTRATEGIAS METODOLOGÍA INCLUSIVA

Educar a todo el alumnado sin distinción es la finalidad primera de la escuela pública. Es decir, enseñar a pensar y enseñar a convivir. Sin embargo, todavía hay escuelas donde gran número de niños y niñas, y jóvenes, no tienen la oportunidad de adquirir ni de compartir la cultura. Se les ha robado el derecho a aprender y a convivir. Por ello, la primera estrategia es devolverles a todas las niñas y niños su derecho a aprender y a convivir. Afirmar que todo el alumnado es competente para aprender requiere un cambio de mentalidad del profesorado respecto a las competencias cognitivas y culturales del alumnado. Este giro en su pensamiento conlleva una reconceptualización de lo que entendemos por inteligencia y por diagnóstico.


Estos dos conceptos si no se conjugan adecuadamente pueden originar mucha discriminación (ya lo hemos visto en artículos anteriores). Pero para ello el profesorado ha de estar convencido de que cuando busca la estrategia más adecuada para que todo el alumnado aprenda el primer beneficiado es él, por eso aprender mientras enseñamos se convierte en la segunda estrategia docente. En una escuela inclusiva, justa y democrática el papel del docente no puede ser el de mero transmisor de unos conocimientos pasados que ha de aprender de memoria el alumnado, sino que debe enseñar a construir el conocimiento que aún no existe. Es decir, el corpus de conocimientos no está dado sino que tienen que construirlo profesorado y alumnado cooperativamente. En este sentido las funciones del docente, del discente y del currículum cambian de una escuela inclusiva a otra que no lo sea. Y en concreto el docente en el sistema tradicional desempeñaba tres funciones: ejercer como catalizador o transmisor del material de aprendizaje, evaluar el progreso y los logros de los estudiantes y actuar como modelo de persona culta y de una formación completa.

En el sistema moderno su papel es muy distinto: primero debe saber trabajar en aulas muy heterogéneas (etnia, género, hándicap, religión, procedencia, plurilingüísmo, …), por tanto, ya no puede pensar en un individuo ‘medio’, sino en la heterogeneidad de niños y niñas, y, además, tiene que aprender otros sistemas de enseñanza para darle respuesta a la complejidad del contexto del aula. Ya no sólo vale la explicación verbal y al unísono, sino otros métodos de trabajo más participativos: el método de proyectos, seminarios, talleres, grupos de trabajo, etc., donde el conocimiento se va a construir de manera cooperativa. Todo esto hace que el trabajo del docente sea más creativo y original, pero también más exigente al convertir sus clases en verdaderas comunidades de convivencia y aprendizaje.ç

Cuando hablamos de convertir las aulas en comunidades de aprendizaje queremos decir que hemos de transformar nuestra clase para que todas las niñas y niños tengan las mismas oportunidades de participar en la construcción del conocimiento basado en el aprendizaje dialógico. En el aprendizaje dialógico el mundo de significados depende de la calidad de las interacciones que se produzcan en el aula. En estas clases el aprendizaje se construye a partir del análisis de situaciones reales vividas por el alumnado, situaciones conocidas por los niños y las niñas donde los conceptos e ideas fundamentales a aprender son para lograr estrategias que les permita resolver esas situaciones problemáticas. Lo más importante en este modo de aprender es que el alumnado se va responsabilizando de su modo de aprender y es capaz de autorregular el mismo (“aprender a aprender” y “aprender cómo aprender”. Metacognición), en donde el conversar y el intercambiar puntos de vista, y la actividad compartida son los pilares del proceso de enseñanza y aprendizaje. Este aprendizaje dialógico va a convertirse en la tercera estrategia para lograr la educación inclusiva. Este modo de construcción del conocimiento de manera social a través del diálogo y la conversación no es una actividad solitaria sino cooperativa.

En este sentido el aprendizaje cooperativo va a ser la cuarta estrategia para la inclusión. Entendemos por aprendizaje cooperativo una manera de construir el conocimiento (cultura del aula) trabajando juntos a través de la formación de grupos heterogéneos cuyos componentes son interdependientes y comparten una serie de cosas, tales como: un espacio y unos objetivos comunes, unos materiales de aprendizaje y unos cargos que implican cierto grado de responsabilidad y unas normas de entendimiento donde se reflexiona conjuntamente sobre una tarea común. Para que se hable de trabajo cooperativo en una clase los niños y las niñas tienen que cambiar su imaginario de que aprender es ‘hacer deberes solos’, tienen que comprender que van a la escuela a construir el conocimiento de manera social y, por tanto, hay que desarrollar el currículum de otra manera y no siguiendo los temas de los libros y haciendo deberes de los mismos. El profesorado debe ir haciendo consciente al alumnado que están aprendiendo a construir ese gran proyecto común que es la convivencia democrática en su clase.

El propósito fundamental de la escuela inclusiva es profundizar en la vida democrática en el centro; es decir, en conjuntar esfuerzos para lograr la libertad y la equidad educativas, procurando para ello que el colegio sea cada vez más un entorno humanizado y culto. Desde el Proyecto Roma los profesionales que venimos trabajando para que sea una realidad la inclusión en nuestras escuelas, además de tener en cuenta los principios de los derechos humanos, consideramos que, acaso, lo que ocurra sea que no se conozcan suficientemente algunas teorías educativas, y que si se conociesen y se aplicasen correctamente algunos niños y niñas podrían mejorar sus aprendizajes (socioconstructuvismo). Precisamente eso es lo que nosotros hacemos, porque estamos convencidos que la educación de calidad no consiste en ofrecer sólo el derecho a la educación, sino en ofrecerles una educación donde todas y todos tengan cabida.

De ahí que nuestra labor docente sea una labor eminentemente ética donde nuestras acciones repercuten de una manera u otra en su destino. Esta preocupación de cómo nuestras acciones repercuten sobre otras personas se convierte en nuestro compromiso ético y no  debemos hacer algo que repercuta negativamente sobre otros. De aquí surge la quinta estrategia que es tomar conciencia de que la educación inclusiva es un compromiso con la acción y no sólo un discurso teórico. En fin, debemos saber que la escuela inclusiva es un proyecto moral al vivir comprometidos y preocupados por las desigualdades e injusticias sociales y culturales. Por eso es de justicia social el trabajar por proyectos de investigación en las escuelas. De eso me encargaré de hablar en el próximo artículo.

(*) Miguel López Melero. Catedrático de Didáctica y Organización Escolar en l Universidad de Málaga

NOTA) Este artículo se publicó en la revista ESCUELA, Nº 3968 (17/01/2013 )